16.2.12

El regreso de Lutero

En cierto periódico digital, diariamente visitado por mí desde 2004, y con el cual coincido generalmente en prácticamente todas las opiniones (si bien uno va desarrollando una propia opinión y una propia conciencia, por lo que a veces se está de acuerdo y a veces en desacuerdo, algo positivo, creo) desde entonces, tiene desde hace varias semanas una polémica, mantenida por sólo un colaborador. Pero dicha polémica está trascendiendo el ámbito de su web, por las ideas expuestas y las sentencias emitidas.

El colaborador es un conocido y polémico escritor-historiador de notable cultura especializado en temas de historia, y además locutor de radio y colaborador en prensa de papel. Su cantidad de libros publicados es extraordinaria, y por ello ha sido criticado en ocasiones, por lo increíble del número al año, además de por sus ideas, evidentemente. Hace no mucho tuvo ciertas diferencias con otro colaborador (e historiador, aunque éste no de carrera) del periódico digital cuyas ideas estaban derivando tiempo ha hacia el radicalismo por su excesiva benevolencia con el franquismo. De ese tema ya hablé en verano, pero vuelvo a insistir en mi oposición a muchas de sus tesis, que no todas. Lo cierto es que la polémica acabó con la expulsión de ese historiador antiguo miembro del GRAPO. Según algunas habladurías, por insistencia y rencor del colaborador aludido hoy. Con aquel como con éste hace tiempo estoy desengañado, como he dicho, por el desarrollo de una conciencia propia y una opinión personal, no sujeta a las tesis de uno, otro o cinco autores. No se debe ser oveja.

Pues bien. La polémica surgió a raíz de los sucesivos artículos del autor, relacionada con el protestantismo, el catolicismo y las diferencias tanto económicas, como sociales y culturales, entre los países católicos, como España entre ellos, y los protestantes, los reformados. Además relaciona los peores defectos de la izquierda española con el catolicismo, entre otras ideas. El autor es protestante por lo que quedan claras sus preferencias. Serían perfectamente respetables sus tesis si no fuera por el tufillo radical protestante y el afán de blanquear dicha vertiente del cristianismo. Las opiniones vertidas, como digo, están trascendiendo el ámbito de su web y según parece, el autor está perdiendo lectores y oyentes a pasos agigantados. Además, dicho escritor trabajaba antes en la emisora católica (de la Conferencia Episcopal) y desde hace más de un año, se emplea en otra, entonces ahora tiene más libertad para sus soflamas luteranas.

Desde luego es perfectamente respetable y compatible ser español y protestante, en la actualidad y desde hace muchos años, ya que la libertad religiosa se alcanzó en nuestro país ya a finales del siglo XIX, si bien, en una nación tan arraigadamente católica como la nuestra, desde siempre tuvieron que contar con la desaprobación y la incomprensión de buena parte del pueblo, además de, claro está, con la abierta oposición de la Iglesia (es decir, la iglesia católica española, la tradicional, la poderosa desde los tiempos tardoantiguos, la preponderante, de ahí la mayúscula empleada desde siempre). Es muy respetable, repito. Pero no tanto faltar a la verdad y obcecarse tal y como si uno fuera un puritano del Mayflower o un calvinista exacerbado.

Vaya antes por delante mi declaración de agnosticismo. Realmente no creo en Dios y dudo definitivamente de su existencia. Siempre he leído que un agnóstico duda de la presencia de Dios, pero piensa que, al igual que no se puede demostrar su existencia, tampoco se puede demostrar su ausencia; mientras, un ateo niega radicalmente la existencia de Dios. Considero además que las personas ateas tienen un espíritu más fuerte, por así decirlo, ya que no necesitan querer creer en que hay un ser supremo para después de la muerte y a quien dirigen sus plegarias, anhelos y deseos. Por otra parte, tomo como perfectamente respetables a las personas creyentes y devotas, y entiendo su conciencia. Pero sin excesivos radicalismos. Soy tradicionalista pero no un meapilas. Y desde luego no soy un acérrimo defensor de la Iglesia Católica.

