23.1.14

Curioso meme de cine.

Estoy en racha de memes, por lo visto.  He encontrado por ahí uno bastante curioso sobre cine, pues se trata de elegir tu película favorita de cada año (según sea su año de estreno, se entiende)  desde el que naciste. Una tarea no siempre fácil, desde luego, no sólo por la cuestión de decidirse por ésta o aquella,  además porque a veces no basta con la memoria y se ha de recurrir a webs de cine para datar las películas y  ver una buena lista de las mismas en tal o cual año.

Intentaré ceñirme al "juego" y elegir sólo una, aunque conociéndome será inevitable que escriba más de la cuenta. Veamos...


-1985:  Sin dudarlo, REGRESO AL FUTURO. Los Goonies también es de este año, pero siempre me gustó más la de McFly. Además, la recuerdo con más cariño. Menciones especiales para  El jinete pálido, La vaquilla Una habitación con vistas.

-1986: Año de enormes películas este (y para haberlas podido ver en el cine, desde luego).   El nombre de la rosa y  Los inmortales tienen momentazos. El sargento de hierro...pocas veces me he reído tanto con una película, pero  LA MISIÓN, aunque algo lenta, es más redonda, más emotiva y más estimable, aunque sólo sea por Robert de Niro, Jeremy Irons, la música celestial de Ennio Morricone y los maravillosos paisajes selváticos (Casi nada...).

-1987:  Impresionante La chaqueta metálica y nostálgicas  La princesa prometida y El chip prodigioso, pero me quedo con  LOS INTOCABLES DE ELIOT NESS. El poder de atracción de la mafia...

-1988: Cinema Paradiso es buena, pero siempre he considerado modestamente que la banda sonora de Morricone es superior a la película.  Arde Mississippi es fantástica, y Willow me marcó bastante cuando era niño, pero  LAS AMISTADES PELIGROSAS es un peliculón novelesco. 

-1989:  Otro año interesante, con la secuela de Regreso al futuro y grandes películas, bien distintas, como Mi pie izquierdo, Batman, o Nacido el cuatro de julio. Pero también está INDIANA JONES Y LA ÚLTIMA CRUZADA, de la cual ya escribí  en su momento,  así que nada más cabe añadir. 

-1990: Además de Bailando con lobos y de Regreso al futuro III, para mí 1990 es mafia con  Uno de los nuestros  y  la tercera y última película sobre los Corleone. Difícil decisión. Gana por poco EL PADRINO. PARTE III

-1991:  En este año hay terror con El silencio de los corderos, magia Disney con La bella y la bestia y medievo con Robin Hood, príncipe de los ladrones, pero también un exitazo que marcó una época y   ha envejecido admirablemente bien: TERMINATOR 2: EL JUICIO FINAL.

-1992: Buena cosecha ésta. Drácula de Bram Stoker, notable, sin embargo queda por detrás de  Sin perdón, Reservoir Dogs y El último mohicano. Dilema. ¿Por qué me prestaré a estas elecciones? Me quedo con  EL ÚLTIMO MOHICANO  y su romanticismo heroico.

-1993: Pocos años hay con tantas grandes películas como éste. En el nombre del padre y Atrapado por su pasado son excelentes, y pocas me han marcado más que  Jurassic Park. Sin embargo, LA LISTA DE SCHINDLER son palabras mayores. 

-1994:  ¡Vaya cuatro en el noventa y cuatro! Pulp Fiction, Forrest Gump, Cadena perpetua y El rey león. Todas valen su peso en oro Lo lamento por Jules y Vincent, Simba y Forrest, pero a la cárcel con Andy Dufresne y su  CADENA PERPETUA.

-1995: Cuatro grandísimas películas, cada una en su estilo, como son  Rob Roy, Casino, Seven y Toy Story. Cualquiera ganaría.  Pero sería imposible que no eligiera  BRAVEHEART , por razones de sobra conocidas. 

-1996:   Tesis, Sleepers, Los demonios de la noche, El paciente inglés...pero hace unos meses vi  FARGO  y me alteró.

-1997:  LA VIDA ES BELLA, indiscutiblemente. Lo siento por los polis corruptos de  L. A Confidential y por Pacino en Pactar con el diablo. 

-1998: La máscara del zorro  y  Very bad things, buenas. Sin embargo,  que me perdonen "El Nota"  (El gran Lebowski) y Derek (American History X), pero tengo que  SALVAR AL SOLDADO RYAN

-1999: Es el año de Matrix, pero nunca me llegó. Con el paso de los años me he dado cuenta que La amenaza fantasma es bastante floja. Menos me canso de volver a ver  La momia,  Toy Story 2  Sleepy Hollow; Algo pasa con Mary  American Pie son dos mitos de la adolescencia. Por último,  Una historia verdadera es preciosa. Pero mi vena fantástica-medieval me impulsa a decidirme por EL GUERRERO Nº13.  ¡¡Valhalla!!

-2000: Hablar de este año es hacerlo de la superlativa Gladiator, especialmente. Y  de la grande El patriota.  Pero me decido por otra película que tampoco me canso de ver , tronchante y contundente,  y de la que también me sé escenas y diálogos hasta la obsesión:  SNATCH: CERDOS Y DIAMANTES.

-2001: Enemigo a las puertas  tiene su aquel  y  Training Day es hasta adictiva, pero este año estalló, para bien y para mal, la "tolkienmanía" de la mano de Peter Jackson: EL SEÑOR DE LOS ANILLOS: LA COMUNIDAD DEL ANILLO. Magnífico comienzo.

-2002:  Ciudad de Dios me encantó,  Camino a la perdición me fascinó, y  ¿qué decir de El señor de los anillos: las dos torres?. Pero gana  GANGS OF NEW YORK, aunque sólo sea por el extraordinario Bill Cutting de ese actorazo llamado Daniel Day-Lewis.

-2003:  Vaya añito...El señor de los anillos: El retorno del rey, Mystyc River, Kill Bill: Vol.1, Piratas del Caribe: la maldición de la Perla Negra, El último samurái... Sin embargo, debo honrar a una película extraordinaria de mar y guerra algo infravalorada: MASTER AND COMMANDER: AL OTRO LADO DEL MUNDO. 

-2004:  Hay emoción con Clint Eastwood en Million Dollar Baby y  "gore cristiano" con La Pasión de Cristo de Mel Gibson, pero también Tarantino,  siempre inclasificable: KILL BILL: VOL.2  (esa salida de la tumba al ritmo de Morricone...)

-2005:  Otro año realmente difícil. Spielberg volviendo por sus fueros en Munich, Viggo Mortensen como padre no tan ejemplar en  Una historia de violencia, o el renacer de un superhéroe (Batman Begins, para mí la mejor de la trilogía). Me gustó mucho Cinderella Man y Sin City también es adictiva. Luego está El reino de los cielos: una película con una trama débil,  actores reguleros -la espada de Orlando Bloom transmite más que él- y un mensaje histórico y político bastante discutible, pero en pantalla es un espectáculo y no puedo dejar de verla, ésa es la verdad. Pero también me encanta MATCH POINT, superlativa a bastantes niveles. (Y no sólo por Scarlett Johansson, malpensados/as...)

-2006:  Tremendo año. La segunda de Piratas del Caribe, Alatriste,  V de Vendetta, Infiltrados, El ilusionista... Las dos últimas un poco más por encima del resto, y ganaría por poco INFILTRADOS. Nicholson y Scorsese en Boston, vaya combinación...

-2007:   Lo recuerdo muy bien. El miedo como pocas veces en REC,  la mafia rusa de Promesas del Este y la yanqui en American Gangster,  los mayas de  Apocalypto y sobre todo, Leónidas y sus espartanos en  300. Imposible que no eligiera ésta.

-2008:  El caballero oscuro...notable, sí, pero prefiero la primera.  La noche es nuestra tiene muy buen estilo,   pero GRAN TORINO supera a todas. Eterno Clint.

-2009: Malditos bastardos, con sus golpes, aciertos y desaciertos, no me termina de llegar. Watchmen se hace algo larga, El luchador me gustó mucho y  Resacón en Las Vegas es una carcajada continua.  Sin embargo, CELDA 211  es uno de esos raros ejemplos con que el cine patrio nos sorprende -para bien- a veces.  

-2010:  Me encantó Valor de ley y cuando vuelves a ver Shutter Island gusta más,  pero TOY STORY 3  es una jodida obra maestra. Personajes como Lotso, el malvado "osito abracitos", son geniales y no se olvidan fácilmente, así como el final de la película. 

-2011:  No habrá paz para los malvados, Resacón 2, ¡ahora en Tailandia!, Jane Eyre...aunque también está EL ORIGEN DEL PLANETA DE LOS SIMIOS

-2012:  He visto muy pocas películas de 2012; ni las más conocidas,  como Django desencadenado o la tercera de Batman, ni otras más secundarias. Eso sí, ví  EL HOBBIT: UN VIAJE INESPERADO, para mí mejor que su continuación.

