27.5.14

Vidas perrunas

La pelota cruza el aire y aterriza sobre la tierra sucia salpicada de hierba, apenas botando un par de veces. Algo parecido a una liebre, una exhalación blanca disparada como un rayo, atrapa la esfera de goma.

Pero no es una liebre o un conejo, aunque lo parezca cuando corre. Cierto animal semejante a un can muerde y retuerce unos segundos la pelota, gruñendo de felicidad, y vuelve rauda a tu sitio, dejándotela interesadamente, o el palo, o una piña,  apremiando con un seco ladrido por si no te has sentido aludido. No queda otra que lanzarle lo que sea de nuevo a lo lejos.



 Renata en su hábitat natural.


Renata,  siete años, es blanca, blanquísima, con unas pocas motas irregulares de marrón canela, sobre todo en la cabeza.  Tan lechosa que en un primer momento la llamamos Nata, pero poco después tuvimos a bien añadirle un Re-  en pos de  algo más original, y desde luego, más castizo.  También es defectuosamente alargada y sinuosa, desde el morro hasta la cola. Mezcla curiosa de ratonero valenciano, Jack Russell terrier y algún elemento más inclasificable, vino al mundo en algún lugar del valle de Albaida, y de no ser porque nos la regalaron, ahora llevaría una existencia silvestre entre naranjos y acequias, llena de bichos y con la experiencia de varias camadas.
De mirada lánguida, tristona, sin embargo es alegre y activa. Su comportamiento y carácter denotan su raza, pese a su mestizaje, pues es fibrosa, atlética, incansable, y  como perro cazador (de roedores,  en su caso) posee un finísimo olfato y un afán de búsqueda hasta el final. No duda en zambullirse en marañas de matorrales si la pelota o el palo han caído ahí. Y como los ratoneros, que además de rastreadores son guardianes, ladra en demasía.

De la pureza de sangre de su "hermana" , que la observa a poca distancia esperando su turno, no hay duda. Pues Vilma, de  tres años, es yorkshire terrier, de padre y madre yorkie y más allá, suponemos.  Quizá por ello es más altiva,  celosa y posesiva que Renata. De denso y sedoso pelaje en varios tonos, dominando un marrón peluche y el gris,  y que precisa cuidadosos cepillados y constantes lavados, es algo más pequeña que aquella y también más tranquila y sedentaria. No obstante, es un perro de cojín, como la llamamos con sorna y cariño en casa. Como buen yorkshire, también tiene predisposición al ladrido, y , además, suele ser arisca con los demás perros y con la gente; básicamente prefiere sólo nuestra compañía. Uno de sus lugares predilectos en la calle es en un banco, a tu lado, ligeramente apoyada en ti, observando el panorama mientras husmea el aire. De su aparente altivez con los demás canes no hay nada aparte del ladrido inicial, pues pronto se achanta y busca tu cobijo, así como cuando escucha cualquier ruido estridente, aunque curiosamente lleva bastante mejor que Renata la tortura de los petardos; digo curiosamente porque Vilma es almeriense. 

  
Vilma con su cara de ewok tomando el sol.  



Este par de elementos son mis dos perrillas. Mis niñas, como digo a veces en un alarde de afectividad con algo de locura.  Tal para cual las dos, se toleran, se quieren, se odian y nos traen de cabeza a todos. En verdad  se complementan, y cuando una ataca a la otra, luego se perdonan y es la otra quien hace el bien a la una.  Por ejemplo, la mayor le suele quitar la cama y a veces la comida a la menor, pero luego le consigue la pelota de los lugares más difíciles y se la cede gustosa; Renata es por lo general más generosa, cálida y noble, y  Vilma más flamenca, acaparadora y egoísta. Aunque cuidado como oses molestar a la primera cuando está comiendo o descansando, o te llevarás una tarascada en forma de diente. Por otra parte, la segunda necesita siempre estar cerca tuya. Tales son las vidas felices de estos dos animales, sin más preocupaciones que comer, dormir, hacer sus necesidades, tomar el sol, pasear,  jugar y, por encima de todo, darte cariño, lealtad y amor, como sólo puede dártelo un perro, a su cánido modo.

Ya he escrito más de una vez sobre el perro, su circunstancia, su valor  y todo lo que aporta al género humano, para bien y para mal, y todo aquel que tenga perro/s o haya tenido, sabe perfectamente a lo que me refiero. 
 Renata Vilma son ya parte de mi vida, y lo seguirán siendo cuando ya no estén, como mi primera perrilla, la insustituible  Nisa. Al igual que ella, las otras dos se irán al cielo de los perros algún día y su recuerdo pervivirá por siempre.

El otro día cierto columnista escribió que pocas decisiones son más absurdas que comprar o adoptar a un perro, en el sentido de que, salvo accidente o enfermedad fatal, le sobrevivirás  y vas a verle morir, prácticamente entre tus brazos. Así, ¿es rentable emocionalmente? ¿compensa ese momento de extremo dolor en relación con los años de felicidad, cariño y compañía que te ha dado?

Mentiría si dijera que no compensa, pese a los malos tragos que he pasado y que pasaré. Insisto con lo de que quien nunca haya tenido perro no me entenderá, así como los que tienen o tuvieron sí. Pues, ¿cómo explicar esa sensación de cariño cuando acercan su hociquillo a tu cara, o a tu pecho, y te dan cálidos lametazos? ¿Esa compañía silenciosa, cuando saben perfectamente que estás enfadado o defraudado con algo o alguien, y se colocan a tu lado, sin molestar? ¿Cómo describir esa sensación cuando vuelves a casa después de semanas, de todo el día o incluso sólo de unas horas, y te reciben con mil carantoñas, excitadas y  llenas de felicidad? ¿O la alegría que les da saber que te estás cambiando y preparándote para irte a jugar con ellas al parque, cuando te escuchan abrir el armario? ¿Y las risas cuando, apenas has intercambiado una palabra con tu madre, ya saben que, maldición para ellas, vas a darle un baño y se esconden o lo intentan? ¿Ese optimismo que te transmiten, subiéndote el ánimo, cuando te das un paseo con ellas, y las ves felices abriendo naranjas, pero sobre todo felices contigo? ¿Ese momento de "qué bruja" cuando, regalonas, muestran la barriga para que se la acaricies?  ¿La tranquilidad cuando se posan encima tuya, e incluso se recuestan, con toda su pachorra, y sientes los latidos de su corazón? ¿O cuando se ponen a observarte silenciosamente, ya sea esperando su comida o su paseo? ¿Esa conexión tan fina, sutil, con sólo una palabra, un silbido e incluso un gesto?
















 
Siesta veraniega.





                                                     Ese hocico...


 Ciertamente, no entiendo cómo un perro puede ser tan noble, fiel, inteligente, cariñoso  y especial (es difícil de entender que tenga esas cualidades tan positivas, y no porque sea un mamífero emparentado con el lobo),  como tampoco comprendo que exista quien abandona, maltrata, tortura o mata a este bellísimo y extraordinario animal tan humanista.  A esas personas (por llamarlos de algún modo) les deseo la peor de las desgracias, con toda la acritud del mundo.

Un perro, ya sea macho o hembra, grande, mediano, pequeño o diminuto, con pedigrí, de pura raza o  mestizo/callejero/cortijero (para mí, los mejores),  es algo único. Y te hacen sentir único, verdaderamente. Siendo un tópico lo de su compañía preferible a la de la mayoría de humanos, es totalmente cierto. Sí, no siempre hay ganas de sacarlas, a veces son muy pesadas y causan más de un quebranto por comerse cosas del suelo o su  actitud con otros perros o con niños, pero la balanza está muy descompensada a su favor. 
Por todo ello, me reafirmo en lo de la rentabilidad emocional  y digo  "sí" a tener perros. Sé que su pérdida será un duro golpe irreparable, un desgarramiento más que momentáneo,  pero el bien que te hacen en el corazón compensa todo, aunque suene egoísta e interesado, pero no lo es.

Decisión absurda, ilógica, tonta. Puede. Pero yo ya no concibo mi vida sin perros.

6.5.14

Nostalgia

Llevo unos días con una nostalgia tremenda, impregnada de ese pesimismo lleno de remordimientos tan habitual en mí. 

Nostalgia por una ciudad, unos momentos y unos ambientes que ya no van a volver.

Nostalgia por el inevitable e implacable paso del tiempo. 

Nostalgia porque hace ya tres años que mi abuela nos dejó, en un triste mayo como éste, y su recuerdo sigue tan vivo como su risa, sus expresiones y sus platos.