Dicho lo cual, vayamos al lío. Comienza este historiador con algunas frases demoledoras, que bien sintetizan su pensamiento y resumen las 16 machaconas (a día de hoy) entregas sobre, según él, las brutales diferencias entre países católicos y protestantes: "España se quedó descolgada del regreso a una serie de valores recogidos en la Biblia que se tradujeron en aquellas naciones donde triunfó la Reforma en una nueva ética del trabajo, una superior cultura crediticia, una alfabetización acelerada, una revolución científica y un reconocimiento de la primacía de la ley”. Para ello se basa en el uso de la Biblia y en una exposición de datos históricos, económicos y culturales. Todo ello traído a colación de la larga y actual crisis económica y las distintas situaciones de los países, ya sean católicos o reformados.
Como tantas veces se ha dicho recientemente (ya el importante filósofo-sociólogo-economista alemán Max Weber, protestante, lo planteaba en su famosa La ética protestante y el espíritu del capitalismo, de 1904) y argumentado, los protestantes son más ricos, menos manirrotos, más trabajadores, más emprendendores y menos afectados por las crisis, mientras los católicos son más derrochadores, holgazanes, inmovilistas y padecen sobremanera las recaídas económicas. Aquí, como tantas otras veces, mi antaño respetado escritor cae en la comparación tan repetida y maniquea de que en los países protestantes se fomenta salir de la pobreza, el trabajo duro y la ganancia superlativa de dinero, mientras en los católicos se aboga por la vagancia, las ayudas sociales y el seguro de desempleo. Desde luego parte de razón tiene. Un buen número de malos ejemplos tenemos en España. Como también es malo generalizar. No se debe. Duros trabajadores hay en todos lados, sean papistas, calvinistas o confucianos. E innumerables ejemplos de gandules católicos. Españoles que levantaron un país, como los emigrados de Andalucía, Murcia, Castilla La Mancha y Extremadura a Valencia , Cataluña y Madrid, o a Suiza, Alemania, Bélgica o Francia. Gallegos y asturianos que fueron a todos lados , dentro y fuera de España, si era preciso al Cono Sur. Alemanes y británicos ya regañan bastante a españoles, italianos y griegos, y por más que se empeñen, no cuela lo de protestantes-buenos-trabajadores y católicos-malos-gandules.

Según el autor, la Iglesia y otros defienden la situación persistente de pobreza que genera envidia hacia los ricos porque les favorece...¿ein?. Saca a colación también el hecho de que los protestantes se apoyaron desde siempre en el Antiguo Testamento, con un Yahvé vengativo y ejecutor, mientras los católicos tras Trento prefirieron centrarse en el Nuevo, con una divinidad más agradable. Según esto, los protestantes han de trabajar muy duro en su vida y ser dominados por la sobriedad, el ahorro, la austeridad y el cilicio, mientras los católicos pueden y deben llevar una vida padre, todo excesos y festividad, con pocas obligaciones y lamentos, para luego arrepentirse en el lecho de muerte.
Esto explicaría la natural predisposición de los reformados al trabajo y a la consecución de riqueza (riqueza que además está bien repartida, según él) en comparación con la orgía inmovilista de los apostólicos romanos. Ciertamente es una virtud de la Reforma, el énfasis en los bienes materiales conseguidos, pero desde luego, en los países protestantes tampoco se puede observar menos pobreza, más justicia social y que esté mejor repartida la riqueza.
Por cierto que ya en plena Edad Media surgieron en la Iglesia, cuando aún era una, disputas sobre la conveniencia de adoptar mayor austeridad en la vida y un rechazo de las riquezas materiales, como la Orden de los Franciscanos. La diana de todas las críticas, era, evidentemente y con razón, el inmenso poder del Papa y su pecunio. Desde luego la iglesia Católica ha sido desde siempre inmensamente rica, tanto por su dominio sobre el pueblo ya fuera en forma de tierras, reliquias o donaciones como por su buena relación con las figuras monárquicas, pero desde luego las iglesias reformadas no puede decirse que sean precisamente parroquias modestas y pobres. Recordemos un país como Inglaterra-Reino Unido, donde el rey (o reina) es a la vez una especie de Papa, a raíz de la movida de Enrique VIII, y el arzobispo de Canterbury, prácticamente un gregario. Gregario todopoderoso, eso sí.
Curiosamente, Lutero predicaba la pobreza para algunos, y la riqueza para otros según la voluntad ya escrita de Dios. Pero esa es otra historia.

Será mejor que no me adentre tanto en cuestiones teológicas y bíblicas, aspectos que domino bien poco, dado mi laicismo-agnosticismo. Dejémosle eso a nuestro autor y a un buen número de expertos en dichas materias.