-2013: Como el año anterior, no he visto casi ninguna, y una de ellas es la segunda de El Hobbit... Pero GRAVITY   me gustó bastante.

15.1.14

¡¡Test mu-musical!!

  Como suele ser habitual, vuelvo a copiarle a la compañera Lalachan de su fantástica  biblioteca bloguera (a donde os recomiendo que os perdáis, en el buen sentido de la palabra) un MEME, una especie de test, esta vez sobre gustos musicales. Aunque es verdaderamente difícil decidirse por una canción en concreto, la verdad, y las respuestas no siempre son rotundas y lapidarias, pues podría decir cinco respuestas como mínimo de cada pregunta.    La música es otra de mis pasiones, y es increíble como se amoldan a momentos determinados, cómo te recuerdan personas o evocan acontecimientos o épocas concretas, y te animan, te alegran o te entristecen. Ya dije una vez que, aunque me suele tirar el rock y el heavy metal, mis gustos son bastante variopintos y me puede flipar tanto un pasodoble como Rhapsody o una canción italiana.  Allá vamos...

1. Una canción de tu infancia.

Lo siento, pero no puedo evitar no decir la de la intro de He-Man, esa mítica serie de los Masters del Universo que tanto nos marcó a los niños de los 80, volviéndonos locos y pidiendo a nuestros padres muñecos y cacharros. Yo la cantaba, de hecho, con mi espada luminosa en lo alto:  "El universo, ya está protegido/ por el poder de Grayskull/ con secretos poderes de este gran castillo/  He-Man luchará hasta el final/ ¡¡¡¡He-Man!!!!"...



2. Una canción de tu adolescencia.

De la adolescencia tardía, por así decirlo. Diría  "Aquí estaré", de Avalanch. Una canción que me marcó, me trae muy buenos recuerdos y tiene mucho significado. 


3. La mejor canción de la historia.



Tópico tal vez, pero  "Stairway to heaven", de esos dioses excesivos también conocidos como Led Zeppelin, es una verdadera escalera musical y mística  al cielo (la perfección), donde nada falta ni sobra. Empieza suave, tenue, para ir subiendo luego y por último acabar en calma. Pertenece además a esas pocas canciones que suelo poner muy de vez en cuando, para no "desgastarla", no banalizarla, no abusar de ella, no vulgarizarla. 



4. La mejor de tu grupo favorito.


¡Qué preguntas tan complicadas! Mis dos grupos favoritos son Led Zeppelin y Queen, y como ya he puesto una de los primeros para la mejor canción de la historia, vamos con Queen. Podría decir "Bohemian Rhapsody", pero digo "Innuendo", otra canción superior, rotunda e inolvidable, que me emociona tanto por la letra como por ser una de las últimas cantadas por Mercury. 

5. La mejor voz femenina.

Pues este último año he descubierto a Lana del Rey, y la verdad es que su voz, tenue, grave y como melancólica me encanta, así como sus canciones. 




6. La mejor voz masculina.



Sin ninguna duda, LA VOZ es  Freddie Mercury.



7. Una canción prohibida.



Cualquiera de Pablo Alborán.



8. Una canción que siempre te alegre el día.

"Hammer to fall", de Queen. Siempre me anima, me pone de buen humor y me da fuerzas cuando la escucho muchas mañanas (o a cualquier momento del día). 



9. Una canción que te marcó.



Me han marcado varias, pero podría decir "Ancha es Castilla", de los buenos tiempos de Mägo de Oz. Aunque "Ancha es Castilla"  es una expresión histórica,  la canción tiene bastante culpa de que este blog se llame así. Tuve una época que estrofas como "Todos soñamos con ser/ un caballero y tener/ algo por lo que luchar/ y un amor que defender" "Grítale al cielo que no/ quieres ser sólo uno más/ Ancha es Castilla y el sol/ tu caminar guiará" eran lo más de lo más.





10. Una canción que hayas escuchado más de tres veces seguidas.

Han sido varias, pero por ejemplo, "Wisdom of the kings", de Rhapsody. Hubo un tiempo que no me cansaba del doble bombo y de la mezcla entre guitarras, música clásica y letras sobre leyendas y héroes. 


11. Una canción para salir de marcha.



Podéis matarme, pero cualquiera de Pitbull ("Don´t stop the party""Feel this moment", por ejemplo). Sí, no tengo remedio, pero se trata de canciones para salir de marcha, ¿no? Y por lo menos a mí me entonan; no me voy a poner  "Dust in the wind" o alguna del Requiem de Mozart para salir...



12. La que quieres que suene en tu funeral.


Siempre suelo decir, medio en broma medio en serio, "In my time of dying", de Led Zeppelin. Pero supongo que me decidiría por  "Finale", del maestro Ennio Morricone, en la banda sonora de Once upon a time in the west (1968),  spaguetti western de Sergio Leone.



13. Una canción que te recuerde a tu amor.



Puede sonar algo ñoño, pero "Corazón contento", de Palito Ortega, es una de ellas. La canción expresaba muy bien cómo me sentía en esos primeros momentos de aquella relación, ya pasada.





14. Una pieza de música clásica.



Otra pregunta difícil...tras mucho pensarlo e indecidirme, digo "Wir setzen uns mit Tränen nieder" de La Pasión según San Mateo  de  Johann Sebastian Bach. Música celestial...



15. Estilo musical que más te gusta.

El hard rock y el heavy metal, especialmente los de los 70, 80 y principios de los 90. 






16. Estilo musical que no te gusta nada.


 Si digo el reggaetton mentiría como un bellaco  y no sería creíble, ya que, aunque no es ni de lejos mi estilo favorito y tiene muchas canciones infames, me hace gracia escucharlo y cuando salgo de fiesta me gusta, para qué negarlo...así que diré el death metal. 




17. Una canción que te dé miedo.

Miedo no sería la sensación correcta, pero siempre que he escuchado, ya fuera en la película o en el disco, cualquier canción de la banda sonora de La lista de Schindler (John Williams),   me produce desasosiego, con esas voces infantiles,  y me invade un sentimiento de entre pena y terror por el asesinato indiscriminado de judíos inocentes, tanto niños como adultos,  evocándome imágenes en blanco y negro de muerte, humo y ceniza. Es imposible alegrarse con una canción así o hacer algo positivo mientras la escuchas. 






18. Una canción que te haga sonreír.



Ahora mismo, no se me ocurre otra, y por razones obvias, "Te quiero puta" , de Rammstein. Más que sonreír, me río.  Si alguien no la ha escuchado nunca, ¡que vaya ahora mismo a ello!





19. Una canción que te ponga triste.


"Always on my mind",  pero la versión de Elvis Presley. Es una canción preciosa, y me encanta, pero me recuerda a cuando mi madre lo pasó especialmente mal (y lo sigue pasando) por mi culpa.





20. Una canción que te gustaría que te dedicaran.



Que me dedicaran, ¿quién o quiénes?. Quizá "With a little help of my friends", de Joe Cocker.





21. Un cantante o compositor por el que te decantarías.

Con tanto cantante, pasemos a un compositor moderno. Ennio Morricone, sin duda. Su música hace tiempo trascendió de las películas y desde hace mucho tengo el ipod (antes walkman y mp3) plagado de sus obras. 







22. Un grupo que, aunque no es de tu estilo, te gusta.

Rammstein, por ejemplo. 



 Y,  para terminar, una canción de regalo, la que quieras.

"More than a feeling", (Boston), una de las canciones de mi vida.


4.1.14

"El hobbit": La desolación de Tolkien.

Un año después de la primera entrega pude ver hace dos días "El hobbit: la desolación de Smaug"segunda de la nueva trilogía perpetrada (sí, perpetrada)  por Peter Jackson sobre el libro del mismo nombre acerca de la asombrosa aventura de Bilbo Bolsón. Como al poco de ver en el cine "Un viaje inesperado"  hablé aquí sobre ella, ¿por qué no analizar ahora la segunda, ya que está bien reciente? .  Y espero ser más conciso y breve que el año pasado. 

(Es posible que quien no la haya visto aún, no quiera que le sean revelados ciertos aspectos de la película. Por tanto, que no siga leyendo, o, si es de esas personas a quienes ello no le importa, que continúe.) 

Una vez contemplados los eternos 160 minutos de esta segunda película, se confirman  las ideas, las opiniones y las consideraciones tras la primera, e incluso surgen otras nuevas:

-Por lo pronto, se confirma a Peter Jackson como un tipo de lo más grandilocuente y ególatra, interesado en deslumbrar y extenuar visualmente y saturar hasta la náusea, exagerando al máximo (y no sólo en metraje) y, por supuesto, en seguir vendiendo su producto y haciendo caja. Ya dije que lleva camino de ser el nuevo George Lucas (en la parte negativa de éste). Pues sí. Alcanzó la gloria con la trilogía de ESDLA y no hay más que contemplar su filmografía posterior, con King Kong (una buena y disfrutable película, pero en donde ya se le empieza a ir de las manos), The lovely bones (un pastiche grandilocuente y excesivo totalmente vacío de contenido) y ahora esta nueva trilogía. 