Nostalgia porque mi mayor debilidad, la que casi me finiquita hace años, me sigue jodiendo en el presente y no me deja ni construir un futuro ni avanzar hacia él. 

Nostalgia porque soy alguien tremendamente autodestructivo. 

Nostalgia por ese pasado al que me gustaría volver para proceder mejor de lo que lo hice.  

Nostalgia porque pude serlo todo y no soy nada. 

Nostalgia porque, con sólo 28 años, ya estoy cansado de algunas cosas. 

Sólo eso, nostalgia. Y algo más.

9.4.14

Quince horas en Zaragoza.



 Actualmente, con la proliferación de las frías y rápidas autovías y autopistas y el desarrollo de la alta velocidad por ferrocarril, ya sólo van quedando, si exceptuamos las pequeñas carreteras,  los trenes de cercanías y regionales, más lentos que el Ave y otros, como uno de los últimos medios de transporte que proyectan un viaje algo pausado y cercano, permitiendo captar ciertos matices y sentir más la tierra que cuando se circula a 190 kilómetros por hora en coche.

Así, como "Azoríngustaba en sus viajes y relatos hace cien años, se puede tomar un tren (regional, insisto) y recorrer tierras, valles y ríos, viendo pasar uno a uno los pueblos y ciudades de España.
Y eso hice el domingo, subirme en Valencia al ferrocarril de Zaragoza. Bordeando el mar,  pronto se llega a Sagunto, casus belli de la Segunda Guerra Púnica, hoy día una desaliñada población a los pies de su considerable castillo  construido desde la Edad Antigua, y el tren tuerce y enfila el valle del río Palancia. 

La cuenca del Palancia, ya en la provincia de Castellón y entre la sierra Calderona y la de Espadán (siempre que veo o leo sobre estas montañas me acuerdo de cierto profesor de la carrera que insistía en la revuelta morisca de Espadán de 1526 como una de las guerras más cruentas del siglo XVI) es un fértil y verde valle salpicado de pueblos con cierto encanto, como Segorbe, Jérica o Navajas; poblaciones típicamente levantinas, de casas blancas y ligeramente marrones, con estilizados campanarios genuinamente valencianos que destacan airosos entre el villorrio. 

Es la provincia castellonense una de las más montañosas de España, y el tren se introduce con cuidado por entre los cañones y tajos trazados para la vía, pasando la pared rocosa  a escasos metros de la ventana. Con todo, las aguas del Palancia han hecho de este valle desde tiempos remotos un espacio fecundo y pleno de vegetación, tanto a ras de suelo, con naranjos, mandarinos, perales,  cerezos, nísperos y olivos aquí y allá, por todos lados,  así como pinos, muchos pinos,  y encinas en las montañas. Si el tren fuera a menor velocidad y se pudieran abrir las ventanas como antaño, el vagón se inundaría de aroma a azahar, tomillo, romero y piña. Se percibe el agua corriendo en acequias y balsas y la verdura y alegría de la vida vegetal y animal se planta delante de los ojos como pocas veces.

Tal feracidad, y una vez dejado atrás Barracas (último pueblo de Castellón en la frontera) contrasta con la sobriedad del paisaje turolense. Enseguida se da uno cuenta que el agradable clima mediterráneo ha quedado atrás y se está entrando en la dureza del zócalo ibérico. La provincia de Teruel es, en su mayor parte, una sucesión de páramos desolados, llanuras altas y montañas escarpadas. Los inviernos son duros y largos aquí (hasta de ocho meses en ciertos lugares) y la tierra concede poco cuartel.  Aunque hay ríos, poco se saca de ella aparte de cereal, pastoreo  y , ya en su interior, carbón. El aire frío es perfecto para el curtido de jamones. 

Es éste un tren con habitualmente pocos pasajeros y por tanto de escaso ajetreo para mi padre. Unas cuantas estaciones aparecen desiertas e incluso cerradas a cal y canto, acentuando la desolación. Como en un reflejo de la España cruel, tanto la del campo como la de la ciudad, un galgo abandonado, en otro tiempo hermoso, muestra triste sus costillas en su deambular por el andén. El nudo en mi estómago es inevitable.

Pero el tren sigue su marcha. Hace mucho tiempo las máquinas abandonaron las románticas chimeneas con su humo blanquecino, pero sigue habiendo algo de bello en un tren abriéndose camino por entre las dificultades de la tierra. Vamos llegando a villas como Mora de Rubielos o Sarrión, y luego a la injustamente olvidada Teruel. Tanto la capital como la provincia y en general Aragón, forman parte de esa España alejada de los focos turísticos y poco conocida, cuando cuenta con maravillas medievales como Albarracín, la misma Mora de Rubielos, Alcañiz  o Daroca, un patrimonio considerable y un paisaje natural altamente valioso. 

Con todo, resulta innegable que es un entorno difícil y no muestra sus encantos a primera vista. La tierra es ocre, gris y  marrón, los matojos, mustios y apagados, están desprovistos de ese verde mediterráneo y del toque floral, y las casas, de ladrillo y adobe, presentan en muchos casos el mismo color que el terreno circundante. Apenas si destacan las hermosas iglesias mudéjares típicas de esta parte de Aragón.

Pocas veces ha tenido uno la certeza de que está en ninguna parte, en el sentido de estar en  comarcas remotas y alejadas de las rutas principales y caminos importantes. Si estarán de apartadas que no hay pintadas ni graffitis en muros, puentes o casas, hecho significativo. 

Los recodos de la vía traen sorpresas, como la vista de Navarrete del Río, una aldea cerca de Calamocha que parece sacada de un cuadro de Regoyos o de una novela sobre el caciquismo. Apenas un camino asfaltado de entrada (nada de las modernas y malditas rotondas) rodeado de árboles, unas casas apiñadas entre pequeños campos de cultivo y arremolinadas en torno a una iglesia igual de marrón que los alrededores, y tenemos una postal de esa España vieja, antigua, y rural,  con sus claroscuros.  Por supuesto, esa España negra, ese país de Los santos inocentes, Jarrapellejos  o El crimen de Cuenca que en ciertos aspectos no hemos dejado de ser. 

Contemplando Navarrete, con sus modestas  casas y su aparente letargo e inmovilidad, se me vino a la cabeza la imagen del pueblo donde  no pasa nada, pero sí, en efecto. La tranquilidad de estos lugares esconde más de un drama. Como dijo uno de mis escritores recurrentes:

"Sí pasa algo en los pueblos de España. Sí hay muchos dolores; sí hay tragedias. (...) La imagen que acude  a mi espíritu -dolorosamente- es la de un pedazo de jardín, allá en provincias, en el que entre vicioso y abandonado follaje, se yerguen, inmutables, unos negros cipreses, y por cuyos caminos y viales pasan unas figuras enlutadas que se recortan al resplandor pálido del crepúsculo vespertino.  (José Martínez Ruiz, "Azorín", Los pueblos, 1917)


 El tren sigue adentrándose por tierras ya  zaragozanas. Aragón es una enorme región, en contrapartida bastante despoblada. En su mayor parte el paisaje lo conforman extensas llanuras y mesetas, amarillas y ocres hasta perderse la vista, apenas salpicadas por una, dos, tres casas; uno, dos, graneros; un árbol, dos, cuatro.  Las montañas aparecen bien cubiertas de pinos y castaños, de vez en cuando serpentea un río ribeteado de álamos y  el viento no parece dar mucha tregua. Las poblaciones están muy localizadas y no son abundantes ni especialmente grandes.  Ciertamente cuesta reconocer en las viejas,  nobles y olvidadas tierras aragonesas algo de su glorioso pasado, algo que identifique a Aragón con ese gran reino peninsular crucial en la formación de España. 

Una vez acercándose a  las comarcas del Ebro, el paisaje va tornando en un verde estepa más primaveral, con amplias praderas de hierba bordeadas por montañas erosionadas que parecen hechas de cartón. Es el preludio de Zaragoza. 

La gran ciudad aparece de repente, como un enorme rebaño de reses bebiendo en el río. Se distingue la capital aragonesa de otras grandes capitales españolas como Valencia, Sevilla o Bilbao e incluso de otras más pequeñas como Murcia o Granada por la ausencia de un área metropolitana extensa.  En Zaragoza, más allá de los inevitables polígonos industriales y de unas cuantas poblaciones pequeñas, no hay nada. 

