I- Taciturno, en el diccionario de la RAE: (del latín taciturnus) . Adj: Callado, silencioso, que le molesta hablar. Pues sí, soy un taciturno. Decididamente. A primera vista parezco serio y callado. Es una errónea impresión, al menos en lo de serio. No siempre soy serio. Es más, en ocasiones no soy para nada serio. Y en cuanto a lo de callado, puedo disfrutar de una buena conversación...un rato. Y me encanta hablar con algunas personas. Pero ciertamente no me gusta demasiado hablar. O hablar por hablar. Algo que me ha acarreado más de un quebranto. Pero, pienso, la verdadera confianza entre una persona y otra permite un tranquilo silencio, mutuo y respetado. Soy de los que consideran que una persona no tiene por qué escuchar mis ideas o pensamientos, así porque sí. No tiene por qué ser molestada (un inciso: respecto a molestar, tampoco tengo esa costumbre tan española de hablar a gritos, se esté donde se esté). Yo hablo cuando hay que hablar. Menos que muchas personas y más que los mudos. No siempre tengo algo importante para decir. Y no por hablar más se demuestra más. Siendo sincero, soy feliz sin gastar saliva, pensando para mis adentros y reflexionando sólo conmigo mismo de infinidad de cosas. Disfrutando del silencio.
Como muestra, una parte de una frase extraordinaria de Platón, utilizada por una persona muy especial, ella, quién si no:
"El hombre que siente mucho, habla poco".
II- Si tengo virtudes, no soy quien para enumerarlas. Eso se deja para que la gente me las diga, si quiere decírmelas o las merezco. Pero podría atreverme y decir una: saber escuchar.
III- En cuanto a los defectos, algunas personas considerarían como uno de ellos el primer punto. No me opongo. Cada uno es como es, verdaderamente. Yo no lo considero un defecto. Tengo bastantes, por cierto. Como el no valorar las cosas a veces, la dejadez, la inconsciencia, la pasividad, la indecisión y la brusquedad. Mi modo de hablar rápido y atropellado. Mis nervios mal disimulados en multitud de ocasiones. Y mi tendencia a perdonar pero no a olvidar.
IV- Me encanta la soledad. Si disfruto del silencio, disfruto también de la soledad. Ocasional, eso sí. Quiero decir que no siempre me gusta la soledad. No siempre soy así de solitario. Muchas veces necesito a alguien, y más ahora que tengo pareja. Pero, siendo sincero de nuevo, no me desespero si he de pasar un tiempo solo. Verdaderamente, dos cosas necesarias para mí en ocasiones son el ensimismamiento y la independencia.
V- Leer. Ya he hablado en varias entradas sobre ello. Una en concreto, dedicada por entero a libros, y a mis libros. Adoro leer desde bien pequeño y no concibo la vida sin lectura. Tengo varios libros predilectos, pero si tuviera que quedarme con uno (y hablamos de literatura propiamente dicha) sería con El conde de Montecristo. Lo tiene todo. Aventuras, amor, amistad, odio, venganza, drama...y es infantil y adulta a la vez. Soy un clásico, también para esto. Y este clásico es imperecedero.
VI- No soy un ciudadano del mundo, como dicen algunos progrecillos y comunistas de salón. No soy ciudadano del mundo para unas cosas y español cuando convenga, o europeo antes que ello. Ni siquiera mediterráneo, con todo su significado (ya escribí en otra entrada de eso también) , como dicen otros (y otras), aun reconociendo mis posibles similitudes con un argelino de la costa, por ejemplo (exceptuando la religión), un siciliano o un napolitano antes que con un vasco o gallego. Desde luego que soy profundamente almeriense, la adoro y la detesto, la alabo y la critico, como todo buen hijo de su tierra. Pero por encima está lo de ser español. Soy español en todas las situaciones, buenas y malas. Y ello va antes de mis posiciones políticas. Me siento profundamente español, por los cuatro costados. Amo a mi patria, aunque frases como estas ya no se digan y le suene retrógrado y "facha" a mucha gente. Soy un apasionado de España y de su historia, su cultura, sus pueblos y buena parte de su idiosincrasia y tradiciones. Reverencio a Castilla como su alma y a la ciudad de Toledo como su símbolo, aun cuando no toda España es como Castilla ni todas las ciudades son como Toledo. Esa variedad es otro de los puntos fuertes de nuestro país. Como historiador soy un enamorado de la historia en general, y con la de España no podía ser menos, si bien reconozco sus muchas vergüenzas y puntos negros. Pero es lo que hay, sin duda. Soy, en puridad, un patriota en el sentido del término. En oposición al nacionalista, quien considera su país (o región o incluso provincia o ciudad, que esa persona considera nación) mejor que todos los demás únicamente por ser el suyo, y es por tanto más agresivo y excluyente, el patriota ama a su país, la tierra de sus ancestros o de adopción, simplemente y sin radicalidades. La unión a una patria puede venir por diversos supuestos y conceptos, en ocasiones verdaderamente abstractos. La historia, la cultura, los valores, la antropología o las tradiciones, etc. Me considero español y patriota, pero no nacionalista. Ni mucho menos chovinista. Si amo a mi país, también reconozco sus flaquezas y sé percibir las virtudes de otros países. En muchas ocasiones me habría gustado ser alemán, italiano (podrá comprobarse que soy bastante italiano en mis gustos y preferencias. Ciertamente me encanta Italia. No sé si es además por mis antepasados del país en forma de bota), noruego, inglés, austríaco, irlandés, estadounidense o incluso francés. Pero eso no pasa de bravata. Nunca he dado la espalda a mi país.
Para mí las entidades e instituciones tienen un enorme valor; y conceptos físicos y abstractos como bandera, escudo, himno, constitución y otros símbolos son profundamente respetables y no considero se deban tratar a la ligera y mucho menos con desprecio. No contemplo a las banderas, por ejemplo, como "simples trozos de tela sin valor" como dicen los pretendidos apátridas (ni que se deban quemar, como hacen con la de España ciertos españoles) , ni a los escudos y blasones como blanco de pintadas y violencias, o a los himnos como pitables. Una bandera o un himno me transmiten sensaciones indescriptibles. Tienen todos ellos profundos significados y una honda trascendencia, fruto de un largo recorrido. Los actuales, los pretéritos y los antiguos. Tanto los de mi país como los de los demás, incluidos regiones y pueblos.
VII- Sí, también he hablado en multitud de ocasiones de ese amor a España. Como también del cierto odio que puedo llegar a sentir. Muchas veces llego a sentir desprecio, hastío o indignación ante algunos valores profundamente instalados entre nosotros, los españoles. Como la falta de civismo (respecto a la suciedad de las calles, el maltrecho estado del patrimonio y de otros espacios o la mala educación) y la tendencia al chismorreo y al fariseísmo.
VIII-Música. Tampoco concibo la vida sin ella. Escucho prácticamente de todo y tengo un gusto realmente muy variado. Verdaderamente, desde rock, heavy metal, synth pop y new romantic (tengo auténtica debilidad por la música de los años 80, esas melodías de amor y desamor, y en ocasiones tristes y melancólicas, otras veces alegres y positivas; una década irrepetible) , innumerables bandas sonoras de películas ( entre varios autores predilectos, como Hans Zimmer o Basil Poledouris, Ennio Morricone es el rey para mí. Lo considero uno de los mejores compositores musicales del siglo, acaso el mejor), ópera (especialmente Giuseppe Verdi y Richard Wagner) , pasodobles, power metal, cantantes melódicos italianos...Me pierdo. Mi grupo favorito y absoluto, sobre todos, es Led Zeppelin. Me resultaría imposible quedarme con cinco canciones suyas. Así, a bote pronto, como más favoritas se me vienen a la mente The battle of evermore, The rover, Tangerine, In my time of dying y Dazed and Confused. Respecto a quedarme con una sola canción fuera de la inmortal banda inglesa, el que me guste tanto tipo de música dificulta enormemente la labor. Toda una miscelánea.