- ¿Trilogía? Y no de películas de metraje medio precisamente, no. Trilogía...  ¿Dónde vas, Peter? (o dónde van las productoras).  De un libro de apenas 300 páginas no se puede sacar, es imposible, no hay redaños para tres peliculones de...169 minutos la primera, 160 la segunda...¿cuánto durará la tercera y última? Se irá otra vez a los 170 , supongo, por aquello de ser el broche. Y me gustan las películas largas, pero pocas veces he tenido esa sensación de "joder, ¿aún no acaba?". La falta de ritmo y la saturación de imágenes rápidas y de acción es constante y provoca eso, por lo menos a mí. Innumerables escenas se caracterizan por...un resbalo en un precipicio,  o una llave fundamental y el anillo que casi se caen al abismo, o  unos cuantos "este es el final, hasta aquí hemos llegado", etcNo hay descanso para nada, y lo peor es que la película no tiene pulso y el interés decae unas cuantas veces. Nos encontramos ante una trilogía de cerca de 500 minutos (o más) hecha a partir de un librito de menos de 300 páginas. Dos películas de entre 120 y 140 minutos cada una hubieran sido más que adecuadas.

- Se confirma  también lo de película entendida como videojuego. Si ya en la primera (y en ciertas partes de la trilogía de El señor de los anillos) se tenía la sensación de que se asistía a un logrado videojuego en el que ibas aniquilando a los enemigos aporreando los botones y las pantallas y los niveles se iban sucediendo, en ésta es tanto o más. Las maravillas de la CGI que nos asombraron a todos en La comunidad del anillo, Las dos torres y El retorno del rey ya no sorprenden tanto en estas dos nuevas películas, quizás por saturación y porque suena demasiado a ya visto. Hasta las arrugas de la cara de Gandalf parecen hechas por ordenador.  Un Gandalf quien,  por cierto,  lucha de nuevo  en una especie de puente de Khazad-Dûm. Por no hablar que la multiplicación de orcos y demás alimañas (añadido de Jackson) sirve para el lucimiento de personajes de la primera trilogía  inexistentes en el libro de Tolkien, como Legolas (nuevo añadido del director), y que sus flechazos, sablazos, decapitaciones y brincos entre las cabezas de los enanos llenen bastantes minutos. Esto empaña el buen trabajo en la recreación de ciudades y ambientes y en Smaug. El malvado dragón es realmente espectacular y es una maravilla verlo y sentirlo. 

- El tono. Hasta quien haya leído poco a Tolkien sabe que El Hobbit es un libro más infantil y hasta cierto punto intrascendente si lo comparamos con El señor de los anillos. El británico escribió el primero como un cuento de magos, enanos y dragones para entretener a sus hijos, y con ciertas dosis de heroísmo y epicidad. Pero ni hablar del enfrentamiento casi apocalíptico entre el Bien y el Mal, como sí se vio luego en la obra de El señor de los anillos y como se empieza a ver en esta nueva trilogía de Peter Jackson, donde además el Anillo Único ya es algo maléfico que comienza a corromper a Bilbo. Si en Un viaje inesperado se daba la extraña combinación entre situaciones desenfadadas y  ligeras y escenas gore, en esta segunda película el tono es más oscuro y épico, exageradamente épico; los enanos nunca lucharon contra Smaug dentro de Erebor, por ejemplo (no hay por dónde coger todo eso de las fraguas y la estatua de oro gigante).  No hubiera sido tan difícil mantener un estilo más o menos fiel al libro de Tolkien, y un tono digamos juvenil, risueño,  pero con ciertas y necesarias dosis de adultez, leyenda y épica.

- Se confirma también que Peter Jackson es todo un engordador de historias y tramas. Como le parecen insuficientes menos de 300 páginas para realizar una nueva trilogía que agrande su ego, ha de recurrir, no sólo a la informática, sino además a otras historias escritas por Tolkien para insertarlas o directamente a crear personajes nuevos, como la elfa Tauriel (protagonista de una especie de romance con un enano que haría remover al escritor en su tumba).  Y, desde luego, el incremento del factor orco se debe a él, con incesantes persecuciones e incluso una especie de  "comando orco" entrando por la noche por los tejados de Esgaroth. Por no volver a hablar de los excesivos minutos dedicados a Thranduil o a la estrella Legolas (en principio un cameo, pero vaya cameo...casi es coprotagonista).   Ya uno hasta  se espera que en la tercera salga por sorpresa Aragorn, echando una mano en el ataque de Smaug a la ciudad del lago. Bilbo, por contra, tiene bastante menos protagonismo del que se esperaba, aunque acertadamente se ha incrementado el de los enanos -aunque no mucho- profundizando en algunos de ellos. Luego, Beorn es poco más que intrascendente (omitiendo además lo cómico de la entrada en su casa como se lee en el libro),  Gandalf apenas tiene unos minutos y en cuanto a Bardo, su personaje es misterioso, heroico y atrayente (como en El hobbit) aunque bastante desvirtuado en general respecto a la obra de Tolkien (no es Aragorn, que quede claro),  por no hablar de las vodevilescas figuras del gobernador de la ciudad y de su "consejero" (un Grima II  totalmente inventado)  y de la innecesaria crítica sociopolítica que se introduce. Sin duda, la estrella y el gran descubrimiento de esta segunda parte es Smaug, pues es orgulloso, malvado y temible; además, en versión original cuenta con la voz de Benedict Cumberbatch y por lo visto resulta aún más extraordinario. 


Resumiendo, El hobbit: la desolación de Smaug, no es una mala película, por supuesto, pues es todo un espectáculo y entretiene pese a algunas lagunas,  pero a mí me supone una nueva bajada de nivel con respecto a la primera y confirma que las altas expectativas puestas en la versión fílmica de El hobbit (cuando se conoció que Peter Jackson las iba a realizar) van quedando cada vez más defraudadas. Y es una pena porque el arranque de La desolación... es fantástico, con una tensa  escena de diálogo entre Gandalf y Thorin en  "El  Poney Pisador".  Posiblemente, para quien busque espectáculo de CGI, saturación de acción y elfos dando estopa sin despeinarse, la película le encante, pero para quien crea encontrar una película de aventuras y leyendas con sus queridos personajes de las páginas, se va a sentir algo estafado o por lo menos levemente molesto porque realmente  no se esperaba que de la entrañable aventura de Bilbo y los enanos se pudiera perpetrar semejante huracán de efectos especiales, orcos e innecesarias historias románticas. Pero igual hay gente fan de los libros de Tolkien a la que le vayan encantando estas dos películas. Cuestión de gustos. 



+Lo mejor:  

- Smaug, tanto visualmente como cuando habla. Impresiona, intimida y maravilla.

- Bilbo y las escasas situaciones en las que es protagonista. Ahí sí es el singular, honesto,  astuto y valeroso hobbit. Fantástico Martin Freeman.

- Thorin y el resto de los enanos, aunque siguen sin ser tan importantes.  Insistentes, orgullosos e  interesados,  pero entrañables.  

- La recreación de ciudades como Esgaroth, Erebor  o  Bree  y  de lugares como el reino del Rey Elfo y sus respectivos ambientes.  Los  escenarios naturales de Nueva Zelanda. Eso sí es un espectáculo visual.

- La banda sonora (aunque no demasiado) y la fotografía. 


+ Lo peor:

- Personajes nuevos como Tauriel y lo que aportan y el exagerado protagonismo de otros colocados para recrearse como un cruel Legolas, el exceso élfico o la bandada incesante de orcos. 

- El inflamiento innecesario de la trama de la película  con sub-tramas, historias y personajes que desvirtúan o relegan a otros de la obra original. Y Bilbo pasa a un segundo (o tercer) plano.

- El uso abusivo de los efectos especiales. Bueno, abusivo es poco. Si hasta los ojos de Legolas están retocados... La huida en los barriles por el río es sólo un ejemplo del afán palomitero, videoconsolero  y de recreación exagerada de los responsables de la película.

-  La tendencia a lo grandioso, a lo excesivo, a lo cargante y arrollador,  de éstos últimos, sean quienes sean  (no sólo Peter Jackson como director y co-guionista va a ser el único responsable, desde luego). Cada frase, cada gesto,  cada movimiento de los personajes es un momento como ninguno, un hito, un escenón. Eso a la larga cansa, pienso humildemente. 

- El metraje. Sobran por lo menos 40 minutos. El ritmo y el interés no siempre es alto.

11.12.13

Tertulianos, esa plaga.