Yo quería hablar hoy sobre los dislates expuestos sucesivamente en la comparación entre países protestantes y católicos con una obsesión paranoica, pocas veces vista. Según todo ello prácticamente todos los males tienen un origen católico. Y relaciona, como otros escritores y autores, la manifiesta decadencia de España a partir del siglo XVIII con su resistencia en el Concilio de Trento frente a los protestantes. Decadencia extendible a restantes países católicos, y actualmente en ebullición, como Portugal, Italia e Irlanda, y también aplicable a la inestable Hispanoamérica. Por supuesto también relacionada con la depauperada Grecia, ya que, a fin de cuentas, como he leído varias veces, los ortodoxos son primos hermanos de los católicos. Frente a toda esta patulea de naciones papistas tenemos a las impecables protestantes, esto es Alemania, Suiza, Gran Bretaña, Noruega, Holanda, Dinamarca, Suecia, Finlandia, EEUU y Francia, entre otros. Aquí también chirría, en varios puntos.

Francia se suele encuadrar en el grupo de los buenos, porque pese a su larga tradición católica, hace tiempo entró en el camino del laicismo y la secularización. Yo esto por ejemplo sí lo considero positivo. Pienso que hace mucho tiempo ya no es la época donde la iglesia era tan necesaria como en la Edad Media, y no estoy comparando a la religiosidad con el medievo y el oscurantismo. Simplemente creo en el laicismo como avance, aunque quizá no sea la mejor persona para decirlo, pues me gustan las ermitas, iglesias y catedrales como monumentos a admirar y lugares de paz, y me encanta la imaginería de la Semana Santa. Pero no paso de ahí. Pero volvamos a Francia. País avanzado, reformado y por tanto trabajador, se declaran católicos nada menos que el 51% de la población, mientras protestantes únicamente el 2%. Ciertamente la Reforma afectó marginalmente al país vecino, aunque bien le jodió con sus Guerras de Religión de finales del XVI. Por tanto Francia no le debe nada a Lutero. Para nuestro autor, sí.

Resulta curioso que este mismo autor no hable a fondo de Alemania, sólo nominándolo como país también profundamente reformado y modelo ejemplar, cuando la realidad es que regiones tan importantes como Baviera, que de ser un país independiente estaría entre las 10 primeras economías del mundo, son católicas. Más del 60% de los alemanes son cristianos, y aproximadamente cada vertiente (catolicismo y protestantismo) reúne un 31%. Todo el mundo sabe que Lutero era alemán y la Reforma nació en mayor medida allí. Pero tampoco triunfó en su totalidad y ha sido una de las causas de la eterna división alemana hasta 1871. Por tanto, tampoco son plenamente protestantes, como todo el mundo, creo, sabe. Los organizados, disciplinados, ricos y ultratrabajadores germanos tienen su malvada parte católica, qué se le va a hacer.

Como resulta escandalosa la omisión de Austria, país de larga tradición católica y durante siglos potencia europea. Actualmente, los apostólicos romanos reúnen aún a un 74% de la población (los ateos suponen el 11%). Austria, otra de las economías más fuertes del mundo, pese a sus reducidas dimensiones territoriales, y todo un ejemplo de pujanza monetaria, civismo, nivel de vida , bienestar y cultura, con Viena y Salzburgo a la cabeza.

Entrando en el Benelux, tenemos cifras encontradas. Los tres países, Holanda, Bélgica y Luxemburgo, han sido tradicionalmente economías punteras. En el pequeño país de Luxemburgo predomina el catolicismo, en Bélgica suponen el 75% y en cuanto a Holanda (o Países Bajos) es un país mayoritariamente sin religión, aunque se declaran católicos un 26% y protestantes un 17%.

Suiza, otro típico ejemplo de economía puntera, riqueza y trabajo y más trabajo, no tiene religión oficial, pero más del 80% se declaran cristianos, y como en Alemania, fifty-fifty para reformados y católicos, si bien las ciudades más grandes son mayormente protestantes. Pero ha tenido durante siglos conflictos religiosos y tampoco se puede decir que sea una nación totalmente reformada.