Zaragoza, la sedetana Salduie, la romana Caesaraugusta, la musulmana Saraqusta, Corte en lejanos siglos,  cabeza del reino de Aragón y muy dañada en la guerra de la Independencia, es una populosa ciudad de 700.000 habitantes, con hechuras de gran capital regional, provinciana  y cosmopolita a la vez. Apenas la recordaba tras el fugaz paso en el viaje de estudios del colegio, y me sorprendió gratamente, pues, sin ser monumental,  la vi estilosa, amplia y con brío, con un ambiente que en pocas ciudades he contemplado un domingo por la tarde. 

Por otra parte, se percibe el salto cuantitativo y cualitativo que se ha querido dar en los últimos 15 años para no perder el tren de ciudades rivales como Valencia y Sevilla, en el sentido de modernizar la urbe, magnificarla e incrementar la atracción turística y el desarrollo, con aciertos y errores, como atestiguan ciertos despojos arquitectónicos. La ciudad como sede de la Expo 2008 supuso una gran noticia que cambió la cara de la misma, pero que de momento no ha resultado tan rentable como se pensó en su día. 

Pero volvamos al centro de Zaragoza. Tampoco recordaba la magnitud y el esplendor barroco de la Basílica del Pilar, la cual, con sus once cúpulas y cuatro torres empequeñece sobremanera a la vecina catedral (Seo), humilde y discreta al otro lado de la plaza. Recorrida detenidamente la Basílica,  pueden contemplarse tanto los hermosos frescos de Goya, como los tesoros de la iglesia desde hace siglos, los impresionantes retablos, las altas bóvedas  o las escenas de devoción católica con una mueca de repugna por mi parte: el incesante besuqueo, de un fragmento del famoso pilar de la Virgen propiamente dicho a través de un óculo, por gente venida de todas partes. Sin comentarios. 

De nuevo al aire libre, la plaza del Pilar abruma por su considerable extensión y su gentío. Debo ser, de tan clásico,  rancio, pero para mí es imposible,  al contemplar la explanada,  el conjunto de edificios y el ambiente,  no acordarse de la heroica resistencia de Zaragoza en la guerra contra el francés, de Agustina de Aragón (quien, por cierto, curiosamente no era zaragozana, ni siquiera aragonesa, sino de Barcelona), y de evocar mentalmente la conocida jota:

                 "La Virgen del Pilar dice

                  que no quiere ser francesa

                  que quiere ser capitana

                  de la tropa aragonesa".  


 El Ebro está a solo un palmo de la plaza. De ancho cauce y poderosísima corriente, al verlo inmenso se da uno perfectamente cuenta de por qué a los griegos ya les pareció importante  para denominar "Iberia" a los territorios circundantes. La fuerza de las aguas de color crema acaso impresiona más por haber uno nacido y vivido en tierras de ramblas y cañadas, donde el agua de los ríos (no) brilla por su ausencia.
 Desde el Puente de Piedra, la enorme Basílica, con sus torres tapando el sol,  se asemeja a un enorme navío varado, resistiéndose a ser arrastrado por las corrientes del viejo Hiber.   

Ya en el casco histórico se percibe en sus calles  el trazado de la ciudad romana con su cardo y su decumano, tanto por ciertas calles rectas y largas como otras que siguen la antigua muralla,  los restos de la misma al aire libre o el teatro.  Con todo, los edificios predominantes en la zona vieja son de bien avanzado el siglo XIX. 
 
 El sol de abril va decayendo y se acerca la hora de la pitanza. La zona de bares y restaurantes está llena ya a  una hora temprana, y qué menos que disfrutar de un bocadillo de calamares bravos (invención zaragozana) acompañado de la recomendable cerveza local, "Ámbar". La noche se presenta tranquila y reposada. Parece verano a orillas del Ebro.


A la mañana siguiente, temprano, Zaragoza nos despide, igual de bulliciosa, igual de populosa y activa, igual de gran capital provinciana en su soledad del valle. La visita ha sido breve y me queda pendiente, entre otros lugares, el palacio de la Aljafería.  Entre el humo aquí y allá de las industrias y la suave calima del sol matutino, se distinguen las estructuras de la Expo y las cuatro torres del Pilar. Atrás se queda Zaragoza, semejante a  unos grandes huesos de mamut en medio de la estepa; un majestuoso esqueleto brillante en la lejanía.

23.1.14

Curioso meme de cine.

Estoy en racha de memes, por lo visto.  He encontrado por ahí uno bastante curioso sobre cine, pues se trata de elegir tu película favorita de cada año (según sea su año de estreno, se entiende)  desde el que naciste. Una tarea no siempre fácil, desde luego, no sólo por la cuestión de decidirse por ésta o aquella,  además porque a veces no basta con la memoria y se ha de recurrir a webs de cine para datar las películas y  ver una buena lista de las mismas en tal o cual año.

Intentaré ceñirme al "juego" y elegir sólo una, aunque conociéndome será inevitable que escriba más de la cuenta. Veamos...


-1985:  Sin dudarlo, REGRESO AL FUTURO. Los Goonies también es de este año, pero siempre me gustó más la de McFly. Además, la recuerdo con más cariño. Menciones especiales para  El jinete pálido, La vaquilla Una habitación con vistas.

-1986: Año de enormes películas este (y para haberlas podido ver en el cine, desde luego).   El nombre de la rosa y  Los inmortales tienen momentazos. El sargento de hierro...pocas veces me he reído tanto con una película, pero  LA MISIÓN, aunque algo lenta, es más redonda, más emotiva y más estimable, aunque sólo sea por Robert de Niro, Jeremy Irons, la música celestial de Ennio Morricone y los maravillosos paisajes selváticos (Casi nada...).

-1987:  Impresionante La chaqueta metálica y nostálgicas  La princesa prometida y El chip prodigioso, pero me quedo con  LOS INTOCABLES DE ELIOT NESS. El poder de atracción de la mafia...

-1988: Cinema Paradiso es buena, pero siempre he considerado modestamente que la banda sonora de Morricone es superior a la película.  Arde Mississippi es fantástica, y Willow me marcó bastante cuando era niño, pero  LAS AMISTADES PELIGROSAS es un peliculón novelesco. 

-1989:  Otro año interesante, con la secuela de Regreso al futuro y grandes películas, bien distintas, como Mi pie izquierdo, Batman, o Nacido el cuatro de julio. Pero también está INDIANA JONES Y LA ÚLTIMA CRUZADA, de la cual ya escribí  en su momento,  así que nada más cabe añadir. 

-1990: Además de Bailando con lobos y de Regreso al futuro III, para mí 1990 es mafia con  Uno de los nuestros  y  la tercera y última película sobre los Corleone. Difícil decisión. Gana por poco EL PADRINO. PARTE III

-1991:  En este año hay terror con El silencio de los corderos, magia Disney con La bella y la bestia y medievo con Robin Hood, príncipe de los ladrones, pero también un exitazo que marcó una época y   ha envejecido admirablemente bien: TERMINATOR 2: EL JUICIO FINAL.

-1992: Buena cosecha ésta. Drácula de Bram Stoker, notable, sin embargo queda por detrás de  Sin perdón, Reservoir Dogs y El último mohicano. Dilema. ¿Por qué me prestaré a estas elecciones? Me quedo con  EL ÚLTIMO MOHICANO  y su romanticismo heroico.

-1993: Pocos años hay con tantas grandes películas como éste. En el nombre del padre y Atrapado por su pasado son excelentes, y pocas me han marcado más que  Jurassic Park. Sin embargo, LA LISTA DE SCHINDLER son palabras mayores. 

-1994:  ¡Vaya cuatro en el noventa y cuatro! Pulp Fiction, Forrest Gump, Cadena perpetua y El rey león. Todas valen su peso en oro Lo lamento por Jules y Vincent, Simba y Forrest, pero a la cárcel con Andy Dufresne y su  CADENA PERPETUA.

-1995: Cuatro grandísimas películas, cada una en su estilo, como son  Rob Roy, Casino, Seven y Toy Story. Cualquiera ganaría.  Pero sería imposible que no eligiera  BRAVEHEART , por razones de sobra conocidas. 

-1996:   Tesis, Sleepers, Los demonios de la noche, El paciente inglés...pero hace unos meses vi  FARGO  y me alteró.

-1997:  LA VIDA ES BELLA, indiscutiblemente. Lo siento por los polis corruptos de  L. A Confidential y por Pacino en Pactar con el diablo. 

-1998: La máscara del zorro  y  Very bad things, buenas. Sin embargo,  que me perdonen "El Nota"  (El gran Lebowski) y Derek (American History X), pero tengo que  SALVAR AL SOLDADO RYAN

-1999: Es el año de Matrix, pero nunca me llegó. Con el paso de los años me he dado cuenta que La amenaza fantasma es bastante floja. Menos me canso de volver a ver  La momia,  Toy Story 2  Sleepy Hollow; Algo pasa con Mary  American Pie son dos mitos de la adolescencia. Por último,  Una historia verdadera es preciosa. Pero mi vena fantástica-medieval me impulsa a decidirme por EL GUERRERO Nº13.  ¡¡Valhalla!!