De un tiempo  (diríase en los estertores del zapaterismo, mediado 2009 y sobre todo 2010-2011)  a esta parte, hemos ido asistiendo a cómo en televisión han proliferado y proliferan como hongos programas de debate y análisis político y de actualidad donde las estrellas, lejos de ser los temas y el nivel intelectual del debate, son los tertulianos y tertulianas del mismo.

En la larga agonía del gobierno de  Rodríguez Zapatero, cadenas abiertamente contrarias a su socialismo como Intereconomía TV hicieron el agosto y vieron notablemente incrementados sus cifras de audiencia con programas donde el punto fuerte se hallaba en los debates entre tertulianos, donde se hablaba de la latente actualidad política (esa negada crisis en ciernes) se solía poner en entredicho al presidente y se trataban otros temas de a diario. Con el cambio de gobierno y el ascenso del PP al mismo, recogió el testigo de azote  y explotadora de debates otra cadena como La Sexta, claramente tendenciosa en contra del PP. En La Sexta se distinguen claramente dos etapas, la primera desde su nacimiento en 2006  hasta finales de  2011 y la segunda desde esa fecha -victoria del PP-, pues con este partido en el gobierno no ha dejado de incrementar los programas sobre actualidad política y debate (2 al día),  discurriendo apenas 4 horas entre la última tertulia y la siguiente.  Es más, por lo visto consideran escasas  esas dos de lunes a viernes y desde hace poco hay otra más los sábados por la noche. Oportunismo;  siempre se vive mejor contra el enemigo, desde luego. 

En la situación actual, con una clase política cada vez más devaluada y despreciada y con razón (corruptelas, falsedades, irresponsabilidades),  una Justicia en entredicho (y en ocasiones demasiado relacionada con aquella), una economía renqueante y  poco fiable y  un estado general de la sociedad y de la nación más que calamitoso a todos los niveles, la televisión recurre a lo fácil. Es decir, para generar opinión e informar al público,  si se quiere,  en vez de recurrir a científicos, literatos, economistas de verdad, historiadores, antropólogos, filósofos  y un largo etcétera (vamos, intelectuales con todas las reglas de la ley, quienes como siempre permanecen marginados, recluidos en sus libros, sus publicaciones y sus blogs), por ejemplo,  las cadenas televisivas no dejan de incrementar esos programitas con mesa donde una troupe de tertulianos (y tertulianas, por supuesto, pero de aquí en adelante emplearé sólo el masculino, sin ninguna razón especial) expertos en todo y sabios en nada, desgranan uno por uno los asuntos del día y/o la semana. 

Sí, expertos en todo. Todo buen tertuliano que se precie ha de saber hablar (y pontificar, en los casos de tertulianos más capaces) sobre cualquier tema: la prima de riesgo, Gibraltar, los desahucios, la banca, el capitalismo, la política exterior,  el rescate, Obama, las cuentas del rey y el papel de la monarquía, la casta política, José Bretón, Bárcenas,  la cadena perpetua, el terrorismo, los nacionalismos periféricos, Urdanga,  la doctrina Parot,   la fimosis de Franco, etc, etc. 

Podría argüirse que esto de los tertulianos y los acalorados debates en televisión no deja de ser un reflejo de uno de nuestros deportes nacionales, pues pocas cosas son más españolas que arreglar el país (y el mundo si se tercia) desde la barra de un bar con una caña o tomando un café. Pero hay una sutil diferencia. Las preocupaciones de las clases medias y bajas no son exactamente las mismas que la de estos bienpagados periodistas (y no periodistas) quienes con frecuencia dicen representar y dar voz al pueblo,  y, desde luego, a nadie que debata acaloradamente con los amigos en un bar o una cafetería se le paga por ello.

Pues los tertulianos televisivos, evidentemente, cobran por sus inestimables servicios. Informaciones fiables -digo fiables porque uno de ellos lo insinuó una vez-  hablan de 300 o 400 euros como mínimo por rato (es decir, media hora,  una hora,  a veces dos). Es un excelente negocio (e indignante para el resto de las personas), que te den tantos billetes por decir tres sandeces en un plató. Vamos, si un individuo se pasea unas 4 veces por semana por las televisiones  (además, no estoy contando las tertulias de la radio) ya tiene  1.600 euros semanales más en la cartera. Bonito, ¿eh?

Así las cosas, en los últimos dos o tres años no han dejado los tertulianos de aumentar su presencia en platós y cadenas.  Tanto que se ponen de moda denominaciones nuevas o antes muy poco usadas, como "analista político"  "de  actualidad" (Además, un tertuliano no quiere ser motejado de "tertuliano", prefiere el más elegante de "analista") .
La situación está llegando a ser agobiante pues dado el afán trabajador de ciertos individuos, es bastante posible ver a un tertuliano todos los días, o por lo menos 5 de los 7  (¡Más que a ciertos amigos y familiares!) . Es más, en ocasiones en un día su imagen puede repetírsete aunque cambies de programa y de cadena. Misma cara, mismas expresiones, misma prepotencia (a veces), misma mala educación (a veces). De verdad aburre y desasosiega, pues uno tiene la sensación de deja vú. Y más si por desgracia no se trabaja y se tiene mucho tiempo libre, como es mi caso.  Ante la enésima contemplación del experto tertuliano y de su careto conocido, últimamente opto por cambiar de cadena (siempre habrá algo mejor que un debate televisivo) o apagar la tele (siempre habrá algo mejor que ver la televisión). 

Antes, hace años, llegaba la hora de una tertulia, y se veía con verdadera gana, pues era novedoso. Ver a alguno de tus periodistas favoritos, ya fuera  por sus ideas, sus programas o sus artículos periodísticos, era un estímulo, para qué negarlo. Actualmente, ya no, tal es la saturación de tertulianos; y es más, han dejado de caerme bien hasta los que piensan como yo o parecido, pues ya los veo prepotentes, repetitivos, observándome desde una posición elevada, despectiva.

Uno entiende, en contra del parecer general de los responsables televisivos y de los espectadores (pues estos debates y programas siguen teniendo buenas audiencias) , que en un contexto de sobreinformación como el actual  de sobra conocemos las opiniones de estos preclaros periodistas  y "periodistas" pontificadores, ya sea en sus artículos periodísticos, en sus blogs, en su Facebook o en su Twitter, por ejemplo. Pues no. También han de darnos la brasa día tras día, detrás de una mesa y escupiéndole al rival y al espectador.  Hasta el final. 

En estos dos o tres años he podido hacerme medianamente experto en  reconocer y conocer detenidamente a cada uno de ellos (y a algunos ya sabía de qué pie cojeaban por leerlos en los periódicos o en webs) por lo que pueden hacerse distinciones y clases entre la variada aunque en el fondo tan parecida entre sí clase tertuliana. Así, tenemos:

- El sabelotodo: todo buen tertuliano que se precie es sabelotodo por definición, si bien pueden hacerse distingos entre los que tienen menos o más modestia,  hablan con mayor suficiencia, pontifican con aires de superioridad o tratan despectivamente al rival o rivales. Poco o nada importa que siendo sólo periodista parlamente con mucha propiedad de economía, de historia o de leyes. En esta dura y larga crisis, de entre las huestes tertulianas han surgido muchas voces de la nada que ¡oh, cielos! resulta que sabían mucho de economía, no sólo para poder sentarse en un plató, también para escribir libros, por ejemplo.  Su superioridad moral es más intensa que en el resto de tertulianos, y  su capacidad para hablar de cualquier tema debe ser tal que el titubeo o las concesiones al contrario no se contemplan. A degüello. Un excelente ejemplo es la insoportable Elisa Beni, aunque también están la chabacana Pilar Rahola, la rígida Carmen Tomás,  los ínclitos Isabel Durán  e  Ignacio Escolar ( blogger y tuitero con predicamento entre la progresía, escribe libros de economía, de historia, de novela histórica y de relatos cortos. Lo parte, el muchacho),   Rubén Amón (quien rizando el rizo también frecuenta las tertulias deportivas)   o   el  maquiavélico  Eduardo Inda (de la polémica dirección de Marca a destapar los escándalos de Urdangarin). 

- El pijoprogre: suele ser joven (aunque los hay maduros) ,  "progresista" y  decidido socialista, pero no socialista de los años 80 y 90, sino de la nueva hornada surgida al calor de Zapatero con personalidades tan destacadas como Elena Valenciano,  Leire Pajín, Óscar López , Beatriz Talegón  o  "Edu" Madina. Es decir, políticos de escasa preparación y trayectoria pero llamados a ser los próximos líderes del socialismo español. Son pijoprogres, como pijoprogres son estos maniqueos  sectarios que se dicen de izquierdas (algunos, más que socialistas, se arriman más al comunismo)  y suelen hacerse (y defender a ) los indignados, despotricar contra el "capitalismo salvaje", "la tiranía de los mercados y del neoliberalismo", "la derecha que corta las libertades"   y  decir demás coletillas de progre. Sin embargo, en los programas no se despegan de sus  Apple (ya sean caros I-phones o no menos baratos I-pads),  suelen ser bastante activos en Twitter y están a la última en todo. Pese a su pretensión de pasar por pueblo llano, no tienen remilgos en pasar por caja como tertulianos, y  tienen una pinta de  hijos de papá con colegio privado y vida fácil que se ve a la legua. El ejemplo más notable es de nuevo Ignacio Escolar; también Fernando Berlín es una buena pieza, como  Jesús Cintora,  y,   éste más talludito ya, Antonio García Ferreras.