Y por último pero no por ello menos importante, los Estados Unidos de América. Encuadrar a esta nación entre las reformadas , es, considero humildemente, un nuevo error de bulto. Primero porque es oficialmente un estado laico y prácticamente desde su nacimiento en 1776, pero sobre todo por la amalgama de credos que ha conformado la historia de los estadounidenses, en sí un verdadero país de inmigrantes. De acuerdo con la importancia primigenia de los protestantes (en 1607, llegaron en el Mayflower, desde Inglaterra los puritanos, es decir, unos radicales de la Reforma), con todo su buen rollo (ironía) y su afán de mestizaje (nueva ironía), pero no se puede desdeñar en absoluto la importancia del catolicismo, personificada en los inmigrantes italianos, irlandeses y polacos (fundamentalmente esos tres) quienes fueron levantando el país, junto con llegados de otras partes de Europa y el globo, con múltiples creencias, siendo el judaísmo la más notoria de ellas. El importante sustrato italiano e irlandés de EEUU es bien conocido, fundamentalmente por el cine, y aquí tampoco conviene generalizar. No todos se lanzaron a la mafia y al crimen organizado. En los últimos 60 años se ha acrecentado la llegada de mexicanos, centroamericanos y suramericanos (mal llamados latinos) que tampoco son muy luteranos, precisamente.
Tampoco es muy acertado , como hace este historiador, alabar en demasía a EEUU y ponerlo como otro de los ejemplos a seguir. Es un país al cual admiro en cierta forma, pero de ahí a calificarlo como uno de los Estados cuasiperfectos media un trecho. Desde luego, es un país donde cualquiera ha podido y puede realizar su sueño, y es el paraíso del capitalismo. Pero también ha habido fracasados, y muchos, como puede verse en la literatura y el cine. De acuerdo con que ha recibido siempre a todo el mundo recién llegado, pero no ha estado exenta de violentas y frecuentes tensiones. Ya desde el principio, los primeros colonos (los españoles habían fundado San Agustín, en la Florida, ya en 1565, hecho mejor conocido por los norteamericanos que por nosotros, pero eso es una constante. Su impresionante castillo del siglo XVII aún domina el Atlántico) llegados en 1607 manifestaron poca simpatía por los indios nativos. Era sólo el comienzo de la brutal lucha desigual entre los colonos de los EEUU, reforzados constantemente desde Europa, y los indígenas, conquista del Salvaje Oeste de por medio. Innumerables tribus fueron reducidas hasta las cenizas, y otras miserablemente recluidas en reservas. Eso en algunas zonas. En algunos estados el último indio que se vio fue en los tiempos de El último mohicano, y valga la redundancia. Por tanto no fue tan idílico el protestantismo, y mucho menos al compararlo con el catolicismo en relación a los españoles en su Imperio de las Indias. Desde luego los exploradores, conquistadores y colonos castellanos no fueron unos santos y había algunos demonios, pero practicaron un mestizaje bastante humanitario con los indios prácticamente ausente en la América Protestante. Todo ello bajo la atenta mirada y recomendación del clero católico (recordemos a Bartolomé de Las Casas). Mestizaje que, a veces positivamente, a veces negativamente, se contempla actualmente desde México a Chile.
Pero sigo con Estados Unidos. Las famosas y usadas siglas WASP (White, Anglo-Saxon and Protestant) deja bien a las claras como eran quienes cortaban el bacalao en las colonias norteamericanas. No puede ser un gran modelo de perfección idílica protestante, cuando la esclavitud de los negros pervivió hasta 1865 y los afroamericanos no alcanzaron plenos derechos civiles hasta las revueltas sociales de hace apenas 50 años; increíble. Siguiendo con los protestantes, también se opusieron a la llegada de católicos, principalmente irlandeses, como puede verse en Gangs of New York (basada en hechos reales) , y las luchas en las ciudades se sucedieron durante décadas y décadas. Por no hablar de la situación en el Far West. No, no todo fue idílico entre los protestantes de EEUU. Fue un mundo violento, racista y de gatillo fácil.
¿EEUU país reformado? A trozos. ¿Perfección y modelo? Bueno, si se cree en la supremacía de la raza blanca sobre las demás, se considera uno con derecho a todo y odias a los papistas romanos, sí. Por suerte los Estados Unidos no sólo lo han formado luteranos, calvinistas y demás ralea.