-2000: Hablar de este año es hacerlo de la superlativa Gladiator, especialmente. Y  de la grande El patriota.  Pero me decido por otra película que tampoco me canso de ver , tronchante y contundente,  y de la que también me sé escenas y diálogos hasta la obsesión:  SNATCH: CERDOS Y DIAMANTES.

-2001: Enemigo a las puertas  tiene su aquel  y  Training Day es hasta adictiva, pero este año estalló, para bien y para mal, la "tolkienmanía" de la mano de Peter Jackson: EL SEÑOR DE LOS ANILLOS: LA COMUNIDAD DEL ANILLO. Magnífico comienzo.

-2002:  Ciudad de Dios me encantó,  Camino a la perdición me fascinó, y  ¿qué decir de El señor de los anillos: las dos torres?. Pero gana  GANGS OF NEW YORK, aunque sólo sea por el extraordinario Bill Cutting de ese actorazo llamado Daniel Day-Lewis.

-2003:  Vaya añito...El señor de los anillos: El retorno del rey, Mystyc River, Kill Bill: Vol.1, Piratas del Caribe: la maldición de la Perla Negra, El último samurái... Sin embargo, debo honrar a una película extraordinaria de mar y guerra algo infravalorada: MASTER AND COMMANDER: AL OTRO LADO DEL MUNDO. 

-2004:  Hay emoción con Clint Eastwood en Million Dollar Baby y  "gore cristiano" con La Pasión de Cristo de Mel Gibson, pero también Tarantino,  siempre inclasificable: KILL BILL: VOL.2  (esa salida de la tumba al ritmo de Morricone...)

-2005:  Otro año realmente difícil. Spielberg volviendo por sus fueros en Munich, Viggo Mortensen como padre no tan ejemplar en  Una historia de violencia, o el renacer de un superhéroe (Batman Begins, para mí la mejor de la trilogía). Me gustó mucho Cinderella Man y Sin City también es adictiva. Luego está El reino de los cielos: una película con una trama débil,  actores reguleros -la espada de Orlando Bloom transmite más que él- y un mensaje histórico y político bastante discutible, pero en pantalla es un espectáculo y no puedo dejar de verla, ésa es la verdad. Pero también me encanta MATCH POINT, superlativa a bastantes niveles. (Y no sólo por Scarlett Johansson, malpensados/as...)

-2006:  Tremendo año. La segunda de Piratas del Caribe, Alatriste,  V de Vendetta, Infiltrados, El ilusionista... Las dos últimas un poco más por encima del resto, y ganaría por poco INFILTRADOS. Nicholson y Scorsese en Boston, vaya combinación...

-2007:   Lo recuerdo muy bien. El miedo como pocas veces en REC,  la mafia rusa de Promesas del Este y la yanqui en American Gangster,  los mayas de  Apocalypto y sobre todo, Leónidas y sus espartanos en  300. Imposible que no eligiera ésta.

-2008:  El caballero oscuro...notable, sí, pero prefiero la primera.  La noche es nuestra tiene muy buen estilo,   pero GRAN TORINO supera a todas. Eterno Clint.

-2009: Malditos bastardos, con sus golpes, aciertos y desaciertos, no me termina de llegar. Watchmen se hace algo larga, El luchador me gustó mucho y  Resacón en Las Vegas es una carcajada continua.  Sin embargo, CELDA 211  es uno de esos raros ejemplos con que el cine patrio nos sorprende -para bien- a veces.  

-2010:  Me encantó Valor de ley y cuando vuelves a ver Shutter Island gusta más,  pero TOY STORY 3  es una jodida obra maestra. Personajes como Lotso, el malvado "osito abracitos", son geniales y no se olvidan fácilmente, así como el final de la película. 

-2011:  No habrá paz para los malvados, Resacón 2, ¡ahora en Tailandia!, Jane Eyre...aunque también está EL ORIGEN DEL PLANETA DE LOS SIMIOS

-2012:  He visto muy pocas películas de 2012; ni las más conocidas,  como Django desencadenado o la tercera de Batman, ni otras más secundarias. Eso sí, ví  EL HOBBIT: UN VIAJE INESPERADO, para mí mejor que su continuación.

-2013: Como el año anterior, no he visto casi ninguna, y una de ellas es la segunda de El Hobbit... Pero GRAVITY   me gustó bastante.

15.1.14

¡¡Test mu-musical!!

  Como suele ser habitual, vuelvo a copiarle a la compañera Lalachan de su fantástica  biblioteca bloguera (a donde os recomiendo que os perdáis, en el buen sentido de la palabra) un MEME, una especie de test, esta vez sobre gustos musicales. Aunque es verdaderamente difícil decidirse por una canción en concreto, la verdad, y las respuestas no siempre son rotundas y lapidarias, pues podría decir cinco respuestas como mínimo de cada pregunta.    La música es otra de mis pasiones, y es increíble como se amoldan a momentos determinados, cómo te recuerdan personas o evocan acontecimientos o épocas concretas, y te animan, te alegran o te entristecen. Ya dije una vez que, aunque me suele tirar el rock y el heavy metal, mis gustos son bastante variopintos y me puede flipar tanto un pasodoble como Rhapsody o una canción italiana.  Allá vamos...

1. Una canción de tu infancia.

Lo siento, pero no puedo evitar no decir la de la intro de He-Man, esa mítica serie de los Masters del Universo que tanto nos marcó a los niños de los 80, volviéndonos locos y pidiendo a nuestros padres muñecos y cacharros. Yo la cantaba, de hecho, con mi espada luminosa en lo alto:  "El universo, ya está protegido/ por el poder de Grayskull/ con secretos poderes de este gran castillo/  He-Man luchará hasta el final/ ¡¡¡¡He-Man!!!!"...



2. Una canción de tu adolescencia.

De la adolescencia tardía, por así decirlo. Diría  "Aquí estaré", de Avalanch. Una canción que me marcó, me trae muy buenos recuerdos y tiene mucho significado. 


3. La mejor canción de la historia.



Tópico tal vez, pero  "Stairway to heaven", de esos dioses excesivos también conocidos como Led Zeppelin, es una verdadera escalera musical y mística  al cielo (la perfección), donde nada falta ni sobra. Empieza suave, tenue, para ir subiendo luego y por último acabar en calma. Pertenece además a esas pocas canciones que suelo poner muy de vez en cuando, para no "desgastarla", no banalizarla, no abusar de ella, no vulgarizarla. 



4. La mejor de tu grupo favorito.


¡Qué preguntas tan complicadas! Mis dos grupos favoritos son Led Zeppelin y Queen, y como ya he puesto una de los primeros para la mejor canción de la historia, vamos con Queen. Podría decir "Bohemian Rhapsody", pero digo "Innuendo", otra canción superior, rotunda e inolvidable, que me emociona tanto por la letra como por ser una de las últimas cantadas por Mercury. 

5. La mejor voz femenina.

Pues este último año he descubierto a Lana del Rey, y la verdad es que su voz, tenue, grave y como melancólica me encanta, así como sus canciones. 




6. La mejor voz masculina.



Sin ninguna duda, LA VOZ es  Freddie Mercury.



7. Una canción prohibida.



Cualquiera de Pablo Alborán.



8. Una canción que siempre te alegre el día.

"Hammer to fall", de Queen. Siempre me anima, me pone de buen humor y me da fuerzas cuando la escucho muchas mañanas (o a cualquier momento del día). 



9. Una canción que te marcó.



Me han marcado varias, pero podría decir "Ancha es Castilla", de los buenos tiempos de Mägo de Oz. Aunque "Ancha es Castilla"  es una expresión histórica,  la canción tiene bastante culpa de que este blog se llame así. Tuve una época que estrofas como "Todos soñamos con ser/ un caballero y tener/ algo por lo que luchar/ y un amor que defender" "Grítale al cielo que no/ quieres ser sólo uno más/ Ancha es Castilla y el sol/ tu caminar guiará" eran lo más de lo más.





10. Una canción que hayas escuchado más de tres veces seguidas.

Han sido varias, pero por ejemplo, "Wisdom of the kings", de Rhapsody. Hubo un tiempo que no me cansaba del doble bombo y de la mezcla entre guitarras, música clásica y letras sobre leyendas y héroes. 