Tengo algunas predilectas. Lo mismo me emocionan, alteran, animan o hacen decaer las muy nuestras En er mundo o Suspiros de España, o unas cuantas composiciones de Ennio Morricone para spaghetti-westerns, o ese baladón de Los Scorpions Still loving you, o algún temazo ochentero como You´re my heart, you´re my soul de Modern Talking , Dance with me de Alphaville o Dancing with tears in my eyes, de Ultravox. El italoamericano Mario Lanza cantando O sole mio o Una furtiva lagrima. La tristona balada de película Who wants to live forever, de Queen. La hermosa italiana I treni di Tozeur , de Franco Battiato y Alice. O esa preciosa y profunda Always on my mind, compuesta para Elvis Presley. Esa y la versión de los Pet Shop Boys en los 80 son de mis canciones favoritas, también. La setentera More than a feeling, de Boston, también estaría entre ellas, como siempre ha estado.
IX- Soy, en bastantes aspectos, un joven de mi época. Incorporado algo más tardíamente que otros, además de por ser un hijo de mediados de los 80, la verdad es que no tuve ordenador hasta los 16 años. El teléfono móvil vino casi por imposición materna. Recuerdo con nitidez el viaje de estudios del colegio (a mis 14 años) llamando a la lejana casa desde una cabina de teléfono. Qué tiempos. Compárese con ahora, con nuestra época.
Manejo ordenadores aunque mis conocimientos informáticos son lamentables, y uso móvil, mp3 y otros aparatos. Y me conecto con frecuencia a internet, entre otras cosas, para las redes sociales, amén de las ediciones digitales de los periódicos, o mismamente para escribir aquí. Aparatitos. Ciertamente nos ayudan a hacernos la vida mejor. Pero de ahí a hacernos por completo dependientes de ellos, media un trecho. Cada vez se está pasando más y más a la conversación por escrito, al chateo y mensajeo lejano vía móvil y portátil, obviando el cara a cara, el contacto humano. Y lo dice alguien poco hablador en teoría como yo. Por no hablar de la progresiva pérdida de intimidad al volcar mucha gente sus fotografías, vídeos y demás, o describir minuciosamente su día a día, llegando prácticamente al extremo de tuitear cuando se está ocupado (u ocupada) con las aguas mayores en el cuarto de baño. Me niego a hacer depender de mi vida de un i-phone o similares con internet. Lo digo yo, para quien internet ha intervenido tan decisivamente en su vida. Y si bien me conecto con frecuencia a las redes sociales o para escribir aquí, mi mundo no se acabaría si tuviera que prescindir de todo ello. Y desde luego aún no he llegado al extremo de hacer de un teléfono móvil algo para absolutamente todo, fardar de ello y estar totalmente dependiente de él, como el otro día unos cosmopolitas modernillos maduritos en el tren. Mientras escuchaba a medias su estúpida conversación, yo seguía con mi libro (de papel, por supuesto). Me verían como atrasado y poco moderno, pero me importa tres cojones. Aún quedamos gente así, para su asombro. Poca, pero hay.
No me gusta nada el que el ser humano esté delegando tanto en las máquinas. No me voy a poner apocalíptico de ciencia-ficción, pero no me gusta nada de nada.
X- Cinéfilo digo en el perfil. Exactamente no sé el significado exacto de eso, y si me puedo considerar uno. Pero sí. Adoro el cine. Especialmente el histórico, el épico, el western, el spaguetti-western y el drama. Considero al cine como otra vía de evasión, un disfrute por el cual abstraerse durante la visión del largometraje, con sus imágenes, su música, sus diálogos y todo lo que pueda transmitirte. Una película puede ser capaz de trasladarte a una época en concreto, o hacerte meter en la óptica de tal o cual personaje, sentir lo que sienten, enaltecerte, alterarte, entristecerte, alegrarte, enamorarte, ilusionarte, divertirte, incluso incitar en tí el gusto por la historia...Simplemente disfrutar. Aunque me faltan muchos largometrajes por ver, he visto unas cuantas y tengo películas favoritas. Aquí puedo ser más concreto que con la música. Si pudiera elegir 10 supremas para mí, aquellas vistas más de 5 veces y las cuales sin duda quiero ver de nuevo siempre, en cualquier momento, aquellas que me más me han marcado, y se han quedado más en mi memoria, serían desde luego éstas, por orden cronológico y excluyendo a mi pesar algunas y otras pocas más recientes, que precisamente por eso serán de nuevo valoradas dentro de 10 o 15 años. Es una lista muy personal donde no todas las películas serían consideradas como obras maestras absolutas, pero son sin duda todas las que más me han tocado la fibra, han pervivido más en mi mente y en mi corazón, me han hecho reír o llorar, han despertado mi imaginación o mi pasión por la historia o cierta leyenda, o simplemente me han hecho caer rendido ante el arte del cine : Espartaco (1960), La muerte tenía un precio (1965), El bueno, el feo y el malo (1966), El Padrino (1972), El Padrino, parte II (1974, para mí mejor y superior que la primera), Barry Lyndon (1975), Excalibur (1981), Indiana Jones y la Última Cruzada (1989), La Lista de Schindler (1993), y Braveheart (1995).
XI- Fatalismo y pesimismo. Algunas personas encuadrarían esto en los defectos. Yo no lo creo así. Ya hablé de esto también. El pesimismo no debe equipararse con el negativismo. Alguien pesimista está preparado siempre para lo peor, debido a su óptica de las situaciones, y a su disposición sobre las cosas. No implica ver todo con sentido negativo, ni a estar siempre triste ni nunca alegre, sino a esperar cualquier cosa. Tanto de la gente como de las experiencias, los proyectos o el día a día. El exceso de optimismo es poco recomendable, pienso. Conviene perder la inocencia, añado. Además, el pesimista, de recibir algo, triunfar, salir bien parado o algo por el estilo, lo tomará como algo inesperado y la sorpresa será mucho mayor que para el optimista. Por contra, si recibe un mazazo, contrariedad o disgusto, estará mejor preparado para ello y lo afrontará mejor que el ingenuo.
Así que soy pesimista porque, además de considerarlo mejor modo de vida, no puedo ser otra cosa, me parece.
XII- La buena mesa. Ah, la comida. El alimento. La pitanza. Las viandas. Qué ineludibles tentaciones. Más aún para un metabolismo tan engordante como el mío. Siempre me ha encantado comer y mi habitual tendencia al sedentarismo durante años hicieron el resto, hasta que la dinámica cambió hace tres años al empezar a correr. Pero vayamos al grano. Adoro comer y todos los alimentos me son gratos, toda clase de carnes, verduras, frutas y pescados, y otros artículos, a excepción de dos: los mejillones y los caracoles. No puedo con ellos. Ambos me parecen particularmente repulsivos. Uno no acaba de entender la querencia del español por el caracol, verdaderamente un gusano baboso. En fin.
Como digo, soy un tragaldabas. Tampoco sabría quedarme con una comida predilecta, pero sí es cierto que tengo favoritismos y tendencias por algunas en concreto. Comenzando por el más básico, el bocadillo o bocata. Ya sea de jamón serrano con tomate, de calamares, de queso, de sobrasada con queso... Pero sigamos. Hablemos de platos. Como la pasta en su buen número de formas, tipos y presentaciones, destacando la lasagna, los macarrones en varios estilos y los spaghettis y tallarines igualmente de muy variados estilos; la tortilla de patatas; las patatas fritas con huevos; las patatas bravas; las patatas en ajillo; el arroz (tanto en paella, como al horno, como negro, chino o risotto); las migas; el cocido; las habichuelas con chorizo; el estofado; las berenjenas rellenas de carne; los boquerones fritos con pan (sí, comida simple donde las haya) o la carne con tomate. En cuanto a artículos en concreto, reconozco mi absoluta adoración y adicción por el queso.
Y en cuanto a postres y dulces, para qué seguir. Nunca dejaré de darle las gracias a los aztecas por el chocolate, y a los conquistadores y/o a los religiosos españoles por traerlo a Europa. En cuanto a la tarta de queso, no sé exactamente a quién o quiénes he de agradecérselo; por lo visto es un postre milenario. Pero mil gracias, humanidad. Y a los italianos, por traer desde China los helados, o por esa creación sublime llamada tiramisù.