En cuanto a la evolución histórica (aunque yo ya haya ido dando brochazos de Historia, no lo puedo remediar) el autor, presa de la más elemental y hereje Leyenda Negra, impropia de un español, no duda en posicionarse al lado de los enemigos de España durante siglos. Incluso, moteja a Felipe II de "gran destructor de la grandeza española". Desde luego la política de los sucesivos reyes nos fue mandando al garete, pero decir esa patraña lo considero exagerado.
España se fue hundiendo en gran parte por su culpa, desde luego. Como también echaron una mano los amigos protestantes, con ingleses y holandeses a la cabeza, por tierra y mar (por suerte el hombre aún no volaba, si no hubiera sido también por aire) y con malas artes muy típicamente herejes. España, defensora en Trento de Roma, se veía a veces lamentablemente traicionada por ella o por otros entes católicos como Francia, Portugal y Venecia. Era el pez gordo y había que pescarlo como fuera. Pero esa también es otra historia.


Desde luego, en este retrato idealizado del protestantismo no podía faltar la habitual comparación entre la negra Inquisición española y las restantes. Entre la furibunda violencia católica y el pacifismo reformado.
¿Pacifismo reformado? Ja. Parece olvidar (mejor no querer mencionar) algunos ejemplos.
Como el de Reino Unido. Los miles de católicos ejecutados durante la separación de Inglaterra y Roma con Enrique VIII. Política continuada en el breve reinado de su hijo Eduardo VI, con conversiones forzosas y quema de católicos y anabaptistas. Su sucesora, la católica María Tudor , ciertamente no supuso la tranquilidad e igualmente empleó la represión, ahora hacia el lado contrario. Quedó para la historia como Bloody Mary. La siguiente reina, su medio hermana Isabel I, tampoco apaciguó los ánimos y continuó la Reforma en Inglaterra, reanimando el furor anticatólico, con ahorcamientos, despedazamientos, destripamientos o lapidaciones. Varios centenares de ejecuciones cada año. Más sangre. Bonitas escenas, no dignas de una película con Cate Blanchett dando discursitos enfundada en armadura. Más adelante tenemos a Oliver Cromwell, muy alabado por nuestro historiador. Cromwell, puritano, es presentado como un adalid de la libertad, cuando fue un dictador militar que suprimió el Parlamento y entre otras buenas acciones, culminó la colonización de Irlanda y masacró a irlandeses y católicos, llegándose a plantear los historiadores si las cifras de estas acciones bélicas eran las normales para la forma de guerra de la época o se excedieron, como sólo se pasan de la raya en ocasiones los ingleses. Un santo desde luego no fue. La isla esmeralda quedó muy trastocada. Expropiadas sus tierras y aniquilados buena parte de los católicos, las acciones de Cromwell son reconocidas por personajes posteriores como Churchill como uno de los motivos de los irlandeses para rechazar a Inglaterra. El sentimiento nacionalista irlandés surgió para siempre.

En Alemania, aparte de las acciones de la Inquisición Luterana, que también hubo, y muy al germano modo, tenemos el furor antisemita del mismo Martín Lutero, quien hablaba así: "Pero, ¿qué sucederá si finalmente incendiamos las sinagogas de los judíos y les prohibimos que alaben públicamente a Dios, que recen, enseñen, y pronuncien el nombre de Dios? Seguirán haciéndolo en secreto (...) debemos lavarnos las manos de la blasfemia judía y expulsarlos de nuestra patria." (Sobre los judíos y sus mentiras, 1543) . Así que menos achacar el ansisemitismo únicamente a los católicos, poniendo una vez más el ejemplo de la expulsión de los judíos en 1492 de España, como hace el susodicho historiador. Antisemitismo ha habido siempre, desde luego, y por desgracia. Siempre se le han buscado las cosquillas al judío usurero, rico y avaro, una miserable raza culpable de la muerte de Jesucristo y de las desgracias de los cristianos. En las diversas partes de lo que por entonces era Alemania se fueron expulsando sucesivamente a lo largo del siglo XVI. En Inglaterra se había procedido a echarlos en el lejano año de 1290, y en Francia, en sucesivos mandatos en el siglo XIV.

En cuanto a los Países Bajos y Flandes, la influencia de la Reforma se unió al conglomerado existente en estas zonas, con unas de parte de la Monarquía Hispánica y otras, independentistas. En algunas ciudades anteriormente católicas como Amberes o Gante se procedió, con furor protestante, a romper imágenes en las iglesias.