11. Una canción para salir de marcha.



Podéis matarme, pero cualquiera de Pitbull ("Don´t stop the party""Feel this moment", por ejemplo). Sí, no tengo remedio, pero se trata de canciones para salir de marcha, ¿no? Y por lo menos a mí me entonan; no me voy a poner  "Dust in the wind" o alguna del Requiem de Mozart para salir...



12. La que quieres que suene en tu funeral.


Siempre suelo decir, medio en broma medio en serio, "In my time of dying", de Led Zeppelin. Pero supongo que me decidiría por  "Finale", del maestro Ennio Morricone, en la banda sonora de Once upon a time in the west (1968),  spaguetti western de Sergio Leone.



13. Una canción que te recuerde a tu amor.



Puede sonar algo ñoño, pero "Corazón contento", de Palito Ortega, es una de ellas. La canción expresaba muy bien cómo me sentía en esos primeros momentos de aquella relación, ya pasada.





14. Una pieza de música clásica.



Otra pregunta difícil...tras mucho pensarlo e indecidirme, digo "Wir setzen uns mit Tränen nieder" de La Pasión según San Mateo  de  Johann Sebastian Bach. Música celestial...



15. Estilo musical que más te gusta.

El hard rock y el heavy metal, especialmente los de los 70, 80 y principios de los 90. 






16. Estilo musical que no te gusta nada.


 Si digo el reggaetton mentiría como un bellaco  y no sería creíble, ya que, aunque no es ni de lejos mi estilo favorito y tiene muchas canciones infames, me hace gracia escucharlo y cuando salgo de fiesta me gusta, para qué negarlo...así que diré el death metal. 




17. Una canción que te dé miedo.

Miedo no sería la sensación correcta, pero siempre que he escuchado, ya fuera en la película o en el disco, cualquier canción de la banda sonora de La lista de Schindler (John Williams),   me produce desasosiego, con esas voces infantiles,  y me invade un sentimiento de entre pena y terror por el asesinato indiscriminado de judíos inocentes, tanto niños como adultos,  evocándome imágenes en blanco y negro de muerte, humo y ceniza. Es imposible alegrarse con una canción así o hacer algo positivo mientras la escuchas. 






18. Una canción que te haga sonreír.



Ahora mismo, no se me ocurre otra, y por razones obvias, "Te quiero puta" , de Rammstein. Más que sonreír, me río.  Si alguien no la ha escuchado nunca, ¡que vaya ahora mismo a ello!





19. Una canción que te ponga triste.


"Always on my mind",  pero la versión de Elvis Presley. Es una canción preciosa, y me encanta, pero me recuerda a cuando mi madre lo pasó especialmente mal (y lo sigue pasando) por mi culpa.





20. Una canción que te gustaría que te dedicaran.



Que me dedicaran, ¿quién o quiénes?. Quizá "With a little help of my friends", de Joe Cocker.





21. Un cantante o compositor por el que te decantarías.

Con tanto cantante, pasemos a un compositor moderno. Ennio Morricone, sin duda. Su música hace tiempo trascendió de las películas y desde hace mucho tengo el ipod (antes walkman y mp3) plagado de sus obras. 







22. Un grupo que, aunque no es de tu estilo, te gusta.

Rammstein, por ejemplo. 



 Y,  para terminar, una canción de regalo, la que quieras.

"More than a feeling", (Boston), una de las canciones de mi vida.


4.1.14

"El hobbit": La desolación de Tolkien.

Un año después de la primera entrega pude ver hace dos días "El hobbit: la desolación de Smaug"segunda de la nueva trilogía perpetrada (sí, perpetrada)  por Peter Jackson sobre el libro del mismo nombre acerca de la asombrosa aventura de Bilbo Bolsón. Como al poco de ver en el cine "Un viaje inesperado"  hablé aquí sobre ella, ¿por qué no analizar ahora la segunda, ya que está bien reciente? .  Y espero ser más conciso y breve que el año pasado. 

(Es posible que quien no la haya visto aún, no quiera que le sean revelados ciertos aspectos de la película. Por tanto, que no siga leyendo, o, si es de esas personas a quienes ello no le importa, que continúe.) 

Una vez contemplados los eternos 160 minutos de esta segunda película, se confirman  las ideas, las opiniones y las consideraciones tras la primera, e incluso surgen otras nuevas:

-Por lo pronto, se confirma a Peter Jackson como un tipo de lo más grandilocuente y ególatra, interesado en deslumbrar y extenuar visualmente y saturar hasta la náusea, exagerando al máximo (y no sólo en metraje) y, por supuesto, en seguir vendiendo su producto y haciendo caja. Ya dije que lleva camino de ser el nuevo George Lucas (en la parte negativa de éste). Pues sí. Alcanzó la gloria con la trilogía de ESDLA y no hay más que contemplar su filmografía posterior, con King Kong (una buena y disfrutable película, pero en donde ya se le empieza a ir de las manos), The lovely bones (un pastiche grandilocuente y excesivo totalmente vacío de contenido) y ahora esta nueva trilogía. 

- ¿Trilogía? Y no de películas de metraje medio precisamente, no. Trilogía...  ¿Dónde vas, Peter? (o dónde van las productoras).  De un libro de apenas 300 páginas no se puede sacar, es imposible, no hay redaños para tres peliculones de...169 minutos la primera, 160 la segunda...¿cuánto durará la tercera y última? Se irá otra vez a los 170 , supongo, por aquello de ser el broche. Y me gustan las películas largas, pero pocas veces he tenido esa sensación de "joder, ¿aún no acaba?". La falta de ritmo y la saturación de imágenes rápidas y de acción es constante y provoca eso, por lo menos a mí. Innumerables escenas se caracterizan por...un resbalo en un precipicio,  o una llave fundamental y el anillo que casi se caen al abismo, o  unos cuantos "este es el final, hasta aquí hemos llegado", etcNo hay descanso para nada, y lo peor es que la película no tiene pulso y el interés decae unas cuantas veces. Nos encontramos ante una trilogía de cerca de 500 minutos (o más) hecha a partir de un librito de menos de 300 páginas. Dos películas de entre 120 y 140 minutos cada una hubieran sido más que adecuadas.

- Se confirma  también lo de película entendida como videojuego. Si ya en la primera (y en ciertas partes de la trilogía de El señor de los anillos) se tenía la sensación de que se asistía a un logrado videojuego en el que ibas aniquilando a los enemigos aporreando los botones y las pantallas y los niveles se iban sucediendo, en ésta es tanto o más. Las maravillas de la CGI que nos asombraron a todos en La comunidad del anillo, Las dos torres y El retorno del rey ya no sorprenden tanto en estas dos nuevas películas, quizás por saturación y porque suena demasiado a ya visto. Hasta las arrugas de la cara de Gandalf parecen hechas por ordenador.  Un Gandalf quien,  por cierto,  lucha de nuevo  en una especie de puente de Khazad-Dûm. Por no hablar que la multiplicación de orcos y demás alimañas (añadido de Jackson) sirve para el lucimiento de personajes de la primera trilogía  inexistentes en el libro de Tolkien, como Legolas (nuevo añadido del director), y que sus flechazos, sablazos, decapitaciones y brincos entre las cabezas de los enanos llenen bastantes minutos. Esto empaña el buen trabajo en la recreación de ciudades y ambientes y en Smaug. El malvado dragón es realmente espectacular y es una maravilla verlo y sentirlo. 

- El tono. Hasta quien haya leído poco a Tolkien sabe que El Hobbit es un libro más infantil y hasta cierto punto intrascendente si lo comparamos con El señor de los anillos. El británico escribió el primero como un cuento de magos, enanos y dragones para entretener a sus hijos, y con ciertas dosis de heroísmo y epicidad. Pero ni hablar del enfrentamiento casi apocalíptico entre el Bien y el Mal, como sí se vio luego en la obra de El señor de los anillos y como se empieza a ver en esta nueva trilogía de Peter Jackson, donde además el Anillo Único ya es algo maléfico que comienza a corromper a Bilbo. Si en Un viaje inesperado se daba la extraña combinación entre situaciones desenfadadas y  ligeras y escenas gore, en esta segunda película el tono es más oscuro y épico, exageradamente épico; los enanos nunca lucharon contra Smaug dentro de Erebor, por ejemplo (no hay por dónde coger todo eso de las fraguas y la estatua de oro gigante).  No hubiera sido tan difícil mantener un estilo más o menos fiel al libro de Tolkien, y un tono digamos juvenil, risueño,  pero con ciertas y necesarias dosis de adultez, leyenda y épica.