XIII- Me encanta el Arte, con mayúsculas. Es una de las cumbres del ser humano en toda su historia. Ahora bien, soy muy tradicionalista respecto al arte, en el sentido de aborrecer por completo el moderno, el contemporáneo. Lo considero una total tomadura de pelo. Para mí Salvador Dalí, con todas sus idas de pinza, es el último gran artista conocido de la historia. Contemporáneos suyos como Miró ya me parecen más "vendedores de motos". En fin, como decía el arte en todas sus vertientes me apasiona. Tengo predilección por las esculturas griegas y romanas, el Panteón de Agripa en Roma, las iglesias y catedrales tanto renacentistas como barrocas españolas e italianas y la arquitectura empleada en los ensanches de las ciudades en el siglo XIX. En cuanto a la historia de la pintura, me encantan los artistas flamencos de los siglos XV y XVI, los retratos renacentistas de grandes personalidades, la pintura tenebrista de Caravaggio o Ribera, los impresionistas franceses, los historicistas españoles y ya en nuestro siglo, Sorolla.
XIV- Antes de tener novia, me preguntaba muchas veces qué fémina tendría el valor suficiente de aguantarme y quererme, con todos mis inconvenientes. Dudaba de su existencia. Pero la encontré. ¿Se ve o no? El pesimismo aludido antes. Y la encontré, para mi asombro. Ella es mi mejor regalo recibido nunca. Un premio inmerecido. Mi sol está en su rostro y aún me pellizco por si sigo en la realidad. Tenemos bastantes cosas en común y otras no tanto, algo por otra parte recomendable en una relación de pareja. Pero no me vanaglorio si digo que saltan chispas entre nosotros.
Así que así estoy, más feliz que una perdiz, sentimentalmente hablando. Ella es mi mayor pasión, mi sol por las mañanas, mi luna por las noches y mi faro todos los días.
Decir que es lo mejor que me ha pasado nunca es decir poco...
XV- Ella precisamente conoce hace tiempo otras dos de mis grandes pasiones: el café y la prensa (leer el periódico, en general). Ciertamente resulta difícil separarme de estas dos cosas. Recuerdo que, más joven, el café no me gustaba nada de nada. Mis padres son grandes cafeteros pero hasta prácticamente mis 18 o 19 años no comencé a disfrutar de la degustación de esta ineludible bebida estimulante y relajante a la vez, ritualística y socializante. Tan intricada en nuestros hábitos desde hace tanto tiempo. Tomarse un café no se reduce únicamente a bebérselo en el desayuno, a media mañana, después de comer, a media tarde o por la noche incluso. El acto mismo implica la compañía (cuando no se está solo tomándoselo, que también es posible) de una o más personas, un rito obligado en casa, en la calle, de viaje o en un restaurante. Tomarse un café puede contener conversaciones trascendentales, dramáticas, cómicas, inolvidables o simplemente cotidianas. También puede ser un descanso, un oasis de relajación en el ajetreo y ruido de la vida de diario. Una obligación. Ya sea con mi madre, con mi novia, con mi tía, con alguna amistad o cada día con la familia después de comer, en la sobremesa. Es saltar de la cama y tras lavarme la cara ya tengo un café con leche frente a mí. El solo con azúcar de mediodía es inexcusable. Y desde luego el cortado con mi novia o con mi madre. Algún cappuccino en festivos o días especiales. Un día me resulta raro si no me tomo mis habituales 3 o 4 cafés.
Respecto a leer el periódico, es algo también indisoluble de mí. Es otra pasión facilitada por mi abuelo materno, si bien mi padre es otro gran lector de periódicos. Leer un periódico es otra de mis rutinas, y me refiero a leerlo en papel. El de toda la vida. No siempre puedo leerlo en versión impresa, como más me gusta, así que en ocasiones he de conformarme con las ediciones digitales. Desde hace bastante tiempo soy un asiduo lector de artículos de opinión, desde los últimos años del difunto Jaime Campmany. La opinión es prácticamente lo primero que miro de un periódico, casi antes que los titulares. Ese afán diario no siempre puedo hacerlo, pero me gustaría. Y leer el periódico en sí, por supuesto. Teniendo siempre cuidado de no dejarse aleccionar en una época en la que hasta los diarios deportivos han caído en un forofismo lamentable. Por eso mi diario favorito es El Mundo, ya que, aunque teniendo una línea editorial muchas veces acorde con mis propias ideas, a veces difiero de ellas, y su nómina de articulistas es variada e incluso hay disparidades entre ellos. Algunos son verdaderamente neutrales, como mi admirado David Gistau.
Leer un periódico (sea cual sea) en papel, si puede ser con un café al lado, es uno de los pocos placeres que nos van quedando en un mundo tan cambiante y pro-tecnológico, por así decirlo.
XVI- Acabo con las pasiones. Queda la Historia. Ahora por fin soy un licenciado y puedo sacar un poco más de pecho, pero aún es pronto para saber si la historia me dará de comer o no. Si será mi forma práctica de vida. Digo práctica porque, aunque no me produzca ningún rédito, la historia forma parte de mi existencia. Me ha interesado sobremanera desde que tuve unos 11 o 12 años. Ese afán por leer, investigar, saber, conocer, interesarse, analizar, criticar, subyugarse...empaparse de todo tiempo pasado (unas veces fue mejor, otras peor), ya sea de tu país o de cualquier otro. Y no sólo las grandes personalidades, como emperadores, reyes, generales, duques, nobles, líderes y cabezas pensantes. Lo dice un carlista (por Carlos I de España) exaltado, un juanista (por Juan de Austria) o un felipista (por Felipe II, aunque algo menos) como yo. O alguien para quien uno de sus personajes históricos predilectos es Fernando (Hernán) Cortés. Me apasiona la historia tanto por saber de humanos de recuerdo imperecedero e inmortal, como de gente anónima, desde soldados rasos, trabajadores gremiales, simples curas, investigadores, molineros, pícaros, exploradores, trotamundos...hasta el más humilde especimen del más miserable pueblo recóndito. Cierto es que la historia de los primeros es mucho más estimulante, pomposa y hasta cierto punto más interesante que la de los segundos. Y aunque a primera vista (así ha quedado a los ojos del mundo) la aportación de los grandes nombres a la Historia de la Humanidad ha resultado decisiva y trascendental frente a la de todos esos anónimos, una profundización en el estudio y en la óptica te lleva a valorar más correctamente a los "sin nombre", ya fueran inventores, simples soldados o marineros, arquitectos o labriegos. La historia no son sólo grandes reyes y emperadores. También cuentan, y mucho, ese grupo de soldados realizando una hazaña trascendental en un momento determinado, esos monjes copiando a mano la sabiduría de Occidente en la Alta Edad Media, los anónimos primeros "científicos", los también anónimos esclavos e intérpretes que tan valiosa y valerosamente sirvieron a los conquistadores españoles en América, o los primeros hombres que intentaron cultivar algo en la tierra, en los primeros compases de su historia.
La historia, pese a que no siempre sea bonita, ejemplar, aleccionadora o entretenida, es enormemente necesaria, desde siempre. La experiencia no es siempre una garantía, y hay innumerables ejemplos históricos, pero es válida. Es mucho más que una ciencia. Es una de las cosas más hermosas que existen, y nunca debe olvidarse. Viva la Historia.
XVII- Aunque, ingrato de mí, nunca se lo diga, admiro profundamente a mis padres. A los dos. Por todo lo que han pasado desde siempre, todo lo que han vivido, por su esfuerzo y dedicación inquebrantable en criar y facilitar mi entrada en el mundo , primero a mí y luego a mi hermano. Por sabernos educar de tan buena manera como siempre nos han educado, e inculcarnos tan loables valores desde pequeños. Y por quererme desde que nací y aguantarme tanto y tantas cosas.
Además, y me avergüenzo profundamente de ello, casi nunca les he dicho "te quiero" u "os quiero" y escasas veces se los he demostrado.
Sólo espero poder agradecérselo a los dos convenientemente algún día.
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16.3.12
31.12.11
Tempus fugit...Adiós, 2011
Tempus fugit, como dice la famosa sentencia latina. Otro año que se va rápidamente, tal cual diría un pesimista. Un nuevo año empieza y se nos presenta ante nosotros, que diría un optimista. Creo no equivocarme si digo que lo correcto es lo de que "el tiempo vuela". Ésa es una realidad innegable y alguna vez he oído que si el tiempo pasa rápido ante tí, es que eres feliz. Por tanto, si los días y los meses se arrastran lenta y desesperadamente, tienes riesgo de padecer una depresión de caballo. No sé, es posible. Para mí, aproximadamente desde 2003 o 2004, el tiempo pasa fugazmente; no sé exactamente el motivo, pero, sin despreciar los años precedentes a esa fecha, coincidentes con mi niñez y adolescencia, esta última casi década ha sido enormemente feliz en mi vida. Aunque ha habido de todo. Variada, abundante en muchas sensaciones, altibajos y gente pasando ante mí como un tiovivo o un descenso rápido de un río. El río de la vida.