De nuevo en la pacífica Suiza, tenemos al amable personaje de Juan Calvino, líder primigenio de los simpáticos calvinistas, una de las sectas protestantes más tristes y deprimentes de la historia. Fue Calvino quien llevó a la hoguera a Miguel Servet , teólogo y científico español descubridor de la circulación pulmonar, en Ginebra (1553). Bien es cierto que Servet era un reformado, y que estaba perseguido por católicos y protestantes, pero fueron los calvinistas quienes acabaron con él, por hereje. Fue todo un escándalo en Europa, aunque Calvino siempre se mostró orgulloso de su hazaña. Y éste es sólo el ejemplo más famoso. Vaya, resulta que no sólo hubo Torquemadas en España.

Siguiendo con las comparaciones históricas, en autor relaciona el absolutismo con el catolicismo, excluyendo al protestantismo de tal hecho, alabándolo como "resistente a la tiranía". Hombre, reyes absolutistas ha habido unos cuantos, y no pocos, pero querer presentar como monarcas dictatoriales únicamente a los apostólicos romanos es meter un poco la gamba. Un par de ejemplos valen, aparte del ya mencionado "Lord Protector" Cromwell:
En la misma Francia tenemos a un notorio hugonote, Enrique IV de Francia (el de "París bien vale una misa") quien se convirtió al catolicismo someramente sólo para subir al trono. Fue un rey popular y consiguió suavizar las Guerras de Religión, pero lo cierto es que fue el iniciador del absolutismo en Francia (dejó de convocar los Estados Generales, una especie de Parlamento, entre otras decisiones despóticas y reforzadoras del poder regio) . Su asesinato por un fanático católico en 1610 acrecentó su leyenda entre los franceses.
Y en Inglaterra, al archiconocido Enrique VIII, de quien no hace falta decir mucho más. Un rey quien lo mismo se quitaba de enmedio a esposas que a colaboradores cercanos, o a católicos obstinados. Tomás Moro era ambas cosas.
Hablando de Inglaterra, se puede relacionar a esta nación con otras fuertemente protestantes, como los países escandinavos, los cuales en la actualidad siguen manteniendo a sus reyes como monarcas y líderes religiosos a la vez, como la reina Isabel II, quien es "Suprema Gobernadora de la Iglesia Anglicana", como los reyes de Dinamarca o Noruega, luteranos éstos. Muy libertario no parece. Y siempre se ha criticado, y con razón en ciertas ocasiones, la opulencia del Vaticano, pero lo cierto es que estos reyes-jefes de Iglesia, ni son pobres ni están en la cima de una iglesia de misioneros.
Por cierto que en Escandinavia la conversión al luteranismo del pueblo fue forzosa, por mandato real, en el siglo XVI. Y en Alemania, uno de los lugares donde más pervivió el feudalismo, como en Prusia, y ya en el siglo XIX, tenemos como otro ejemplo las escasas libertades que el protestante Bismarck dio a los católicos alemanes.

En fin. Desde luego he ido leyendo pacientemente todas sus entregas, y no he encontrado una sola razón para apoyar el protestantismo decididamente y renegar del catolicismo. Es decir, de decidirse por la Reforma como bien supremo, libertario y positivo para España. El catolicismo ha tenido y tiene sus claroscuros, como todo. Puede que más aspectos negativos que positivos, quién sabe. Y, algo tampoco desdeñable, verdaderamente el Papa no ha sido siempre un amigo de España; en ocasiones estuvo temeroso de tanto poderío territorial y económico hispano, siendo España "martillo de herejes, luz de Trento, espada de Roma" (en arcaicas palabras de Menéndez Pelayo) , tristemente ha sido injustamente tratada por el sucesor de Pedro y su tinglao montado de forma oscura por las Donaciones de Constantino en el centro de la península itálica. Claroscuros. Como también ha tenido luces y sombras el protestantismo, algo que tampoco reconoce este autor.
La única diferencia que vislumbro entre países católicos y protestantes es en la religiosidad. En el mundo católico es más visible e importante en la vida de los ciudadanos, en ocasiones demasiado notorio. En el protestante, queda más soterrado, como más laico, por así decirlo, aunque tenga su importancia. Aunque desde luego leyendo el lema In god we trust de los estadounidenses te desconcierta un tanto. Pero sí, debemos reconocerlo: en los países católicos se da una religiosidad más festiva, más espectacular, menos discreta. Especialmente si hablamos de la mayor parte de España y del centro y sur de Italia.