- Se confirma también que Peter Jackson es todo un engordador de historias y tramas. Como le parecen insuficientes menos de 300 páginas para realizar una nueva trilogía que agrande su ego, ha de recurrir, no sólo a la informática, sino además a otras historias escritas por Tolkien para insertarlas o directamente a crear personajes nuevos, como la elfa Tauriel (protagonista de una especie de romance con un enano que haría remover al escritor en su tumba).  Y, desde luego, el incremento del factor orco se debe a él, con incesantes persecuciones e incluso una especie de  "comando orco" entrando por la noche por los tejados de Esgaroth. Por no volver a hablar de los excesivos minutos dedicados a Thranduil o a la estrella Legolas (en principio un cameo, pero vaya cameo...casi es coprotagonista).   Ya uno hasta  se espera que en la tercera salga por sorpresa Aragorn, echando una mano en el ataque de Smaug a la ciudad del lago. Bilbo, por contra, tiene bastante menos protagonismo del que se esperaba, aunque acertadamente se ha incrementado el de los enanos -aunque no mucho- profundizando en algunos de ellos. Luego, Beorn es poco más que intrascendente (omitiendo además lo cómico de la entrada en su casa como se lee en el libro),  Gandalf apenas tiene unos minutos y en cuanto a Bardo, su personaje es misterioso, heroico y atrayente (como en El hobbit) aunque bastante desvirtuado en general respecto a la obra de Tolkien (no es Aragorn, que quede claro),  por no hablar de las vodevilescas figuras del gobernador de la ciudad y de su "consejero" (un Grima II  totalmente inventado)  y de la innecesaria crítica sociopolítica que se introduce. Sin duda, la estrella y el gran descubrimiento de esta segunda parte es Smaug, pues es orgulloso, malvado y temible; además, en versión original cuenta con la voz de Benedict Cumberbatch y por lo visto resulta aún más extraordinario. 


Resumiendo, El hobbit: la desolación de Smaug, no es una mala película, por supuesto, pues es todo un espectáculo y entretiene pese a algunas lagunas,  pero a mí me supone una nueva bajada de nivel con respecto a la primera y confirma que las altas expectativas puestas en la versión fílmica de El hobbit (cuando se conoció que Peter Jackson las iba a realizar) van quedando cada vez más defraudadas. Y es una pena porque el arranque de La desolación... es fantástico, con una tensa  escena de diálogo entre Gandalf y Thorin en  "El  Poney Pisador".  Posiblemente, para quien busque espectáculo de CGI, saturación de acción y elfos dando estopa sin despeinarse, la película le encante, pero para quien crea encontrar una película de aventuras y leyendas con sus queridos personajes de las páginas, se va a sentir algo estafado o por lo menos levemente molesto porque realmente  no se esperaba que de la entrañable aventura de Bilbo y los enanos se pudiera perpetrar semejante huracán de efectos especiales, orcos e innecesarias historias románticas. Pero igual hay gente fan de los libros de Tolkien a la que le vayan encantando estas dos películas. Cuestión de gustos. 



+Lo mejor:  

- Smaug, tanto visualmente como cuando habla. Impresiona, intimida y maravilla.

- Bilbo y las escasas situaciones en las que es protagonista. Ahí sí es el singular, honesto,  astuto y valeroso hobbit. Fantástico Martin Freeman.

- Thorin y el resto de los enanos, aunque siguen sin ser tan importantes.  Insistentes, orgullosos e  interesados,  pero entrañables.  

- La recreación de ciudades como Esgaroth, Erebor  o  Bree  y  de lugares como el reino del Rey Elfo y sus respectivos ambientes.  Los  escenarios naturales de Nueva Zelanda. Eso sí es un espectáculo visual.

- La banda sonora (aunque no demasiado) y la fotografía. 


+ Lo peor:

- Personajes nuevos como Tauriel y lo que aportan y el exagerado protagonismo de otros colocados para recrearse como un cruel Legolas, el exceso élfico o la bandada incesante de orcos. 

- El inflamiento innecesario de la trama de la película  con sub-tramas, historias y personajes que desvirtúan o relegan a otros de la obra original. Y Bilbo pasa a un segundo (o tercer) plano.

- El uso abusivo de los efectos especiales. Bueno, abusivo es poco. Si hasta los ojos de Legolas están retocados... La huida en los barriles por el río es sólo un ejemplo del afán palomitero, videoconsolero  y de recreación exagerada de los responsables de la película.

-  La tendencia a lo grandioso, a lo excesivo, a lo cargante y arrollador,  de éstos últimos, sean quienes sean  (no sólo Peter Jackson como director y co-guionista va a ser el único responsable, desde luego). Cada frase, cada gesto,  cada movimiento de los personajes es un momento como ninguno, un hito, un escenón. Eso a la larga cansa, pienso humildemente. 

- El metraje. Sobran por lo menos 40 minutos. El ritmo y el interés no siempre es alto.

11.12.13

Tertulianos, esa plaga.

De un tiempo  (diríase en los estertores del zapaterismo, mediado 2009 y sobre todo 2010-2011)  a esta parte, hemos ido asistiendo a cómo en televisión han proliferado y proliferan como hongos programas de debate y análisis político y de actualidad donde las estrellas, lejos de ser los temas y el nivel intelectual del debate, son los tertulianos y tertulianas del mismo.

En la larga agonía del gobierno de  Rodríguez Zapatero, cadenas abiertamente contrarias a su socialismo como Intereconomía TV hicieron el agosto y vieron notablemente incrementados sus cifras de audiencia con programas donde el punto fuerte se hallaba en los debates entre tertulianos, donde se hablaba de la latente actualidad política (esa negada crisis en ciernes) se solía poner en entredicho al presidente y se trataban otros temas de a diario. Con el cambio de gobierno y el ascenso del PP al mismo, recogió el testigo de azote  y explotadora de debates otra cadena como La Sexta, claramente tendenciosa en contra del PP. En La Sexta se distinguen claramente dos etapas, la primera desde su nacimiento en 2006  hasta finales de  2011 y la segunda desde esa fecha -victoria del PP-, pues con este partido en el gobierno no ha dejado de incrementar los programas sobre actualidad política y debate (2 al día),  discurriendo apenas 4 horas entre la última tertulia y la siguiente.  Es más, por lo visto consideran escasas  esas dos de lunes a viernes y desde hace poco hay otra más los sábados por la noche. Oportunismo;  siempre se vive mejor contra el enemigo, desde luego. 

En la situación actual, con una clase política cada vez más devaluada y despreciada y con razón (corruptelas, falsedades, irresponsabilidades),  una Justicia en entredicho (y en ocasiones demasiado relacionada con aquella), una economía renqueante y  poco fiable y  un estado general de la sociedad y de la nación más que calamitoso a todos los niveles, la televisión recurre a lo fácil. Es decir, para generar opinión e informar al público,  si se quiere,  en vez de recurrir a científicos, literatos, economistas de verdad, historiadores, antropólogos, filósofos  y un largo etcétera (vamos, intelectuales con todas las reglas de la ley, quienes como siempre permanecen marginados, recluidos en sus libros, sus publicaciones y sus blogs), por ejemplo,  las cadenas televisivas no dejan de incrementar esos programitas con mesa donde una troupe de tertulianos (y tertulianas, por supuesto, pero de aquí en adelante emplearé sólo el masculino, sin ninguna razón especial) expertos en todo y sabios en nada, desgranan uno por uno los asuntos del día y/o la semana. 

Sí, expertos en todo. Todo buen tertuliano que se precie ha de saber hablar (y pontificar, en los casos de tertulianos más capaces) sobre cualquier tema: la prima de riesgo, Gibraltar, los desahucios, la banca, el capitalismo, la política exterior,  el rescate, Obama, las cuentas del rey y el papel de la monarquía, la casta política, José Bretón, Bárcenas,  la cadena perpetua, el terrorismo, los nacionalismos periféricos, Urdanga,  la doctrina Parot,   la fimosis de Franco, etc, etc. 

Podría argüirse que esto de los tertulianos y los acalorados debates en televisión no deja de ser un reflejo de uno de nuestros deportes nacionales, pues pocas cosas son más españolas que arreglar el país (y el mundo si se tercia) desde la barra de un bar con una caña o tomando un café. Pero hay una sutil diferencia. Las preocupaciones de las clases medias y bajas no son exactamente las mismas que la de estos bienpagados periodistas (y no periodistas) quienes con frecuencia dicen representar y dar voz al pueblo,  y, desde luego, a nadie que debata acaloradamente con los amigos en un bar o una cafetería se le paga por ello.