Pero dejémonos de décadas y hablemos de lo estipulado hoy: de este año 2011 al cual le quedan horas. Podría llenar y llenar el hueco en blanco hablando de política y actualidad, pero para eso están los periódicos y los programas especiales de televisión. Así pues, me centraré en mis experiencias, mis vivencias personales en este año agonizante.
Un año que comenzó bastante tristemente por un mazazo en la familia, mazazo intuido y previsible y confirmado cinco meses más tarde, en ese mayo del cual ya hablé en su momento. Como ya escribí sobre ello, rehuso hacerlo de nuevo. Pero no te olvido, allá donde estés, en el lugar donde van las personas buenas.
Personas, personas y personas. Muchas personas en el río de la vida de mis más de veinticinco años. La verdad es que este año viene confirmando lo experimentado en 2010; en comparación con los años precedentes, especialmente a partir de 2005, me voy quedando más solo cada vez. Dicho sin ningún ánimo de lástima o compasión. Lo de "más solo" es una forma de hablar, desde luego. Pero la verdad es esa. Unas veces de forma voluntaria y otras veces verdaderamente involuntaria. En fin. Con todo, sigo teniendo a gente a mi lado, desde luego. Sólo me cabe desearle lo mejor a esas otras personas.
Podría decirse que estoy volviendo a la etapa de coyote o lobo estepario (por cierto, hablando de animales, este año me ha traído otra hermana perruna, ya tengo dos) si no fuera porque este 2011 contiene un importantísimo cambio en mi vida. Harían falta muchas entradas para explicar todo lo que ha supuesto este cambio provocado por esa persona maravillosa, y los sentimientos están demasiado a flor de piel como para escribir correctamente, por tanto es mejor dejarlo ahí. Dejémoslo, como ya dije, en que tengo el corazón contento y los colores para pintar el lienzo de mi vida.
Por lo demás, este 2011 ha supuesto un feliz retorno al terruño, después de 24 años; quién sabe si definitivo o no. Es pronto para decirlo. Sobre todo, porque aún no estoy dando palos al agua, para mi desgracia. Es lo único que me falta. Cuando lo esté, ya será otra cosa. En Almería soy, pese a las limitaciones de mi patria chica, enormemente feliz , pero me ha quedado un deje errante en el pensamiento y el espíritu, y mi afán viajero y de ver mundo sigue intacto. Debo aclarar esto y escribir sobre la idea de ser provinciano o no.
Digo aclarar porque, para mi asombro e incomprensión, sigue habiendo gente ávida de mis "pensamientos", sentencias, relatos y sandeces. Sigo contando con seguidores (y seguidoras. M., además de mi paisana y de mi alma cortada a la medida, es mi lectora VIP) bastante fieles y recomendables, e incluso últimamente va aumentando la parroquia. La verdad, me ruborizáis. Mil millones de gracias de nuevo. Eres/sois mi fuerza muchas veces.
Y poco más. Otro año se ha ido volando. Siento sacar la vena pesimista, pero yo soy así. He de escribir también sobre esto. Soy pesimista, pero eso no quiere decir ver las cosas siempre desde el lado negativo, con nubarrones y amargura. No. Ser pesimista, en contraposición al optimismo a veces exagerado y distorsionador de la realidad, implica ver las cosas con realismo, templanza y tranquilidad. Una tranquilidad estoica no exenta de fatalismo típicamente español , un pesimismo que considero da más regalos y premios que el optimismo, porque si las cosas salen bien, te llevas una agradable sorpresa. Considero ese pesimismo la opción más correcta. Yo no puedo ser de otra forma.
Bien, año 2011. Se acabó. Fugaz, como tus inmediatos predecesores. Muchas gracias por todo. O maldito seas, según se mire. Pero creo que tengo más cosas para agradecértelas en vez de odiarte. Hasta siempre.
Bienvenido , 2012. Eres una total y completa incógnita.
Feliz Año a todo el mundo.
Dejadme que ponga por aquí también "Fantasia on a theme" (Fantasía sobre un tema de Thomas Tallis) del compositor inglés Ralph Vaughan Williams, una de mis melodías favoritas. Una joya de principios del siglo XX basada en la música renacentista, utilizada en varias ocasiones en largometrajes, como "Master and Commander", o series de televisión como "Los Tudor". Preciosa de verdad.
Por los que están y los que se fueron.
http://www.youtube.com/watch?v=oS8Sd8amxcU&feature=fvst
Pero dejémonos de décadas y hablemos de lo estipulado hoy: de este año 2011 al cual le quedan horas. Podría llenar y llenar el hueco en blanco hablando de política y actualidad, pero para eso están los periódicos y los programas especiales de televisión. Así pues, me centraré en mis experiencias, mis vivencias personales en este año agonizante.
Un año que comenzó bastante tristemente por un mazazo en la familia, mazazo intuido y previsible y confirmado cinco meses más tarde, en ese mayo del cual ya hablé en su momento. Como ya escribí sobre ello, rehuso hacerlo de nuevo. Pero no te olvido, allá donde estés, en el lugar donde van las personas buenas.
Personas, personas y personas. Muchas personas en el río de la vida de mis más de veinticinco años. La verdad es que este año viene confirmando lo experimentado en 2010; en comparación con los años precedentes, especialmente a partir de 2005, me voy quedando más solo cada vez. Dicho sin ningún ánimo de lástima o compasión. Lo de "más solo" es una forma de hablar, desde luego. Pero la verdad es esa. Unas veces de forma voluntaria y otras veces verdaderamente involuntaria. En fin. Con todo, sigo teniendo a gente a mi lado, desde luego. Sólo me cabe desearle lo mejor a esas otras personas.
Podría decirse que estoy volviendo a la etapa de coyote o lobo estepario (por cierto, hablando de animales, este año me ha traído otra hermana perruna, ya tengo dos) si no fuera porque este 2011 contiene un importantísimo cambio en mi vida. Harían falta muchas entradas para explicar todo lo que ha supuesto este cambio provocado por esa persona maravillosa, y los sentimientos están demasiado a flor de piel como para escribir correctamente, por tanto es mejor dejarlo ahí. Dejémoslo, como ya dije, en que tengo el corazón contento y los colores para pintar el lienzo de mi vida.
Por lo demás, este 2011 ha supuesto un feliz retorno al terruño, después de 24 años; quién sabe si definitivo o no. Es pronto para decirlo. Sobre todo, porque aún no estoy dando palos al agua, para mi desgracia. Es lo único que me falta. Cuando lo esté, ya será otra cosa. En Almería soy, pese a las limitaciones de mi patria chica, enormemente feliz , pero me ha quedado un deje errante en el pensamiento y el espíritu, y mi afán viajero y de ver mundo sigue intacto. Debo aclarar esto y escribir sobre la idea de ser provinciano o no.
Digo aclarar porque, para mi asombro e incomprensión, sigue habiendo gente ávida de mis "pensamientos", sentencias, relatos y sandeces. Sigo contando con seguidores (y seguidoras. M., además de mi paisana y de mi alma cortada a la medida, es mi lectora VIP) bastante fieles y recomendables, e incluso últimamente va aumentando la parroquia. La verdad, me ruborizáis. Mil millones de gracias de nuevo. Eres/sois mi fuerza muchas veces.
Y poco más. Otro año se ha ido volando. Siento sacar la vena pesimista, pero yo soy así. He de escribir también sobre esto. Soy pesimista, pero eso no quiere decir ver las cosas siempre desde el lado negativo, con nubarrones y amargura. No. Ser pesimista, en contraposición al optimismo a veces exagerado y distorsionador de la realidad, implica ver las cosas con realismo, templanza y tranquilidad. Una tranquilidad estoica no exenta de fatalismo típicamente español , un pesimismo que considero da más regalos y premios que el optimismo, porque si las cosas salen bien, te llevas una agradable sorpresa. Considero ese pesimismo la opción más correcta. Yo no puedo ser de otra forma.