Este autor, decepcionantemente, se ha posicionado decididamente no sólo en favor de la Reforma, además, en favor de la Leyenda Negra alentada desde los tiempos de Felipe II contra España. Ejemplos hay cientos . Aborrecer de la cultura española desde Trento en comparación contra la "superior" protestante es dejarse en el tintero a innumerables autores como Quevedo, Calderón de la Barca, Feijóo o Jovellanos, por no volver a Cervantes, y sólo estoy mencionando literatos. Decir que no hubo "Ilustración católica" pero sí "Ilustración protestante" es sectarismo. Y criticar la acción de los españoles en América, sin decir palabra alguna de los ingleses, franceses y estadounidenses en el mismo continente, es ser un falsario. Tampoco dice palabra alguna sobre el esclavismo de negros (practicado por todas las naciones, pero muy notoriamente por ingleses) y las resistencias de los ilustrados ingleses a suprimir la esclavitud. Hay que ser falsario. Y un afectado, un acomplejado contaminado por la Leyenda Negra. Atentos a estas insólitas palabras del muy gabacho Charles de Gaulle, y comparémoslas con nosotros, los españoles:

"Si los franceses hubiéramos tenido la dicha y la gloria

de haber descubierto, colonizado y evangelizado

el Nuevo Mundo, creando el mestizaje, creando pueblos,

fundando ciudades y universidades, ¿qué no diríamos?"


Creo sinceramente que se debe a la modestia de nosotros, los españoles. Modestia que en multitud de ocasiones deriva en serio acomplejamiento influido por lo políticamente correcto; es decir, lo correcto para la inmensa mayoría de las naciones, es incorrecto para la nuestra.
Yo desde luego, siendo laico y defensor de la laicidad, por poco o nada católico que sea (o sí. Me encanta Roma y todo lo que representa. También me gusta la imaginería católica, el barroco y las iglesias recargadas. Más mundanamente, en deportes, sigo desde siempre al Celtic de Glasgow, todo un símbolo del catolicismo en Gran Bretaña), por poco o nada católico que sea, como digo, y pese a los muchos defectos existentes en los países católicos, no voy a alabar demasiado al protestantismo, por mucho que lo critique positivamente y me gusten aspectos de la cultura de sus países y su idiosincrasia. Reconozco mi gusto y admiración por países como Alemania, Noruega, Islandia e Inglaterra. Inglaterra, de nuevo. Soy muy inglés para algunas cosas y en ocasiones me encantaría ser uno de ellos, como he dicho unas cuantas veces.
Por otra parte, y no sé si tendrá algo que ver el tema expuesto hoy, desde siempre me han gustado Irlanda, Italia, Austria y el land alemán de Baviera. ¿Qué tienen en común? Su tradición católica, la cual acerca más a España a estos países y regiones que los protestantes-reformados. Mi adoración y simpatía sincera por los dos primeros, Irlanda e Italia, viene de muchos años atrás, y sin duda da para otra entrada. Dejémoslo en que me gustan casi tanto como mi país y sin duda me sentiría más cómodo en ellos que en los protestantes. Aunque debo reconocer que sí envidio algunos aspectos de países reformados o con mayorías protestantes, como el del civismo, la educación, la limpieza de calles y espacios públicos, la tendencia a la discreción...características inexistentes o aisladas en España o en Italia. Pero sin duda me encantan tanto el país transalpino como el de Irlanda. No en vano, tengo antepasados italianos. Y estaría feliz allí. En mi idealizada Grecia también, desde luego; pero por su mediterraneidad, como dije en verano. Volviendo a los protestantes, no puedo ni quiero alabarlos demasiado ni anhelarlos.

Más que nada, y aunque los habitantes y dirigentes actuales no tengan culpa alguna, por todo lo que representan y han representado en la historia de España, en su acoso y derribo y en su caída progresiva desde 1517, por lo menos. Piratas, corsarios, guerras, revueltas, concilios y alianzas de herejes, el protestantismo nos ha hecho mucho más mal que bien. Bien es cierto que el catolicismo no es la panacea y tiene buena parte de culpa en nuestro endémico retraso. Pero no toda, claro está. Aquí todos tenemos algo que ver, si bien es cierto lo de que buena parte de la Iglesia ha estado siempre de parte del poder. Pero actitudes como la de este autor, ensalzando al protestantismo frente al malvado papismo romano, como si estuviéramos aún en el siglo XVI, están bastante fuera de lugar y mucha gente se ha dado cuenta.