Pues los tertulianos televisivos, evidentemente, cobran por sus inestimables servicios. Informaciones fiables -digo fiables porque uno de ellos lo insinuó una vez-  hablan de 300 o 400 euros como mínimo por rato (es decir, media hora,  una hora,  a veces dos). Es un excelente negocio (e indignante para el resto de las personas), que te den tantos billetes por decir tres sandeces en un plató. Vamos, si un individuo se pasea unas 4 veces por semana por las televisiones  (además, no estoy contando las tertulias de la radio) ya tiene  1.600 euros semanales más en la cartera. Bonito, ¿eh?

Así las cosas, en los últimos dos o tres años no han dejado los tertulianos de aumentar su presencia en platós y cadenas.  Tanto que se ponen de moda denominaciones nuevas o antes muy poco usadas, como "analista político"  "de  actualidad" (Además, un tertuliano no quiere ser motejado de "tertuliano", prefiere el más elegante de "analista") .
La situación está llegando a ser agobiante pues dado el afán trabajador de ciertos individuos, es bastante posible ver a un tertuliano todos los días, o por lo menos 5 de los 7  (¡Más que a ciertos amigos y familiares!) . Es más, en ocasiones en un día su imagen puede repetírsete aunque cambies de programa y de cadena. Misma cara, mismas expresiones, misma prepotencia (a veces), misma mala educación (a veces). De verdad aburre y desasosiega, pues uno tiene la sensación de deja vú. Y más si por desgracia no se trabaja y se tiene mucho tiempo libre, como es mi caso.  Ante la enésima contemplación del experto tertuliano y de su careto conocido, últimamente opto por cambiar de cadena (siempre habrá algo mejor que un debate televisivo) o apagar la tele (siempre habrá algo mejor que ver la televisión). 

Antes, hace años, llegaba la hora de una tertulia, y se veía con verdadera gana, pues era novedoso. Ver a alguno de tus periodistas favoritos, ya fuera  por sus ideas, sus programas o sus artículos periodísticos, era un estímulo, para qué negarlo. Actualmente, ya no, tal es la saturación de tertulianos; y es más, han dejado de caerme bien hasta los que piensan como yo o parecido, pues ya los veo prepotentes, repetitivos, observándome desde una posición elevada, despectiva.

Uno entiende, en contra del parecer general de los responsables televisivos y de los espectadores (pues estos debates y programas siguen teniendo buenas audiencias) , que en un contexto de sobreinformación como el actual  de sobra conocemos las opiniones de estos preclaros periodistas  y "periodistas" pontificadores, ya sea en sus artículos periodísticos, en sus blogs, en su Facebook o en su Twitter, por ejemplo. Pues no. También han de darnos la brasa día tras día, detrás de una mesa y escupiéndole al rival y al espectador.  Hasta el final. 

En estos dos o tres años he podido hacerme medianamente experto en  reconocer y conocer detenidamente a cada uno de ellos (y a algunos ya sabía de qué pie cojeaban por leerlos en los periódicos o en webs) por lo que pueden hacerse distinciones y clases entre la variada aunque en el fondo tan parecida entre sí clase tertuliana. Así, tenemos:

- El sabelotodo: todo buen tertuliano que se precie es sabelotodo por definición, si bien pueden hacerse distingos entre los que tienen menos o más modestia,  hablan con mayor suficiencia, pontifican con aires de superioridad o tratan despectivamente al rival o rivales. Poco o nada importa que siendo sólo periodista parlamente con mucha propiedad de economía, de historia o de leyes. En esta dura y larga crisis, de entre las huestes tertulianas han surgido muchas voces de la nada que ¡oh, cielos! resulta que sabían mucho de economía, no sólo para poder sentarse en un plató, también para escribir libros, por ejemplo.  Su superioridad moral es más intensa que en el resto de tertulianos, y  su capacidad para hablar de cualquier tema debe ser tal que el titubeo o las concesiones al contrario no se contemplan. A degüello. Un excelente ejemplo es la insoportable Elisa Beni, aunque también están la chabacana Pilar Rahola, la rígida Carmen Tomás,  los ínclitos Isabel Durán  e  Ignacio Escolar ( blogger y tuitero con predicamento entre la progresía, escribe libros de economía, de historia, de novela histórica y de relatos cortos. Lo parte, el muchacho),   Rubén Amón (quien rizando el rizo también frecuenta las tertulias deportivas)   o   el  maquiavélico  Eduardo Inda (de la polémica dirección de Marca a destapar los escándalos de Urdangarin). 

- El pijoprogre: suele ser joven (aunque los hay maduros) ,  "progresista" y  decidido socialista, pero no socialista de los años 80 y 90, sino de la nueva hornada surgida al calor de Zapatero con personalidades tan destacadas como Elena Valenciano,  Leire Pajín, Óscar López , Beatriz Talegón  o  "Edu" Madina. Es decir, políticos de escasa preparación y trayectoria pero llamados a ser los próximos líderes del socialismo español. Son pijoprogres, como pijoprogres son estos maniqueos  sectarios que se dicen de izquierdas (algunos, más que socialistas, se arriman más al comunismo)  y suelen hacerse (y defender a ) los indignados, despotricar contra el "capitalismo salvaje", "la tiranía de los mercados y del neoliberalismo", "la derecha que corta las libertades"   y  decir demás coletillas de progre. Sin embargo, en los programas no se despegan de sus  Apple (ya sean caros I-phones o no menos baratos I-pads),  suelen ser bastante activos en Twitter y están a la última en todo. Pese a su pretensión de pasar por pueblo llano, no tienen remilgos en pasar por caja como tertulianos, y  tienen una pinta de  hijos de papá con colegio privado y vida fácil que se ve a la legua. El ejemplo más notable es de nuevo Ignacio Escolar; también Fernando Berlín es una buena pieza, como  Jesús Cintora,  y,   éste más talludito ya, Antonio García Ferreras.

- El liberal: se autoproclaman y van por ahí de liberales, aunque la mayoría no sepa del todo bien qué es eso. Conservadores, defienden con pocas fisuras al PP, y su labor consiste básicamente en minimizar y quitarle todo el hierro posible a las numerosas cagadas y barrabasadas de este partido en el gobierno y en el resto de España (con la clásica táctica del  "y tú más"  o " y tú también", tan habitual en los políticos de todos los signos),   así como decididos defensores de la Iglesia.  Algunos con pinta de  pijos de calle Serrano, Son peperos y como tales claros partidarios de Rajoy y de Cospedal  (con ciertos casos de lacayismo)  aunque entre el tertuliano liberal hay dos clases, uno rajoyista (y considerado por todo el mundo como moderado) y otro de ese PP anterior a 2004, es decir, de Aznar, Aguirre y otros (éstos suelen ser considerados como "el ala dura" para los progres), quienes suelen ser los más críticos con el actual presidente del Gobierno.  Liberales son sin duda Federico Quevedo, Isabel San Sebastián,  Francisco Marhuenda, Alfonso Merlos  o Isabel Durán.

- El progre: como el pijoprogre, es claramente "progresista" y socialista, pero es más maduro, más trabajado y más creíble en sus convicciones que éste. La mayoría socialistas de la vieja escuela, suelen posicionarse evidentemente del lado de las clases populares, pero a la vez son más reservados respecto a los indignados y, recalco, no suenan tan falsamente incendiarios como los pijoprogres. Aún así, pasan conveniente  y repetitivamente por caja al acabar su labor, sin reservas.  Serían tertulianos progres  Carmelo Encinas, Fernando Garea, José María Calleja o Antonio Miguel Carmona. 


- El ubicuo ("Ubicuo": Del latín  ubīque, en todas partes, dice la RAE): vamos, que está en todos los platós. Son los tertulianos más esforzados, más enérgicos y trabajadores, pues tienen sobrada capacidad para antes de la hora de comer haber aparecido unas dos o tres veces ante las cámaras en cadenas distintas (y eso, una vez más, que excluyo a la radio) y volver luego con sobradas energías a los debates de la noche. No puede negárseles una total entrega a la causa tertuliana pues se han dado casos de profesionales a las dos y pico de la madrugada (en el debate del Canal 24H de TVE) vistos de nuevo, como una rosa, a las 9 de la mañana del día siguiente en las tertulias matutinas.  Ante ejemplos de ubicuidad extrema llega uno a pensar que disponen de un colchón  en el backstage, para descansar un tiempo entre debate y debate.  Son ubicuos Francisco Marhuenda (que se debe aburrir mucho en su despacho de "La Razón") , José María Calleja, Antonio Miguel Carmona (quien, aunque no lo parezca, es  también catedrático y parlamentario autonómico en Madrid), Carmen Morodo,  Carmelo Encinas,  Eduardo Inda (de nuevo) y desde luego la persistente  Elisa Beni (quien también da lecciones en programas bochornosos como De buena ley).

