8.7.14

Un lienzo: "La siesta"





La siesta (La migdiada). Ramón Martí Alsina, 1884.  Óleo sobre lienzo. 60 x 70cm. Museo Nacional de Arte de Cataluña (MNAC), Barcelona.



No siempre, considero,  una obra pictórica ha de ser de nuestras favoritas para que nos produzca determinadas sensaciones o pensamientos, o dé para escribir unos párrafos. Tal es el caso de este pequeño lienzo del catalán Martí Alsina (1826-1894), pintor español inscrito en el realismo con tintes impresionistas de influencia francesa implantado en la segunda mitad del XIX (época predilecta para mí, en general,  todo el siglo).

La siesta, sin ser de las obras más afectas como decía, siempre me ha gustado desde que la viera en ya no me acuerdo qué enciclopedia o manual hace mucho tiempo. La escena en sí, es simple, banal, nada academicista , en la línea de su inspirador Courbet pero sin llegar a la sordidez de éste (baste contemplar una de sus famosas obras, transgresora en su tiempo y que puede escandalizar aún hoy.)

Con las hábiles y rápidas pinceladas de  Ramón  Martí, aquí sólo tenemos lo que parece un burgués de posición ciertamente acomodada disfrutando de esa costumbre tan española (y por ende, hispanoamericana) también presente en algunos países mediterráneos y asiáticos: la siesta. Se deduce lo de "burgués" pues, verdaderamente,   es harto dudoso -aunque no imposible- que un campesino, un obrero o un minero de la época pudieran echarse un rato tan holgadamente, y en caso afirmativo, a todas luces no sería en un sillón como el del cuadro, pues, aunque algo antiguo, parece bastante confortable. Y lo de  "posición acomodada" porque, aunque la penumbra invada la estancia y apenas se distinga algo parecido a un mueble, podemos contemplar  su atuendo, para nada humildes a la par que habituales en ciertos segmentos de la sociedad de su tiempo; blusa impoluta, pajarita, chaleco (con cadenita de reloj incluida), ajustados pantalones negros y unas finas pantuflas, casi unas babuchas,  para estar por casa.

La relajación del barbado aunque cuidado hombre es evidente: inclinada la cabeza sobre el lado derecho,  con la mitad del rostro descansando sobre el respaldo, reposadas las extremidades superiores en sendos brazos del sillón, cruzada ligeramente una pierna sobre otra, el sueño del burgués parece levemente profundo a la par que placentero. Tal vez de trate de un importante comercial, un propietario,  un funcionario o tal vez un intelectual (en el suelo aparece tirado algo similar a un periódico o un libro), incluso un político,  o tal vez sea sólo un desocupado con cuantiosas o medianas rentas tan habitual en la época, quienes empleaban buena parte de su tiempo en las tertulias de los casinos de ciudades y pueblos. Es fácil percibir que, sea quien sea, este individuo probablemente acaba de comer y, tras hojear el periódico y saboreado un café o un licor, ha dejado caer la cabeza sobre  el rayado sillón. El realismo del artista catalán es magistral, pues prácticamente nos hace contemplar la escena en silencio y sin movernos, como si estuviéramos realmente con él y no quisiéramos despertar su sueño.

Pero lo que me parece más importante, lo que quería decir, es que, pese a los 130 años transcurridos, la moda, la sociedad, la realidad y algunas costumbres son distintas, pero esta pequeña pintura transmite esa sensación de lo que sigue siendo una leve siesta (de las "de sillón" o como mucho 20 minutos en la cama) hoy día, con esa modorra, esa somnolencia que nos invade después de comer en cualquier época del año, aunque preferentemente con tiempo cálido. Esa cabezada en cualquier sitio entre las horas de trabajo, estudio u ocupación, o en vacaciones, tan reconstituyente. Unas veces más profunda que otras (como ciertos casos en los que parece despertemos en un universo paralelo), en muchas ocasiones ligera y expuesta a sobresaltos y despertares, a ratos sólo se trata de dejarse llevar y cerrar únicamente los ojos. Si casi me parece notar en la duermevela del burgués la típica boca pastosa y la cabeza embotada tras la siesta...


3 comentarios:

  1. Buen análisis de esta obra que, para mi deshonra, no conocía. Aunque el arte no se me da mal, reconozco que hay períodos que tengo un poco descuidados, así que gracias por ilustrarme a la vez que hacerme disfrutar con la lectura ^^*.

    Tienes razón en eso de que, en sí misma, la obra puede no tener el impacto que sí tienen otras pinturas de autores más famosos, pero creo que es cierto eso de que tiene un "no sé qué" que hace que te quedes mirándola un rato. Me ha parecido ver que en la pintura no hay un dibujo predefinido, es decir, que no parece que se haya hecho un boceto a lápiz y luego pintado por encima, sino que el hombre ha sido creado a partir de pinceladas, una detrás de otra, un poco al estilo de Renoir. Personalmente, me he enamorado de esa llamativa butaca donde el caballero sestea plácidamente. Hasta las borlas están pintadas con un realismo increíble!

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    1. ¡Gracias Laura, como siempre! :).

      Sí, aciertas plenamente, es increíble como con rápidas pinceladas de estilo impresionista el pintor lo recrea todo tan vivamente, y sí, ya te digo, el sillón tiene pinta de viejo pero es bonito y parece confortable, jeje.

      Un beso.

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  2. El burgues en cuestión es efectivamente un desocupado que vivía de las rentas, de apellido Nicolau.
    Además era mecenas y amigo de juergas en Paris del artista.

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