Bien, año 2011. Se acabó. Fugaz, como tus inmediatos predecesores. Muchas gracias por todo. O maldito seas, según se mire. Pero creo que tengo más cosas para agradecértelas en vez de odiarte. Hasta siempre.
Bienvenido , 2012. Eres una total y completa incógnita.
Feliz Año a todo el mundo.
+++++++++++++++++++
Dejadme que ponga por aquí también "Fantasia on a theme" (Fantasía sobre un tema de Thomas Tallis) del compositor inglés Ralph Vaughan Williams, una de mis melodías favoritas. Una joya de principios del siglo XX basada en la música renacentista, utilizada en varias ocasiones en largometrajes, como "Master and Commander", o series de televisión como "Los Tudor". Preciosa de verdad.
Por los que están y los que se fueron.
http://www.youtube.com/watch?v=oS8Sd8amxcU&feature=fvst
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18.11.11
Por tí
Hoy es mi cumpleaños. Pero no, tranquilícese la gente, no voy a hablar de mí. No directamente.
Hoy es mi cumpleaños, sí. En ellos se suelen regalar cosas a la gente. Muchas o pocas. Regalos, se llaman. Hay dos tipos de regalos. Los materiales y los etéreos, los que no se pueden palpar, aunque sí con el corazón y los sentidos. Son éstos los más estimables y duraderos. Yo soy una de las personas más afortunadas de la tierra, porque recibo regalos de los dos tipos. Y, desde luego, el mayor, mejor y principal es el que disfruto desde hace más de tres meses. Y todo lo que escriba aquí o diga es insuficiente para el alcance de mi felicidad y del cambio en mi vida.
Y ese regalo, esa fortuna para mí, esa persona intocable, única e inmarcesible no está pasando por el mejor de los momentos. Las tremendas injusticias de esta perra vida. Las personas más buenas y honradas son las que se suelen llevar los latigazos, desde siempre.
Poco le ayudará esta entrada, pero, pese a que como he dicho, todo lo escrito resulta insuficiente, algo bulle en mí y me pide a gritos decirlo de nuevo. Porque esa persona, tú, mi niña:
- Me hace el niño-hombre más feliz del mundo. Aunque, bien lo sabe ella, soy de llevar la procesión por dentro, y me diga con cariño que soy serio, ciertamente mi felicidad no tiene medida.
- Es la persona más buena que he conocido. De verdad. Parece imposible, pero es así.
- Es la persona más adorable y que se presta más a que la adoren y le quieran. Sin ella decir ni reclamar nada, se merece todo lo bueno y todo lo mejor y es verdaderamente intocable y yo sólo puedo hacerle el bien, deseárselo y lograr lo imposible para conseguirlo. Es mi misión, mi cometido, mi finalidad en estos tiempos de la vida.
- Vale más que el peso de todo el vacío oro existente. Ella y su persona. Logrará sin duda todo lo que se proponga, es la estrella más luminosa y constante del firmamento de nuestra Almería. Mi Estrella Polar, mi guía, mi luz entre las tinieblas. Quien se eleva por todo lo demás.
- Solamente tú. Seré insolvente, sin futuro claro y con pocos caudales, pero soy inmensamente rico en cuanto a fortuna emocional, cariño recibido y suerte infinita. No tengo una personalidad ni un carácter fácil y podemos tener algunas pequeñas diferencias, pero ella, mi niña, me comprende y me respeta y estar disfrutando de ella, de su amor y de su compañía es lo más fácil y agradable del mundo.
- Se merece lo mejor de lo mejor y yo me pregunto innumerables veces si estoy y estaré a la altura y si soy de verdad recomendable y apropiado para ella.
- Eres la luz y los colores del lienzo de mi vida.
TAMMNP.
(Resulta bastante difícil escribir del todo bien cuando los sentimientos son tan fuertes y latentes, me he dado cuenta. Mil perdones)
Hoy es mi cumpleaños, sí. En ellos se suelen regalar cosas a la gente. Muchas o pocas. Regalos, se llaman. Hay dos tipos de regalos. Los materiales y los etéreos, los que no se pueden palpar, aunque sí con el corazón y los sentidos. Son éstos los más estimables y duraderos. Yo soy una de las personas más afortunadas de la tierra, porque recibo regalos de los dos tipos. Y, desde luego, el mayor, mejor y principal es el que disfruto desde hace más de tres meses. Y todo lo que escriba aquí o diga es insuficiente para el alcance de mi felicidad y del cambio en mi vida.
Y ese regalo, esa fortuna para mí, esa persona intocable, única e inmarcesible no está pasando por el mejor de los momentos. Las tremendas injusticias de esta perra vida. Las personas más buenas y honradas son las que se suelen llevar los latigazos, desde siempre.
Poco le ayudará esta entrada, pero, pese a que como he dicho, todo lo escrito resulta insuficiente, algo bulle en mí y me pide a gritos decirlo de nuevo. Porque esa persona, tú, mi niña:
- Me hace el niño-hombre más feliz del mundo. Aunque, bien lo sabe ella, soy de llevar la procesión por dentro, y me diga con cariño que soy serio, ciertamente mi felicidad no tiene medida.
- Es la persona más buena que he conocido. De verdad. Parece imposible, pero es así.
- Es la persona más adorable y que se presta más a que la adoren y le quieran. Sin ella decir ni reclamar nada, se merece todo lo bueno y todo lo mejor y es verdaderamente intocable y yo sólo puedo hacerle el bien, deseárselo y lograr lo imposible para conseguirlo. Es mi misión, mi cometido, mi finalidad en estos tiempos de la vida.
- Vale más que el peso de todo el vacío oro existente. Ella y su persona. Logrará sin duda todo lo que se proponga, es la estrella más luminosa y constante del firmamento de nuestra Almería. Mi Estrella Polar, mi guía, mi luz entre las tinieblas. Quien se eleva por todo lo demás.
- Solamente tú. Seré insolvente, sin futuro claro y con pocos caudales, pero soy inmensamente rico en cuanto a fortuna emocional, cariño recibido y suerte infinita. No tengo una personalidad ni un carácter fácil y podemos tener algunas pequeñas diferencias, pero ella, mi niña, me comprende y me respeta y estar disfrutando de ella, de su amor y de su compañía es lo más fácil y agradable del mundo.
- Se merece lo mejor de lo mejor y yo me pregunto innumerables veces si estoy y estaré a la altura y si soy de verdad recomendable y apropiado para ella.
- Eres la luz y los colores del lienzo de mi vida.
TAMMNP.
(Resulta bastante difícil escribir del todo bien cuando los sentimientos son tan fuertes y latentes, me he dado cuenta. Mil perdones)
2.11.11
Miscelánea (IV)
- Si ya de por sí tengo el mejor regalo posible encarnado en una persona, encima esa personita me regala el último de Alatriste, sabedora de mi reverencia hacia ese libro, esa serie y ese autor. Ya avisaba yo hace un mes de su inminente salida (27 de octubre) y desde luego bien pronto lo tuve en mis manos y lo devoré, recién salido del horno, como quien dice. Titulaba yo la entrada "Esperando a Alatriste" . Y el capitán no faltó a su cita. Esta entrega está ambientada totalmente en Italia y no defrauda en absoluto. Misma fatalidad, mismo pesimismo, mismas maneras (cuando Alatriste se toca con dos dedos el mostacho, sabes que tomará alguna decisión difícil o sacará la temeraria), mismas sensaciones inolvidables, mismos personajes eternos, esta vez en situaciones algo diferentes (como Malatesta). Brutal y maravilloso. Ya espero con ansia las próximas entregas, supuestamente "La venganza de Alquézar" y "Misión en París" . En este libro en concreto es de esperar (y disfrutar) que Alatriste conozca a D´Artagnan en ese París de Luis XIII y Richelieu.
Lo dicho, "El puente de los asesinos" otro relato extraordinario en un rato inolvidable. Y todo gracias a ti.