- El liberal: se autoproclaman y van por ahí de liberales, aunque la mayoría no sepa del todo bien qué es eso. Conservadores, defienden con pocas fisuras al PP, y su labor consiste básicamente en minimizar y quitarle todo el hierro posible a las numerosas cagadas y barrabasadas de este partido en el gobierno y en el resto de España (con la clásica táctica del  "y tú más"  o " y tú también", tan habitual en los políticos de todos los signos),   así como decididos defensores de la Iglesia.  Algunos con pinta de  pijos de calle Serrano, Son peperos y como tales claros partidarios de Rajoy y de Cospedal  (con ciertos casos de lacayismo)  aunque entre el tertuliano liberal hay dos clases, uno rajoyista (y considerado por todo el mundo como moderado) y otro de ese PP anterior a 2004, es decir, de Aznar, Aguirre y otros (éstos suelen ser considerados como "el ala dura" para los progres), quienes suelen ser los más críticos con el actual presidente del Gobierno.  Liberales son sin duda Federico Quevedo, Isabel San Sebastián,  Francisco Marhuenda, Alfonso Merlos  o Isabel Durán.

- El progre: como el pijoprogre, es claramente "progresista" y socialista, pero es más maduro, más trabajado y más creíble en sus convicciones que éste. La mayoría socialistas de la vieja escuela, suelen posicionarse evidentemente del lado de las clases populares, pero a la vez son más reservados respecto a los indignados y, recalco, no suenan tan falsamente incendiarios como los pijoprogres. Aún así, pasan conveniente  y repetitivamente por caja al acabar su labor, sin reservas.  Serían tertulianos progres  Carmelo Encinas, Fernando Garea, José María Calleja o Antonio Miguel Carmona. 


- El ubicuo ("Ubicuo": Del latín  ubīque, en todas partes, dice la RAE): vamos, que está en todos los platós. Son los tertulianos más esforzados, más enérgicos y trabajadores, pues tienen sobrada capacidad para antes de la hora de comer haber aparecido unas dos o tres veces ante las cámaras en cadenas distintas (y eso, una vez más, que excluyo a la radio) y volver luego con sobradas energías a los debates de la noche. No puede negárseles una total entrega a la causa tertuliana pues se han dado casos de profesionales a las dos y pico de la madrugada (en el debate del Canal 24H de TVE) vistos de nuevo, como una rosa, a las 9 de la mañana del día siguiente en las tertulias matutinas.  Ante ejemplos de ubicuidad extrema llega uno a pensar que disponen de un colchón  en el backstage, para descansar un tiempo entre debate y debate.  Son ubicuos Francisco Marhuenda (que se debe aburrir mucho en su despacho de "La Razón") , José María Calleja, Antonio Miguel Carmona (quien, aunque no lo parezca, es  también catedrático y parlamentario autonómico en Madrid), Carmen Morodo,  Carmelo Encinas,  Eduardo Inda (de nuevo) y desde luego la persistente  Elisa Beni (quien también da lecciones en programas bochornosos como De buena ley).

- El colega: dícese del periodista que suele presumir de contactos y de agenda con vips, ya sea por su labor profesional en el Congreso o en la sede de tal partido  y/ o por sus méritos personales. Suelen soltar coletillas del estilo "conozco muy bien a Fulano y..." , o  "son muchos años con ella  y yo sé qué Mengana no hará...". Algunos se presentan como "amigos de" (como hacen ciertos periodistas deportivos) por lo que su neutralidad debería quedar en entredicho; es más, en ciertos casos han trabajado al lado de un político o un partido.  Es una vieja y polémica cuestión ésta, la de la relación entre política y periodismo. Un buen ejemplo es Esther Palomera, y también contarían y muy mucho Francisco Marhuenda (otra vez, sí)  Federico Quevedo o  Pilar Rahola.

- El de la vieja escuela: clase  en retroceso y poco abundante.  Son los más veteranos en estas lides y a quienes el desarrollo de la informática y de Internet les ha quedado algo lejos, aunque algunos han sabido adaptarse muy bien.  Son profesionales con 60 o más años que empezaron a trabajar en la transición democrática (1975-1982) o incluso antes. Por tanto conocieron otro tipo de periodismo y de televisión, ya extinta. Tal vez por ello, suelen ser los más educados y en muchos casos los que menos superiores se creen.  Aunque como digo ciertos periodistas han sabido modernizarse, otros parecen seguir siendo ese tipo con tirantes, máquina de escribir y whisky en el cajón de la mesa en la redacción. Son de la vieja escuela Raúl del Pozo, José Oneto,  Pilar Cernuda, Fernando Ónega  o Joaquín Estefanía.

- El sin papeles: un poco en relación con la anterior, aunque no necesariamente. Teóricamente, a un debate uno ha de acudir con algún tipo de soporte, de ayuda, ya sea (antes de los portátiles y tablets)  una libreta, unos folios, un libro, algo para justificar las teorías e ideas expuestas, se supone. El sin papeles va tanto sin hojas de papel como sin informática, no se sabe si porque tiene una memoria prodigiosa y recuerda todo para su excelsa exposición de argumentos, o porque a fuerza de decir tres veces al día las mismas tonterías se queda necesariamente en la cabeza.  El mejor ejemplo es José María Calleja (otro multiclase, como véis), aunque también vale Eduardo Inda, de nuevo. 

- El tablet-man: en contraposición al sin papeles. Este tipo de tertuliano, siempre a la última, es inseparable de la tablet o teléfono móvil (se puede dar el caso de un ordenador portátil, pero es demasiado aparatoso; además eso queda para el presentador) , y constantemente recurre a él para decir frases literales, obtener información extra o para justificarse o simplemente pasar de lo que está diciendo otro tertuliano: suele ser habitual la imagen de un distinguido  profesional, pasando el dedito por la pantalla del I-pad, absorto y haciendo caso omiso a la intervención del de enfrente, para luego dar lecciones de dignidad y educación. Con esto de las tablets y los móviles como carpetas se da la circunstancia de que en muchos de estos casos, los más adictos a estos nada baratos aparatos son los más (falsamente) indignados luego con los recortes del gobierno y la precaria situación de los trabajadores y la economía; para más inri, también suelen ser los más (falsamente) anticapitalistas, cuando luego no se despegan de productos claramente simbólicos de Estados Unidos y del capitalismo como Apple. Tertulianos tablets son los inefables  Nacho Escolar, Elisa Beni,  Fernando Berlín o el híbrido Antonio García Ferreras. 

- El despegado: pasota, le da igual todo. Suelen ir de neutrales y no se posicionan con nada ni nadie, critican todo y le dan estopa a cualquiera, aunque en ocasiones se ven sus simpatías y fobias, pero les gusta ir de mavericks de la vida, de ronin de los platós.  Si ya de por sí un tertuliano se cree superior moral y se considera autolegitimado, el despegado es más "molón" aún, pues no se le puede echar nada en cara. Serían ejemplos Alfonso Rojo,  Rubén Amón o Raúl del Pozo, aunque la nómina es amplia, y unos lo disimulan mejor que otros.

- El infiltrado: aquí nos referimos a esos políticos que, ya sea por defender sus ideas fuera del Parlamento,  o porque se aburren mucho en él, o porque su partido ya no le da bola  o porque quieren un suplemento en su ya de por sí generoso sueldo, descienden de vez en cuando de las alturas de su escaño y se sientan  con otros periodistas o profesionales. Creen que están dando la cara por el pueblo y por sus votantes cuando resultan tanto o más insoportables que la mayoría de tertulianos. Son infiltrados  el diputado del PSM Antonio Miguel Carmona, los independentistas Joan Tardà y Joan Ridao, el niño bonito de Izquierda Unida Alberto Garzón, los peperos Francisco Granados y Antonio Hernando,  el catalán que no catalanista Albert Rivera  o el "senador" Iñaki Anasagasti.

- El presentador:  clase híbrida ésta. Supuestamente simples presentadores del debate, en teoría su labor ha de limitarse a exponer los hechos,  controlar los tiempos, quitar y dar la palabra a los contertulios...pero no. Un presentador es también tertuliano pues a la mínima da su opinión sobre los temas y en ocasiones impone la suya. Se les ve tanto el plumero que clama al cielo cuando se presentan como neutrales. Los de los programas  de Intereconomía son un buen ejemplo, así como Jesús Cintora o Antonio García Ferreras, todo un tertuliano más. 