- El colega: dícese del periodista que suele presumir de contactos y de agenda con vips, ya sea por su labor profesional en el Congreso o en la sede de tal partido  y/ o por sus méritos personales. Suelen soltar coletillas del estilo "conozco muy bien a Fulano y..." , o  "son muchos años con ella  y yo sé qué Mengana no hará...". Algunos se presentan como "amigos de" (como hacen ciertos periodistas deportivos) por lo que su neutralidad debería quedar en entredicho; es más, en ciertos casos han trabajado al lado de un político o un partido.  Es una vieja y polémica cuestión ésta, la de la relación entre política y periodismo. Un buen ejemplo es Esther Palomera, y también contarían y muy mucho Francisco Marhuenda (otra vez, sí)  Federico Quevedo o  Pilar Rahola.

- El de la vieja escuela: clase  en retroceso y poco abundante.  Son los más veteranos en estas lides y a quienes el desarrollo de la informática y de Internet les ha quedado algo lejos, aunque algunos han sabido adaptarse muy bien.  Son profesionales con 60 o más años que empezaron a trabajar en la transición democrática (1975-1982) o incluso antes. Por tanto conocieron otro tipo de periodismo y de televisión, ya extinta. Tal vez por ello, suelen ser los más educados y en muchos casos los que menos superiores se creen.  Aunque como digo ciertos periodistas han sabido modernizarse, otros parecen seguir siendo ese tipo con tirantes, máquina de escribir y whisky en el cajón de la mesa en la redacción. Son de la vieja escuela Raúl del Pozo, José Oneto,  Pilar Cernuda, Fernando Ónega  o Joaquín Estefanía.

- El sin papeles: un poco en relación con la anterior, aunque no necesariamente. Teóricamente, a un debate uno ha de acudir con algún tipo de soporte, de ayuda, ya sea (antes de los portátiles y tablets)  una libreta, unos folios, un libro, algo para justificar las teorías e ideas expuestas, se supone. El sin papeles va tanto sin hojas de papel como sin informática, no se sabe si porque tiene una memoria prodigiosa y recuerda todo para su excelsa exposición de argumentos, o porque a fuerza de decir tres veces al día las mismas tonterías se queda necesariamente en la cabeza.  El mejor ejemplo es José María Calleja (otro multiclase, como véis), aunque también vale Eduardo Inda, de nuevo. 

- El tablet-man: en contraposición al sin papeles. Este tipo de tertuliano, siempre a la última, es inseparable de la tablet o teléfono móvil (se puede dar el caso de un ordenador portátil, pero es demasiado aparatoso; además eso queda para el presentador) , y constantemente recurre a él para decir frases literales, obtener información extra o para justificarse o simplemente pasar de lo que está diciendo otro tertuliano: suele ser habitual la imagen de un distinguido  profesional, pasando el dedito por la pantalla del I-pad, absorto y haciendo caso omiso a la intervención del de enfrente, para luego dar lecciones de dignidad y educación. Con esto de las tablets y los móviles como carpetas se da la circunstancia de que en muchos de estos casos, los más adictos a estos nada baratos aparatos son los más (falsamente) indignados luego con los recortes del gobierno y la precaria situación de los trabajadores y la economía; para más inri, también suelen ser los más (falsamente) anticapitalistas, cuando luego no se despegan de productos claramente simbólicos de Estados Unidos y del capitalismo como Apple. Tertulianos tablets son los inefables  Nacho Escolar, Elisa Beni,  Fernando Berlín o el híbrido Antonio García Ferreras. 

- El despegado: pasota, le da igual todo. Suelen ir de neutrales y no se posicionan con nada ni nadie, critican todo y le dan estopa a cualquiera, aunque en ocasiones se ven sus simpatías y fobias, pero les gusta ir de mavericks de la vida, de ronin de los platós.  Si ya de por sí un tertuliano se cree superior moral y se considera autolegitimado, el despegado es más "molón" aún, pues no se le puede echar nada en cara. Serían ejemplos Alfonso Rojo,  Rubén Amón o Raúl del Pozo, aunque la nómina es amplia, y unos lo disimulan mejor que otros.

- El infiltrado: aquí nos referimos a esos políticos que, ya sea por defender sus ideas fuera del Parlamento,  o porque se aburren mucho en él, o porque su partido ya no le da bola  o porque quieren un suplemento en su ya de por sí generoso sueldo, descienden de vez en cuando de las alturas de su escaño y se sientan  con otros periodistas o profesionales. Creen que están dando la cara por el pueblo y por sus votantes cuando resultan tanto o más insoportables que la mayoría de tertulianos. Son infiltrados  el diputado del PSM Antonio Miguel Carmona, los independentistas Joan Tardà y Joan Ridao, el niño bonito de Izquierda Unida Alberto Garzón, los peperos Francisco Granados y Antonio Hernando,  el catalán que no catalanista Albert Rivera  o el "senador" Iñaki Anasagasti.

- El presentador:  clase híbrida ésta. Supuestamente simples presentadores del debate, en teoría su labor ha de limitarse a exponer los hechos,  controlar los tiempos, quitar y dar la palabra a los contertulios...pero no. Un presentador es también tertuliano pues a la mínima da su opinión sobre los temas y en ocasiones impone la suya. Se les ve tanto el plumero que clama al cielo cuando se presentan como neutrales. Los de los programas  de Intereconomía son un buen ejemplo, así como Jesús Cintora o Antonio García Ferreras, todo un tertuliano más. 

- El cruzado: alguien que va a defender sus ideas a territorio hostil y enemigo. Dícese del periodista (aunque casi hay más políticos) nacionalista-separatista que constantemente desprecia a España y la idea de la unidad nacional desde sus artículos/trabajo  o su labor como parlamentario/senador, pero que sin embargo no tiene reparos en acercarse a Madrid/Madrit , capital cavernaria, para dar la brasa a nivel nacional a hablar de cualquier tema, y, lo que es más importante, cobrar una vez más a costa del odioso Estado Español (aunque, bien mirado, eso debe excitarle, el de que te paguen dinero por despreciar lo que odias o dices odiar). Cruzados son Pilar Rahola, Antón Losada,  Joan Tardà, Joan Ridao o ese digno senador del PNV, Iñaki Anasagasti. 

- El esporádico: clase minoritaria, y los más admirables (tal vez sea porque tienen más principios que el resto). Periodistas que aparecen muy de vez en cuando en pantalla (en ocasiones, sólo una vez por semana), ya sea por timidez, porque consideran que ya dan su opinión en su periódico o página personal o porque simplemente no les da la gana de convertirse en un pontificador experto en todo. Dignidad, se llama. Mi admirado David Gistau, fiel todavía a sí mismo, sería un buen ejemplo (y  su amigo, el igualmente grande Manuel Jabois, no frecuenta ninguna) ; también valdrían Ignacio Camacho, Fernando Garea, Pilar Cernuda  o Arturo González.  

 - El freak: realmente inclasificable, esta clase es bastante variopinta y admite todas las tendencias y profesiones. El freak suele soltar frases contundentes, utilizar expresiones normalmente  chocantes y graciosas (y a veces ridículas) -en ocasiones chabacanas-  y en sí tienen un comportamiento cuanto menos curioso. Tenemos freaks en la ultraderecha (Eduardo García Serrano, todo un reducto del franquismo, o Pío Moa), en la derecha (Miguel Ángel Rodríguez) ,  en el catalanismo (Pilar Rahola), en la demagogia más rancia (Miguel Ángel Revilla) o en indefinibles ( el doctor Cabrera,  Massiel). 



Y nada más. Una vez expuestas las clases de tertulianos con nombres concretos incluidos (puede criticárseme y algunos se podrían sentir ofendidos, pero bastante nos ofenden ya  a todos al cobrar por decir memeces y bastante  superiores se creen ya, así que me resbala...por otra parte, no soy nadie y mi influencia y repercusión son nulas) me siento algo más liberado, más descargado de tanta presión de la  poderosa "casta tertuliana". Lo malo es que debates vamos a seguir padeciendo en televisión, y no tiene visos de que vayan a dejar de existir o por lo menos disminuir. Quizá, me gusta pensar, algún día la burbuja explote y tanto la audiencia como los responsables televisivos se cansen de tantas lecciones relamidas, por fin. O, en el caso de que llegue la ansiada refundación del sistema político y de la sociedad, también surja de las cenizas de la destrucción un nuevo modo de hacer televisión. Mucho pido, me temo.