- Soy un pesado, pero insisto por aquí también: estos días son fechas de arraigada tradición en nuestro país, relacionada esta festividad con Todos los Santos, por tanto las visitas a los cementerios donde reposan la mayoría de familiares difuntos se incrementan notablemente. Son días de recuerdo, las más de las veces melancólicos, a veces más alegres. Dejando de lado la certeza de la existencia de tumbas que sólo reciben una visita al año (otras ni eso) en una cultura, la nuestra, cada vez más desnaturalizada y más despegada, ahora hablo de ese pastiche americano (tampoco es original del continente americano, por supuesto. Su origen es celta y fue llevado a los Estados Unidos por los irlandeses) llamado Halloween, cada vez más de moda en nuestro país. Como somos un país sin pulso, sin carácter y sin redaños, absorbemos aspectos ajenos a nuestra cultura, simplemente porque "está de moda" o poco a poco se introduce en nuestro ser, por influencia de películas y series de T.V, fundamentalmente.
Además de que aquí llegue un Halloween algo distinto al estadounidense (aquí en España muchos ni se disfrazan, sólo hacen el gamberro y se ponen ciegos, quizá para meterse en el papel de zombie) insisto una vez más con las incoherencias y contradiciones patrias: aborrecemos y renegamos de EEUU aparentemente, pero luego tenemos que salir ese día, como si fuera una obligación arraigada en nuestra cultura. Esto es una vez más lo apuntado el otro día, de Apple o los donuts: odiamos el modo de vida que vamos haciendo nuestro. Yo lo he dicho más de una vez, admiro los EEUU y me gustan bastantes aspectos suyos, pero de ahí a ir asimilando toda su cultura y costumbres media un trecho bastante grande. Soy español, carajo. Con todo lo malo y bueno que eso conlleva. Pero orgulloso. Y quiero seguir siéndolo hasta el final de todo. Yo desde luego fui al cementerio, para recordar y rendir homenaje y respeto a ciertas personas (y no sólo ese día) y Halloween, aparte de parecerme una horterada, ya me ha pillado bastante mayor como para salir a hacer el canelo. Aunque dudo me gustase, de haberme cogido más pequeño.
Acabaremos celebrando el Día de Acción de Gracias y otras americanadas. Si no, al tiempo.
- Otra de telebasura. ¿Soy pesado, eh?. Cómo no, de la cadena de Vasile. Poco más que añadir, más leña al fuego de la hoguera de estos mercaderes de la mierda y la desgracia ajena. El otro día el programa del carapiña catalán pagó, para que se llenase la bolsa, a la madre de ese siniestro personaje llamado "El Cuco", relacionado con el crimen de Marta del Castillo, y hablase, ampliamente. La familia de la chica protestó, enérgica y evidentemente. La cadena lo justifica "por su interés informativo". Ah, muy bien. Con esa justificación hay barra libre, entonces. En fin, qué puedes esperar de esa misma cadena. En el programa de las mañanas, con esa reina llamada A.R, los mismos alipendes (llámalos co-presentadores, o tertulianos, da igual) hablan de política, economía o sucesos trágicos, y una hora después, de las miserias escatológicas de la Esteban, Chelo García Cortés, Bárbara Rey, El Dioni o Escassi. Qué puto asco. Haría falta una nueva Inquisición.
- Correr te libera de algo más que sudor. Muy cierto el anuncio de ASICS, ya lo he dicho más de una vez y ya hice una entrada de eso. Y desde luego el paisaje en ocasiones ayuda. No es lo mismo correr por una autovía o una zona de naves industriales, que en el borde del mar, sintiendo la brisa y el viento marino, salpicado tu rostro por gotitas de agua o granillos de arena, mientras - a la ida, en mi caso- tienes al fondo el airoso y sereno cabo de Gata (a veces nítido, otras veces neblinoso) y al volver -a la vuelta, siempre en mi caso- la ciudad con la Alcazaba iluminada encima y sobre ella, la mole oscura de la sierra de Gádor, acogiendo al sol (si aún es de día. Me encanta correr de noche), despidiéndose. 80 minutos de sudor, felicidad, superación y goce insuperable.
- Tengo el corazón contento y lleno de alegría.
Lo dicho, "El puente de los asesinos" otro relato extraordinario en un rato inolvidable. Y todo gracias a ti.
- Soy un pesado, pero insisto por aquí también: estos días son fechas de arraigada tradición en nuestro país, relacionada esta festividad con Todos los Santos, por tanto las visitas a los cementerios donde reposan la mayoría de familiares difuntos se incrementan notablemente. Son días de recuerdo, las más de las veces melancólicos, a veces más alegres. Dejando de lado la certeza de la existencia de tumbas que sólo reciben una visita al año (otras ni eso) en una cultura, la nuestra, cada vez más desnaturalizada y más despegada, ahora hablo de ese pastiche americano (tampoco es original del continente americano, por supuesto. Su origen es celta y fue llevado a los Estados Unidos por los irlandeses) llamado Halloween, cada vez más de moda en nuestro país. Como somos un país sin pulso, sin carácter y sin redaños, absorbemos aspectos ajenos a nuestra cultura, simplemente porque "está de moda" o poco a poco se introduce en nuestro ser, por influencia de películas y series de T.V, fundamentalmente.
Además de que aquí llegue un Halloween algo distinto al estadounidense (aquí en España muchos ni se disfrazan, sólo hacen el gamberro y se ponen ciegos, quizá para meterse en el papel de zombie) insisto una vez más con las incoherencias y contradiciones patrias: aborrecemos y renegamos de EEUU aparentemente, pero luego tenemos que salir ese día, como si fuera una obligación arraigada en nuestra cultura. Esto es una vez más lo apuntado el otro día, de Apple o los donuts: odiamos el modo de vida que vamos haciendo nuestro. Yo lo he dicho más de una vez, admiro los EEUU y me gustan bastantes aspectos suyos, pero de ahí a ir asimilando toda su cultura y costumbres media un trecho bastante grande. Soy español, carajo. Con todo lo malo y bueno que eso conlleva. Pero orgulloso. Y quiero seguir siéndolo hasta el final de todo. Yo desde luego fui al cementerio, para recordar y rendir homenaje y respeto a ciertas personas (y no sólo ese día) y Halloween, aparte de parecerme una horterada, ya me ha pillado bastante mayor como para salir a hacer el canelo. Aunque dudo me gustase, de haberme cogido más pequeño.
Acabaremos celebrando el Día de Acción de Gracias y otras americanadas. Si no, al tiempo.
- Otra de telebasura. ¿Soy pesado, eh?. Cómo no, de la cadena de Vasile. Poco más que añadir, más leña al fuego de la hoguera de estos mercaderes de la mierda y la desgracia ajena. El otro día el programa del carapiña catalán pagó, para que se llenase la bolsa, a la madre de ese siniestro personaje llamado "El Cuco", relacionado con el crimen de Marta del Castillo, y hablase, ampliamente. La familia de la chica protestó, enérgica y evidentemente. La cadena lo justifica "por su interés informativo". Ah, muy bien. Con esa justificación hay barra libre, entonces. En fin, qué puedes esperar de esa misma cadena. En el programa de las mañanas, con esa reina llamada A.R, los mismos alipendes (llámalos co-presentadores, o tertulianos, da igual) hablan de política, economía o sucesos trágicos, y una hora después, de las miserias escatológicas de la Esteban, Chelo García Cortés, Bárbara Rey, El Dioni o Escassi. Qué puto asco. Haría falta una nueva Inquisición.
- Correr te libera de algo más que sudor. Muy cierto el anuncio de ASICS, ya lo he dicho más de una vez y ya hice una entrada de eso. Y desde luego el paisaje en ocasiones ayuda. No es lo mismo correr por una autovía o una zona de naves industriales, que en el borde del mar, sintiendo la brisa y el viento marino, salpicado tu rostro por gotitas de agua o granillos de arena, mientras - a la ida, en mi caso- tienes al fondo el airoso y sereno cabo de Gata (a veces nítido, otras veces neblinoso) y al volver -a la vuelta, siempre en mi caso- la ciudad con la Alcazaba iluminada encima y sobre ella, la mole oscura de la sierra de Gádor, acogiendo al sol (si aún es de día. Me encanta correr de noche), despidiéndose. 80 minutos de sudor, felicidad, superación y goce insuperable.
- Tengo el corazón contento y lleno de alegría.
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14.10.11
Dos meses
- Desde hace dos meses mi vida es sensiblemente muy distinta.
- Desde hace dos meses no hay sol más brillante ni día más perfecto.