- El cruzado: alguien que va a defender sus ideas a territorio hostil y enemigo. Dícese del periodista (aunque casi hay más políticos) nacionalista-separatista que constantemente desprecia a España y la idea de la unidad nacional desde sus artículos/trabajo  o su labor como parlamentario/senador, pero que sin embargo no tiene reparos en acercarse a Madrid/Madrit , capital cavernaria, para dar la brasa a nivel nacional a hablar de cualquier tema, y, lo que es más importante, cobrar una vez más a costa del odioso Estado Español (aunque, bien mirado, eso debe excitarle, el de que te paguen dinero por despreciar lo que odias o dices odiar). Cruzados son Pilar Rahola, Antón Losada,  Joan Tardà, Joan Ridao o ese digno senador del PNV, Iñaki Anasagasti. 

- El esporádico: clase minoritaria, y los más admirables (tal vez sea porque tienen más principios que el resto). Periodistas que aparecen muy de vez en cuando en pantalla (en ocasiones, sólo una vez por semana), ya sea por timidez, porque consideran que ya dan su opinión en su periódico o página personal o porque simplemente no les da la gana de convertirse en un pontificador experto en todo. Dignidad, se llama. Mi admirado David Gistau, fiel todavía a sí mismo, sería un buen ejemplo (y  su amigo, el igualmente grande Manuel Jabois, no frecuenta ninguna) ; también valdrían Ignacio Camacho, Fernando Garea, Pilar Cernuda  o Arturo González.  

 - El freak: realmente inclasificable, esta clase es bastante variopinta y admite todas las tendencias y profesiones. El freak suele soltar frases contundentes, utilizar expresiones normalmente  chocantes y graciosas (y a veces ridículas) -en ocasiones chabacanas-  y en sí tienen un comportamiento cuanto menos curioso. Tenemos freaks en la ultraderecha (Eduardo García Serrano, todo un reducto del franquismo, o Pío Moa), en la derecha (Miguel Ángel Rodríguez) ,  en el catalanismo (Pilar Rahola), en la demagogia más rancia (Miguel Ángel Revilla) o en indefinibles ( el doctor Cabrera,  Massiel). 



Y nada más. Una vez expuestas las clases de tertulianos con nombres concretos incluidos (puede criticárseme y algunos se podrían sentir ofendidos, pero bastante nos ofenden ya  a todos al cobrar por decir memeces y bastante  superiores se creen ya, así que me resbala...por otra parte, no soy nadie y mi influencia y repercusión son nulas) me siento algo más liberado, más descargado de tanta presión de la  poderosa "casta tertuliana". Lo malo es que debates vamos a seguir padeciendo en televisión, y no tiene visos de que vayan a dejar de existir o por lo menos disminuir. Quizá, me gusta pensar, algún día la burbuja explote y tanto la audiencia como los responsables televisivos se cansen de tantas lecciones relamidas, por fin. O, en el caso de que llegue la ansiada refundación del sistema político y de la sociedad, también surja de las cenizas de la destrucción un nuevo modo de hacer televisión. Mucho pido, me temo. 

4.12.13

...Al fin se rindió Granada. Balance de "Isabel".

El lunes por la  noche pudimos asistir al último capítulo de la segunda temporada de  Isabel, en la 1 de TVE. Así, ya en  enero de 1492, se nos mostró la entrega de las llaves de Granada por Boabdil a los Reyes Católicos, en una emocionante y bella escena claramente inspirada (era un calco) en el célebre cuadro de Francisco Pradilla (1882) sobre la rendición de la ciudad. Tantos anhelos, tantas esperanzas en ese momento de las llaves, por fin el triunfo total llegaba después de más de 700 años de Reconquista...Granada era cristiana. 


Aunque el capítulo no acabó ahí, pues luego se versó sobre la consiguiente expulsión de los judíos, la reorganización del reino y todo lo relativo al viaje de Colón, la escena de Granada era claramente la más importante y el final rotundo de estas dos temporadas de serie, desde que comenzaran con la infancia y adolescencia de Isabel, hacia el año 1461. Pese a las dificultades económicas y las incertidumbres, el éxito (tanto en audiencia, como en crítica y en premios)  de la serie ha sido tal que en poco tiempo tendremos una nueva temporada, ya centrada en los primeros años en América, las relaciones con el Papa Borgia, la figura de  Cisneros,  los asuntos de Italia o los matrimonios de los hijos de los reyes.

Ya comenté por aquí hace tiempo la larga espera hasta ver la serie y, en su momento, no me decepcionó, acostumbrado como está uno al bajo nivel de las producciones españolas y más si son de tipo histórico (Toledo, Hispania, Eboli,  ¡ejem!). Isabel, vuelvo a repetir, se elevó y se eleva por encima de todas por su cuidada ambientación (aunque a veces abusa de los efectos digitales, notándose demasiado)  , el buen gusto,  la cierta calidad de sus diálogos, el uso de un lenguaje correcto con pocas licencias actuales,  lo notable del trabajo de un buen número de actores y actrices   y, también, porque enseña historia y divierte a quien hasta ese momento la tuviera recluida y arrinconada en los libros. Ya dije  hace más de un año, con los capítulos más exitosos,  que en una librería ví a una mujer preguntar por  "algún libro de Isabel la Católica".

Y sí, la ambientación es en general buena, con predominio de las escenas de interior sobre las de exterior, el uso de las fortalezas castellanas que aún quedan en pie y un hasta cierto punto lujoso vestuario, rico en detalles.  La música además acompaña, aunque quizá se echa en falta alguna composición de la época  y más de un villancico o un romance cantado. Los diálogos son rotundos, atrayentes y de calidad, huyendo de la chabacanería habitual, usándose como digo un lenguaje más o menos parecido al de finales del siglo XV en Castilla, pero con ciertas y lógicas licencias, para agilizar las conversaciones y hacerlas más atractivas para el espectador medio, aunque un historiador o un filólogo quedaría completamente feliz si los personajes de Isabel hablasen como se puede leer en Fernando del Pulgar, Juan del Encina, Hernando de Talavera  o en cualquiera de los muchos documentos firmados por los reyes.
También son buenas la mayor parte de las interpretaciones, destacando Fernando (Rodolfo Sancho), el marqués de Villena (Ginés García Millán, éste de la primera temporada), el arzobispo Carrillo (Pedro Casablanc) , Chacón (Ramón Madaula),  fray Hernando (Lluís Soler), el Muley Hacén (Roberto Enríquez) e incluso la propia Isabel (pese a mis reservas iniciales, me ha acabado sorprendiendo Michelle Jenner).

Por contra, siendo más frío y crítico,  la serie también tiene sus defectos.

Uno de los más notorios es la narración acelerada de los acontecimientos en ciertos pasajes de la serie, pues los años se nos muestran volando, un paso del tiempo que no se refleja adecuadamente en el envejecimiento, al menos aparente, de los personajes principales (de esto también adolecía Los Tudor). Michelle Jenner (27 años) interpreta a Isabel desde que ésta tiene 16 años, en 1467. Hasta 1492, ya una mujer de 41 años, su aspecto físico es prácticamente el mismo, con la única diferencia de cubrir su larga melena castaña, cuando realmente Isabel a esa edad debía notársele mucho el paso del tiempo, teniendo en cuenta la esperanza de vida por aquellos entonces,   y más con la vida itinerante que siempre tuvo y que también tuvo Fernando de Aragón. El actor que interpreta a éste, Rodolfo Sancho (38 años, algo que se nota muy mucho en contraposición a Jenner) también presenta prácticamente la misma apariencia siempre, y eso teniendo en cuenta que cuando se casó, en 1469, tenía sólo... ¡17 años! (era un año menor que Isabel). Eso sí, la barba que no falte. Prácticamente todos los personajes principales la lucen, aun cuando en esta época lo normal entre nobles y personalidades era ir afeitado, y el vello capilar quedaba para  el vulgo, ciertos religiosos, eremitas, o artistas. Fernando, el Gran Capitán, Colón, Chacón, Cárdenas,  Beltrán de la Cueva, etc, todos,  llevan barbita ; y en los retratos y testimonios  de la época podemos ver que no la presentaban, pero  en pantalla siempre queda más romántico. 

 En el bando contrario, los nazaríes cuentan con la enorme suerte y ventaja de vivir en la Alhambra (se abrió de nuevo después de muchos años para las cámaras) , y en cuanto a su representación -interpretaciones de los actores aparte-  es realista, pero adolece un tanto de ese filoarabismo dominante, que tiene a idealizar demasiado a los árabes y musulmanes, en la línea del romanticismo del siglo XIX.  Aunque la verdad, siempre me parecieron atractivas figuras como la del Mulay Hassan (o Muley Hacén), padre de Boabdil y antepenúltimo emir de Granada, quien eligió ser enterrado en el lugar más alto y más alejado de las personas: en el mayor pico de Sierra Nevada, que se llama así (Mulhacén) en su honor. 