- Desde hace dos meses me importan muy pocas cosas, prácticamente ninguna , aparte de tí.
- Desde hace dos meses quiero ser mejor persona y vivo por tí.
- Desde hace dos meses el cielo es siempre azul y no hay negros nubarrones en mi interior.
- Desde hace dos meses me encantan los recodos de las calles para amarte furtivamente.
- Desde hace dos meses se me detiene el pulso cuando me miras.
- Desde hace dos meses no hay mejor refugio que tu pecho, ni mejor reconstituyente o estimulante que tus besos.
- Desde hace dos meses tengo el alma cortada a tu medida, como dijo Garcilaso.
- Desde hace dos meses sólo estás tú.
TAMNP.
- Desde hace dos meses no hay sol más brillante ni día más perfecto.
- Desde hace dos meses me importan muy pocas cosas, prácticamente ninguna , aparte de tí.
- Desde hace dos meses quiero ser mejor persona y vivo por tí.
- Desde hace dos meses el cielo es siempre azul y no hay negros nubarrones en mi interior.
- Desde hace dos meses me encantan los recodos de las calles para amarte furtivamente.
- Desde hace dos meses se me detiene el pulso cuando me miras.
- Desde hace dos meses no hay mejor refugio que tu pecho, ni mejor reconstituyente o estimulante que tus besos.
- Desde hace dos meses tengo el alma cortada a tu medida, como dijo Garcilaso.
- Desde hace dos meses sólo estás tú.
TAMNP.
7.9.11
El verano del amor
Sí, soy yo. Vuelvo a aparecer por aquí. Tras prácticamente un mes. Buena parte de ese mes comprende un agosto inolvidable, el mejor de mi vida, de momento. Y cuán distintas -para bien. No pueden ser mejores- son las cosas para mí desde entonces.
El destino. El azar. Designios inescrutables. Alguien jugando a los dados. ¿Somos amos de nuestro destino?. Parezco Iker Jiménez, lo dejaré, tranquilos. Quién sabe. La maravillosa coincidencia de dos navegantes (gracias al oceáno virtual) en una calurosa noche de julio vino a unir los avatares de dos personas, alejadas en el tiempo y el espacio. O no tanto. De forma inesperada, como inesperada fue la inmediata conexión casi al instante, eso a lo que anglosajonamente denominamos feeling. Tantas cosas en común, además... Y vaya con el feeling. Curiosamente, entre dos paisanos. Ah, la vida pueder ser maravillosa en ocasiones.
Así tuve la inmensa suerte de encontrarte. Y como una especie de ciclón benigno, de repente hiciste desaparecer todos mis problemas, tristezas y preocupaciones, o al menos relegarlos a un segundo o tercer plano. Además, el verano se presentaba muy distinto y algo triste por ser el primero sin un familiar muy querido, y se convirtió en un verano único. No me olvidé de ese acontecimiento de primeros de mayo, evidentemente. Pero sí me lo hizo más llevadero. Y me alegraste la vida. Con tu sonrisa, tu simpatía y forma de ser y tu gracejo almeriense me cautivaste. Algo en teoría complicado, estando tan lejos en la distancia. Pero así ocurrió. No sé realmente qué te hice yo, pero nos pasábamos horas y horas, trasnochando como monjes o hackers, hablando, riendo, hablando y hablando, conectando. Mucho. Tanto que surgió algo más fuerte. Luego llegó el móvil, hablar por él y los mensajes por doquier. Más fuerte. Aún me pellizco, como si no me creyese todavía la realidad. Porque ni de lejos imaginaba lo que estaba por llegar. De lejos, lo mejor que me ha pasado.
Y aún faltaba lo mejor, desde luego. El verse. Encontrarse cara a cara. El ansia podía con nosotros, ¿recuerdas?. Al final llegó el momento. Puerta de Purchena. Plaza mítica de la ciudad donde las haya. Y preciosa. Ilusión. Nervios. Espectación. Dudas (por mí). Nervios. Llega el momento. Me acerco a la única estrella de la plaza. Y todo fue perfecto. Paseo de Almería abajo y tras unos quince minutos de rigor, dejamos hablar y actuar al corazón.
Y desde entonces fuimos los reyes de Almería esas noches, paseando de la mano, entrelazando los sentimientos por entre las oscuras calles del casco viejo, dándonos besos furtivos y robados (otros no tan robados) a cada poco, a cada recodo de antiguas calles las cuales, si antes ya estaban en mi corazón por ser de mi ciudad, ahora estaban más dentro aún y se me harían más inolvidables: Tiendas, Ricardos, Real, Mariana, Lope de Vega, Navarro Rodrigo, Reyes Católicos, el propio Paseo, Trajano, Plaza San Pedro. A cada recodo, escondiéndonos de la gente y de las miradas como colegiales. Andando atontados. Tomando granizados, como aquel glorioso, eterno e inolvidable de limón de la primera noche. Y dándonos besos con sabor a helado prebiótico. Pero no sólo tomamos helados. En la plaza Vieja del Ayuntamiento degustamos un combinado caribeño (Mojito le llaman) con la banda sonora de fondo, muy típica y estereotípica, de estampa cañí, de un cante flamenco. ¿O eran danzantes balcánicos aquel día? Me fijé más en tus ojos, desde luego. Situados enfrente uno del otro, la luz de las velas iluminaba aún más unos ojos ya de por sí brillantes. Subimos a la Alcazaba, soberbio castillo islámico símbolo de nuestra ciudad, cuando ya el sol se ocultaba tras la mole de la montaña, y nos sentimos reyes de nuevo, en nuestro interior. Reyes sin tesoro ni título alguno, por supuesto. Podría ser el de Reyes Felices, en cualquier caso. No nos hacía falta nadie más. La ciudad, negra y reluciente a nuestros pies, nos hacía enmudecer en su humilde ofrenda. Tú, yo y la ciudad. Nada más. Todo era posible. Al fondo, en su nuevo emplazamiento, la Feria brillaba como una supernova. Feria a donde fuimos y cumplimos con los rituales de rigor, como la degustación de vino de Cariñena. Vino dulce, grato al paladar . Aunque más dulce que tú conmigo no hay nada...
Con todo, siendo verano, llega un momento que la ciudad se te queda pequeña por lo cual la playa se convierte en la mejor opción. Y más si hablamos de Almería, señores (y señoras). Tras ir a las Salinas del Cabo, nos escapamos en un par de ocasiones, como en una película, en coche, a dos escenarios casi vírgenes, míticos, maravillosos. Los Genoveses y la Isleta del Moro, sin más pertrechos que la sombrilla y una toalla y más víveres que algo de picoteo, bebida y café frío. El resto lo pusimos nosotros. Esos días permanecen como un sueño en mí. Aún recuerdo los besos con sabor a sal, empapados de Mediterráneo, los prolongados baños en las cristalinas aguas agarrados como moluscos a la piedra, el aroma a piel tostada por el sol de agosto y rozada por el viento de levante, las "siestas" en la sombra y esos momentos que jamás se olvidan y que no tienen ni diálogo ni música. Sólo esa persona y el paisaje, la naturaleza, ausente, de fondo. Ya sea la inmensidad de la media luna de Genoveses, con su morrón pétreo y sus pinares o el peñasco con el pueblecito pesquero de la Isleta. Aunque el escenario ayude, lo importante es la persona. Yo nunca había tenido tantas ganas de cuidar y mimar a una persona. Ganas de esa persona. De estar con esa persona tan especial y única. Ensimismamiento al contemplarla. Enamorarse, lo llaman. Enamorarse. Quizá me haya enamorado alguna vez. Pero de esta forma, no. No de este modo y de esta fuerza. Sin ánimo de despertar compasión en nadie, sí he de reconocer mi desdicha en cuanto a amoríos se trata. Hasta ahora. Debía de llegar el momento. Encima, donde nací. Contigo. Sólo tú. Y que nada más importe.
La desdicha en cuanto a amores implica que, cuando llega el primero, el de verdad, las sensaciones experimentadas sean, en gran parte, nuevas y extraordinarias para mí. Y así ha sido. Ciertamente parecíamos quinceañeros, (¿y qué?) y lo cierto es que esta felicidad me ha rejuvenecido y me ha reconciliado con las personas. Los múltiples paseos, las conversaciones y las miradas bien pueden confirmarlo. Las noches en el coche también pueden hablar de eso. Noches de verano con el murmullo de las olas de fondo. Sólo el cielo sobre nosotros. Nada más. Vaya un verano, Fernandito. El verano del amor.
Así que se me avecina un otoño (y un año) extraordinario, lo nunca visto. Sólo faltan cuestiones de índole académica y comenzar proyectos de formación laboral para la felicidad completa o al menos en camino: en mi Almería, intentando ser algo por fin y con la compañía, la ayuda y el goce de una persona maravillosa que ha cambiado mi vida. Además, saca lo mejor de mí y me reconduce. Porque si, cuando nos íbamos conociendo los momentos y los sentimientos me hicieron pensar que, tras unas cuantas tormentas y naufragios, podía haber encontrado mi faro, al poco de nuestro primer encuentro me di cuenta realmente de que así era: eres mi faro, mi luz.
TAMNP.
El destino. El azar. Designios inescrutables. Alguien jugando a los dados. ¿Somos amos de nuestro destino?. Parezco Iker Jiménez, lo dejaré, tranquilos. Quién sabe. La maravillosa coincidencia de dos navegantes (gracias al oceáno virtual) en una calurosa noche de julio vino a unir los avatares de dos personas, alejadas en el tiempo y el espacio. O no tanto. De forma inesperada, como inesperada fue la inmediata conexión casi al instante, eso a lo que anglosajonamente denominamos feeling. Tantas cosas en común, además... Y vaya con el feeling. Curiosamente, entre dos paisanos. Ah, la vida pueder ser maravillosa en ocasiones.
Así tuve la inmensa suerte de encontrarte. Y como una especie de ciclón benigno, de repente hiciste desaparecer todos mis problemas, tristezas y preocupaciones, o al menos relegarlos a un segundo o tercer plano. Además, el verano se presentaba muy distinto y algo triste por ser el primero sin un familiar muy querido, y se convirtió en un verano único. No me olvidé de ese acontecimiento de primeros de mayo, evidentemente. Pero sí me lo hizo más llevadero. Y me alegraste la vida. Con tu sonrisa, tu simpatía y forma de ser y tu gracejo almeriense me cautivaste. Algo en teoría complicado, estando tan lejos en la distancia. Pero así ocurrió. No sé realmente qué te hice yo, pero nos pasábamos horas y horas, trasnochando como monjes o hackers, hablando, riendo, hablando y hablando, conectando. Mucho. Tanto que surgió algo más fuerte. Luego llegó el móvil, hablar por él y los mensajes por doquier. Más fuerte. Aún me pellizco, como si no me creyese todavía la realidad. Porque ni de lejos imaginaba lo que estaba por llegar. De lejos, lo mejor que me ha pasado.
Y aún faltaba lo mejor, desde luego. El verse. Encontrarse cara a cara. El ansia podía con nosotros, ¿recuerdas?. Al final llegó el momento. Puerta de Purchena. Plaza mítica de la ciudad donde las haya. Y preciosa. Ilusión. Nervios. Espectación. Dudas (por mí). Nervios. Llega el momento. Me acerco a la única estrella de la plaza. Y todo fue perfecto. Paseo de Almería abajo y tras unos quince minutos de rigor, dejamos hablar y actuar al corazón.
Y desde entonces fuimos los reyes de Almería esas noches, paseando de la mano, entrelazando los sentimientos por entre las oscuras calles del casco viejo, dándonos besos furtivos y robados (otros no tan robados) a cada poco, a cada recodo de antiguas calles las cuales, si antes ya estaban en mi corazón por ser de mi ciudad, ahora estaban más dentro aún y se me harían más inolvidables: Tiendas, Ricardos, Real, Mariana, Lope de Vega, Navarro Rodrigo, Reyes Católicos, el propio Paseo, Trajano, Plaza San Pedro. A cada recodo, escondiéndonos de la gente y de las miradas como colegiales. Andando atontados. Tomando granizados, como aquel glorioso, eterno e inolvidable de limón de la primera noche. Y dándonos besos con sabor a helado prebiótico. Pero no sólo tomamos helados. En la plaza Vieja del Ayuntamiento degustamos un combinado caribeño (Mojito le llaman) con la banda sonora de fondo, muy típica y estereotípica, de estampa cañí, de un cante flamenco. ¿O eran danzantes balcánicos aquel día? Me fijé más en tus ojos, desde luego. Situados enfrente uno del otro, la luz de las velas iluminaba aún más unos ojos ya de por sí brillantes. Subimos a la Alcazaba, soberbio castillo islámico símbolo de nuestra ciudad, cuando ya el sol se ocultaba tras la mole de la montaña, y nos sentimos reyes de nuevo, en nuestro interior. Reyes sin tesoro ni título alguno, por supuesto. Podría ser el de Reyes Felices, en cualquier caso. No nos hacía falta nadie más. La ciudad, negra y reluciente a nuestros pies, nos hacía enmudecer en su humilde ofrenda. Tú, yo y la ciudad. Nada más. Todo era posible. Al fondo, en su nuevo emplazamiento, la Feria brillaba como una supernova. Feria a donde fuimos y cumplimos con los rituales de rigor, como la degustación de vino de Cariñena. Vino dulce, grato al paladar . Aunque más dulce que tú conmigo no hay nada...
Con todo, siendo verano, llega un momento que la ciudad se te queda pequeña por lo cual la playa se convierte en la mejor opción. Y más si hablamos de Almería, señores (y señoras). Tras ir a las Salinas del Cabo, nos escapamos en un par de ocasiones, como en una película, en coche, a dos escenarios casi vírgenes, míticos, maravillosos. Los Genoveses y la Isleta del Moro, sin más pertrechos que la sombrilla y una toalla y más víveres que algo de picoteo, bebida y café frío. El resto lo pusimos nosotros. Esos días permanecen como un sueño en mí. Aún recuerdo los besos con sabor a sal, empapados de Mediterráneo, los prolongados baños en las cristalinas aguas agarrados como moluscos a la piedra, el aroma a piel tostada por el sol de agosto y rozada por el viento de levante, las "siestas" en la sombra y esos momentos que jamás se olvidan y que no tienen ni diálogo ni música. Sólo esa persona y el paisaje, la naturaleza, ausente, de fondo. Ya sea la inmensidad de la media luna de Genoveses, con su morrón pétreo y sus pinares o el peñasco con el pueblecito pesquero de la Isleta. Aunque el escenario ayude, lo importante es la persona. Yo nunca había tenido tantas ganas de cuidar y mimar a una persona. Ganas de esa persona. De estar con esa persona tan especial y única. Ensimismamiento al contemplarla. Enamorarse, lo llaman. Enamorarse. Quizá me haya enamorado alguna vez. Pero de esta forma, no. No de este modo y de esta fuerza. Sin ánimo de despertar compasión en nadie, sí he de reconocer mi desdicha en cuanto a amoríos se trata. Hasta ahora. Debía de llegar el momento. Encima, donde nací. Contigo. Sólo tú. Y que nada más importe.
La desdicha en cuanto a amores implica que, cuando llega el primero, el de verdad, las sensaciones experimentadas sean, en gran parte, nuevas y extraordinarias para mí. Y así ha sido. Ciertamente parecíamos quinceañeros, (¿y qué?) y lo cierto es que esta felicidad me ha rejuvenecido y me ha reconciliado con las personas. Los múltiples paseos, las conversaciones y las miradas bien pueden confirmarlo. Las noches en el coche también pueden hablar de eso. Noches de verano con el murmullo de las olas de fondo. Sólo el cielo sobre nosotros. Nada más. Vaya un verano, Fernandito. El verano del amor.
Así que se me avecina un otoño (y un año) extraordinario, lo nunca visto. Sólo faltan cuestiones de índole académica y comenzar proyectos de formación laboral para la felicidad completa o al menos en camino: en mi Almería, intentando ser algo por fin y con la compañía, la ayuda y el goce de una persona maravillosa que ha cambiado mi vida. Además, saca lo mejor de mí y me reconduce. Porque si, cuando nos íbamos conociendo los momentos y los sentimientos me hicieron pensar que, tras unas cuantas tormentas y naufragios, podía haber encontrado mi faro, al poco de nuestro primer encuentro me di cuenta realmente de que así era: eres mi faro, mi luz.
TAMNP.
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