Más defectos o aspectos a mejorar, y no quiero ser exhaustivo, serían también las confusas escenas de acción y el desaprovechamiento del paisaje castellano, tan rotundo en su grandeza. Desde la Cordillera Cantábrica a Sierra Morena hay extensos campos, dorados, legendarios, sencillos pero grandiosos, perfectos para ser filmados. Además, en la serie exponen como muy fácil  y casi instantáneo el viajar por ejemplo de Burgos a Toledo, de allí a Zaragoza, o a Sevilla, y de allí a Sintra, para luego llegar hasta Barcelona pasando por Segovia, cuando hay cientos y cientos de kilómetros, accidentes naturales, inclemencias del tiempo y asaltadores de caminos.  Por otra parte, al ser una serie española se notan las lógicas limitaciones de presupuesto, y tanto cuando se emplean los efectos por ordenador se nota demasiado (por ejemplo una Sevilla bastante irreal que parece sacada del  Age of Empires)  como en las luchas entre hombres, que se suelen limitar a pequeñísimos grupos, una cabalgada y dos espadazos. 

Por último, un detalle que quizá haya gente le parezca sin importancia, pero para mí si la tiene y lo he ido constatando capítulo a capítulo. En la serie, aun siendo fidedigna y correcta en mayor o menor medida en cuanto a rigor histórico, nadie dice, ni en voz alta ni en voz baja, la palabra maldita: España. No sé si por llevar la corrección política al máximo, o porque Isabel es un producto mayormente catalán, en cuanto a dirección, guionistas, producción y demás (aunque pese a ello, han sido vetados para rodar en Barcelona, tal vez por ser una serie de historia verídica de España) o por otra razón, pero se han cuidado muy mucho de que nadie lo diga.  Así, abusan del Castilla, del Aragón y de la Península. Aclaremos, los Reyes Católicos nunca se llamaron a sí mismos ni dentro de sus reinos "Reyes de España", aunque curiosamente en Europa sí se les conocia así...pero de ahí a desterrar de la serie el término, cuando era habitualmente usado entre las gentes y en los escritos, media un trecho. Vamos, con total seguridad a Fernando no le dijeron "Majestad, habéis conseguido unificar la Península" , como se vio en el capítulo. Por cierto,  cuando Cristóbal Colón llegó en 1492  al actual país de República Dominicana, llamó a la isla "La Española" (la "Hispaniola" de los piratas ingleses). Le bautizó como La Española, no La Castellana o La Peninsular


Aún así y expuesto todo lo anterior, Isabel es una estupenda serie, que acerca, divierte e instruye al público en general sobre las características y vicisitudes de una época irrepetible y crucial en la Historia de España. Una época injustamente olvidada y denostada por haber sido exaltadas sus virtudes (que las tuvo, indudablemente) y minimizadas sus sombras (que también las tuvo) por el régimen dictatorial de Franco. Pero ahora, muchos años después, vuelve a la actualidad en la mejor de las formas. Por centrarme en sus dos figuras principales, refleja muy bien, por un lado,  la personalidad mujeriega, calculadora, sagaz  y astuta de todo un Fernando II de Aragón, verdadero inspirador de "El Príncipe" de Maquiavelo, y las lógicas rencillas y tensiones que tuvo con los castellanos y con su propia mujer la reina, pues él en Castilla pintaba menos. Por otro, la figura  sufridora, virtuosa y religiosa (pero religiosa como era lo habitual) y la vez rígida y poderosa de Isabel I de Castilla. Por cierto, que en la serie se da una imagen de Isabel más suavizada e idealizada de carácter a como fue en realidad, descargando el peso de las decisiones más polémicas  (como la expulsión de los judíos, acto que es necesario entenderlo en su contexto, pues,  por ejemplo, Inglaterra la había efectuado ya en 1290, y Francia en el siglo XIV, o la Inquisición)  en figuras malvadas por antonomasia como fray Tomás de Torquemada. 

Pero, en suma, fueron dos monarcas excelsos, dos figuras irremplazables, con sus luces y sus sombras,  que con su unión (matrimonial y de reinos) y con sus acciones y decisiones cambiaron para siempre el destino de una España que salía de la Edad Media y de la Reconquista,  erigiéndola en  una de las monarquías más poderosas del mundo y expandiéndose además por un nuevo continente: las Indias (América). España, o la Monarquía Hispánica,  con Castilla, Aragón y demás reinos y posesiones, iba a cambiar el mapa de Europa y de los vips del continente no iba a salir, con altibajos,  hasta 1815. 

Larga vida a los Reyes Católicos. Y muy bien por Isabel.


 
- Lo mejor: la ambientación, el cierto rigor histórico, el buen gusto en general,   el trabajo de los actores y las actrices, los diálogos de calidad, y la enseñanza que de la Historia de España efectúa, con ciertos acontecimientos y personajes muy bien recreados.

- Lo peor: el uso chapucero del ordenador, la narración apresurada sin correspondencia con el envejecimiento de los personajes y a veces con confusión de los acontecimientos, las escenas de acción, la banda sonora rimbombante y   demasiado fuerte y solemne en ocasiones donde los momentos no lo son tanto, y la corrección política (omisión de "España").

22.10.13

Aquellos maravillosos años...que ya no volverán.

Todo ha pasado ya.  Ya se ha casado mi amigo. Un fin de semana inolvidable que me ha supuesto también un baño de nostalgia y un recuerdo insistente de lo vivido, lo pasado y lo rápido que, por desgracia, corre el tiempo.

También ha servido para reencontrarme con Murcia, esa ciudad tan especial para mí. No es que llevara tiempo sin verla pues he de pasar por ella cuando viajo de Valencia a Almería y viceversa, pero sí he podido contemplarla y sentirla mejor que otras veces. Además, pude recorrer de nuevo lugares muy significativos para mí y que hacía mucho, verdaderamente, que no veía, como mi colegio o la que fue mi casa, en mi barrio. Pero vayamos por partes.

La boda en sí fue una gran fiesta y rotunda, épica,  por muchas razones, pero también emotiva por lo importante del paso y lo significativo de esta amistad para muchos de nosotros. Como me temía, me imaginaba y sabía, pues soy muy sentimental para algunas cosas, tuve un momento de debilidad (o sinceridad, según se mire) y lloré en unos momentos de la fiesta. Eran lágrimas de felicidad por él, por el matrimonio y por la vida que se le presenta ahora, pero también eran de algo de pena por todos los momentos vividos y compartidos ( hace casi 20 años nos conocemos, mi gran amigo de la infancia y mi mejor amigo durante mucho tiempo), todo eso que ya no va a volver y lo rápido, repito, que pasa el tiempo. Para todo y para todos. 

Momentos vividos y compartidos que no son sólo exclusivos de él y yo. También extendibles al resto de la pandilla, grupo o como quiera llamarse, de los de siempre. Gran grupo de amigos de siempre, irrepetible y de quienes me fui paulatinamente alejando, por unos motivos muy concretos,  conforme fui haciendo la carrera.  Pero me pierdo de nuevo.  Esta es una entrada largamente pensada y meditada y me gustaría explicarme lo mejor posible.  Hablemos ahora de el barrio. Porque todos los de la "pandilla"  (si descartamos a las novias) son del mismo barrio.

El barrio no es otro que El Carmen, barrio con personalidad y  de los más famosos de Murcia, situado entre el río y la vía del tren. Un barrio con vida,  popular, de gente trabajadora y con familias totalmente normales, llanas; también un barrio difícil en ciertos aspectos y ciertas zonas.  A esta  populosa "pequeña ciudad" a  sólo un puente del centro,  de calles sucias y niños malhablados llegué en enero de 1995, con 9 años,  recién llegado de la provincia de  Jaén (Linares);  en él estuve hasta el verano de 2004. Casi diez años dan para mucho, entre otras cosas, no sólo para hacer buenos amigos, también para llegar a enamorarse de una ciudad. 
Mi historia de amor con Murcia no fue a primera vista, fue poco a poco (de hecho al principio odiaba su fiesta grande, el Bando, y con los años acabé vistiéndome de huertano y cantando La Parranda). Yo soy muy de Almería, la tengo siempre presente y la llevo siempre por delante, pero si hay una ciudad, si hay una tierra que haya podido rivalizar con ella en mi corazón, esa es Murcia. De hecho, como reconozco sin sonrojo, en ciertas ocasiones he llegado a sentirme más murciano que almeriense, y siempre que tengo ocasión defiendo a Murcia y a los murcianos.

Murcia y Almería, Almería y Murcia; entre ellas hay una cierta rivalidad aunque en el fondo se parezca más al hermanamiento pues son dos tierras cercanas no sólo en lo geográfico. Es llegar, ya sea en coche o en tren, al feraz valle del Segura, tan distinto de las áridas tierras circundantes, y la alegría y el regocijo van subiendo en mí. Esa calima somnolienta que se percibe a lo lejos en la huerta los días de calor (y los veranos son eternos en Murcia; también se plantea si existe el otoño allí), la frondosidad de las tierras verdes y los cientos de casitas entre el monte de la Cresta del Gallo y la urbe,  la torre de su catedral siempre dominante, siempre nítida sobre la masa de edificios, imperturbable (aunque desde hace unos pocos años ya no es la única torre alta de la ciudad), o ese ambiente inconfundible del centro, con esas calles estrechas, profundas y llenas de gente que se abren a plazas más repletas de gente aún (sensación que pude disfrutar el otro día)  son evocaciones de mi Murcia querida. 

Era cuestión de poco tiempo, pues un niño es una esponja,  que se me acabase pegando el acento, con esas terminaciones en "-ico/a" y sobre todo ese "acho" tan característico, tan  áspero y que tantos usos tiene, y del cual es tan difícil desprenderse. Unos años me costó y alguna vez se me sigue escapando. Además, unas cuantas veces me han tomado, al escucharme en otras partes de España, por un murciano, lo cual no me molesta en absoluto, si bien digo rápidamente que soy almeriense. Esto tiene relación con otra cuestión, la de lo parecido del acento almeriense y el murciano, pero ni todos los almerienses son tan murcianistas como yo ni todos los murcianos son tan almeriensistas como otros, como bien sé. 

También recorrí en soledad  el que fue mi barrio (creo que nunca ha dejado de serlo), por calles como el Paseo de Corvera, la Alameda de Capuchinos, Goya o la plaza del Pintor Pedro Flores, ese inolvidable jardín de parte de mi infancia. Contemplé, después de muchos años y a través de las vallas mi colegio entre mediados de los 90 y 1999, el colegio público Félix Rodríguez de la Fuente (para todo el barrio y media ciudad, el Félix, o dicho con acento murciano, elfelih), con ese gran patio donde cuando no había pelotas de cuero jugábamos con "pelotas" de papel de aluminio, o donde tomábamos chocolate caliente disfrazados en Carnaval. Aquí evidentemente conocí a mi amigo (ya hoy un marido hecho y derecho, lo que es la vida), además desde mi primera casa aquí se veía su balcón al otro lado de la calle,  y por esto y otras evocaciones y otros tantos recuerdos de esos años pasados y de otros amigos y compañeros, me volví a emocionar un poco. 


 El Félix (Elfelih). Aquí comenzó todo...


Al instituto, también público y fronterizo con otra zona difícil, el Mariano Baquero Goyanes (a.k.a. el Baquero) no me acerqué, pero es tanto o más importante pues allí me hice adolescente (con todo lo malo y bueno que conlleva) y conocí a otros componentes de la pandilla. 

Esta "pandilla" de la que tanto hablo ahora, estaba y está formada por chicos de este barrio de El Carmen, todos niños de familias muy normales, de casas perfectamente normales de matrimonios con dos o tres hijos, donde nunca faltó la comida en el plato ni ropa en invierno pero donde tampoco manaba el dinero a espuertas y a veces eran necesarios los equilibrios (por lo menos en la mía, al principio) , aunque casas felices al fin y al cabo.  Chicos de barrio, de enseñanza pública (y a mucha honra) y bocata en el recreo,  poco atentos a modas o caprichos y poco acostumbrados a derroches. Chicos cuyas casas se situaban por tres o cuatro calles cercanas entre sí. Chicos que compartían unos gustos parecidos, unas mismas inquietudes y el poco éxito con las chicas (y llegaron las novias; no es que llegaran tarde, pero en algunos casos se produjo a alturas que en otras personas corresponde a cuando se han tenido varias relaciones o  se llevan unos cuantos años con el novio o novia). Como en el fondo sólo nos teníamos a nosotros mismos, de ahí, entre otras cosas, radica la fuerza de la unión. Unión que se ha mantenido pese a los años y las parejas. 

Aunque no puedo decir lo mismo de mí. Un nuevo traslado por trabajo de mi padre en 2004, esta vez a Valencia, nos obligaba a dejar Murcia, con todo lo que eso significaba. Este traslado supuso un pequeño gran trauma para mí y para mi madre y quizá debiera haberlo afrontado con mayor madurez, y además haber pensado más en mis padres. Pero el caso es que un año después volvía a Murcia, esta vez solo y para hacer la carrera allí. Un capricho, verdaderamente.

Regresaba a Murcia por lo fusionado que me encontraba con la ciudad y con la tierra, pero fundamentalmente, por ellos, por los amigos.  Por esa gran unión de años, esas alegrías y esas vivencias. Necesitaba volver. 
Paradójicamente, mi retorno a la ciudad acabaría alejándome paulatinamente de esa pandilla de barrio. Vine por ellos para acabar desprendiéndome del grupo, ya fuera consciente o inconscientemente.  Al principio todo fue normal, como siempre, pero a partir del tercer año de carrera fue decisivo. ¿Las causas? No son otras que la influencia de la vida universitaria (mi descalabro traumático de 2008 es triste símbolo de esto) ,  el irme a vivir a un piso en el barrio universitario  y que con los compañeros y compañeras de la Facultad estaba disfrutando de nuevas vivencias y experiencias (y algunos de los cuales se estaban convirtiendo ya en buenos amigos, amistades que aún conservo). No es algo de lo que me arrepienta exactamente, entre otras cosas porque tampoco sirve de nada,  pero sí es algo que lamento, y mucho. Pude haberlo hecho mejor, sin duda. Tanto es así que cuando llegó la graduación en 2010, nadie del grupo del barrio estuvo allí. Tampoco les avisé, aunque les echase en falta. Pero a esas alturas no tenía ya mucho derecho a exigir o reclamar nada. 


Completé 14 años ya en Murcia, pasaron más años,   llegaron más cambios de ciudad, como mi ansiado retorno a Almería, llegaría también mi primera novia, y cada vez el contacto con ellos fue menor, muy reducido. No es que se perdiese por completo pero ya no era ni de lejos como antes. Poco a poco y tristemente me había convertido como en un extraño, ya no era ese niño, ese muchacho del Carmen. He llegado a sentir sincera pena por ello en ciertos momentos, aunque no lo demostrase demasiado.

Y llega la primavera de 2013 con el notición de que mi amigo de la infancia se me casa.  La boda y este fin de semana en Murcia  ha servido para darme cuenta de una vez, como él me dijo, "que el tiempo pasa, pero lo importante permanece". Pueden pasar muchos años, muchos traslados y alejamientos, pero los amigos de verdad siempre estarán ahí. Por más que sean amigos poco efusivos en ciertas ocasiones y poco dados a alharacas y  ostentaciones cantosas de amistad que a la gente suele gustarle (también debe decirse que muchas de estas ostentaciones suelen ser falsas o  endebles en un buen número de casos), pero ellos son así, simplemente y como debe ser.  Por otra parte, nunca me han reprochado nada  y  cuando están de verdad ahí, lo están. Porque lo sé. 

Y nada más. Entre todo eso y mi negro futuro, admito mi maltrecho estado de ánimo por si no se desprende lo suficiente de estas palabras. Todo está escrito con esos ataques de sinceridad (en una de mis contradicciones, pues lo mismo puedo ser reservado que desmesuradamente sincero) que me llevan a escribir (y me ayuda, o me ayudaba cuando escribía más) sin omitir detalles  porque siento también que debo dejar ciertas cosas por escrito, pues aunque siempre fui, o soy más de hechos (o lo era) también me tranquiliza publicar estos parrafones, aunque no me lea nadie o casi nadie o esto pase desapercibido. Eso no me importa. 

En fin. Aquellos maravillosos años...que ya no volverán. Yo, tan nostálgico, sentimental  y mi insistencia con los recuerdos, con esas evocaciones de un tiempo muchas veces idealizado. En el fondo sigo siendo (o quisiera seguir siendo) ese niño bajito y tímido que cuando no leía se pasaba las horas muertas en chándal por los concurridos jardines del barrio, o iba a casa de su buen amigo de enfrente a jugar al Atmosfear, a veces  a  merendar y  hablar de sus cosas a su habitación, aunque en esos años 90 nuestra vida fuera más fácil que la de ahora y no nos preocupásemos de la ropa, de las mujeres, del dinero o del futuro, que todavía se veía por suerte muy lejano.  También sigo siendo (o quisiera seguir siendo, por un tiempo al menos) ese adolescente tarugo en los estudios, repetidor reincidente en el instituto que era feliz compartiendo horas y días de su vida con la pandilla en ratos, risas,  viajes y fiestas...



"El tiempo pasa, pero lo importante permanece". Muchas gracias a tí, por todo. Y muchas gracias a todos, por todo.