Y posicionarse a favor de los protestantes en la historia desde 1500, y entre otras cosas tildar de gandules a tus compatriotas, con todo lo que ha caído desde siempre, es una enorme falta de respeto para España, su historia y su pueblo. Yo creo eso. Uno es como es. Cuando incluso es consciente del error, pero sigue obstinado en su defensa, porque forma parte de él en cierto modo y no hay otra cosa. Es lo que hay. Realismo y fatalismo. Y orgulloso de su pasado, de su historia y de su idiosincrasia, para lo bueno y para lo malo.

14.2.12

6 meses

Hace justamente 6 meses mi vida cambió por completo. Para bien, para muy bien.

Un regalo inesperado y el mejor que he recibido nunca.

6 meses indescriptibles, maravillosos.

Parece ayer cuando te estaba viendo por primera vez en Puerta Purchena...

Te me antojas igual, del mismo modo, envuelta en el aura luminosa de los sueños realizados.

¿Música de fondo? Ninguna. Los latidos del corazón.

Allí estabas...

Toda tú resplandeciente.

Toda tú insuperable, inmarcesible, intocable.

Y siempre serás tú.

Muchas gracias, mi amor.

7.2.12

Los Simpson, o esa serie que dejó de ser genial hace mucho tiempo

Día tras día, cuando comiendo o antes de comer se pone inevitablemente la tele, las opciones son las noticias o cierta serie de dibujos animados. Así ha ocurrido desde hace bastantes años, con la creciente protesta paterna. Tantos años, desde la infancia tardía (no ví la serie en sus inicios en España, cuando la echaban en la 2 y por la noche; tengo vagos recuerdos de ello. La empecé a ver más tarde, ya en Antena 3) y la adolescencia, amenizando muchos ratos divertidos. El hábito se fue convirtiendo en una especie de rito y su contemplación era inexcusable. Ver esa serie inolvidable era algo indisoluble de la comida.
Porque de verdad es inolvidable. Esta serie genial y mítica de dibujos animados no es otra que Los Simpson, por supuesto.

Desde luego yo no voy a decir nada nuevo, porque es una serie de enorme éxito, muy conocida por todo el mundo y cuyos capítulos han sido repetidos realmente hasta la saciedad (aunque desde luego yo no me harto nunca de ver un buen número de episodios digamos "clásicos" de Los Simpson). Todo el mundo sabe algo, aunque sea mínimamente, de la serie. Muchos seguidores tienen memorizados capítulos enteros y/o momentos en concreto, y forman parte del imaginario colectivo de niños, adolescentes e incluso adultos. Así que hoy hablaré de su manifiesta decadencia, la cual dura ya bastantes años y amenaza con engullir al pasado de la serie y relegarla de su posición como serie imprescindible y mítica.

Los Simpson, creados por un joven dibujante llamado Matt Groening y estrenados por primera vez en forma de cortos en 1987, alcanzaron su forma y características definitivas mediante la colaboración de Groening con Sam Simon y James Brooks dos años después. Ellos tres crearon Los Simpson tal y como los conocemos. En origen, era una serie satírica, irreverente, con un estilo feo (los personajes tienen la piel amarillenta y ojos grandes y saltones) y desmañado, especialmente en los primeros episodios de finales de los años ochenta y principios de los noventa. Una serie para adultos, verdaderamente. Muchos personajes fuman, otros son alcohólicos e incluso algunos se drogan. También hay ludópatas y unos cuantos son directamente criminales. Un niño la puede ver, pero se le escaparán infinidad de cosas, unas directamente no entenderá y a otras no les verá la gracia. Pero realmente se puede reír con ella. Un adulto, además de reírse con los gags, comprenderá el sentido de muchas frases, comentarios, chistes y múltiples referencias, tanto televisivas, sociales, musicales, literarias, cinematográficas o históricas. El conjunto de todo eso supone una sátira, a veces más brutal que otras ocasiones, una crítica a EEUU , su política y su sociedad  extendible a Occidente en general.

Los capítulos, muy bien planteados y elaborados, tenían además en ocasiones una moraleja en su final. Además de hacerte reír, y hacerte pensar, te enseñaba, te alteraba o incluso te tocaba la fibra sensible. En este sentido se parece a la otra gran serie de su creador, Matt Groening, Futurama; unos dibujos tanto o más mordaces y brutales que Los Simpson, pero con eventuales detalles emocionales, en ocasiones verdaderamente tristes. Es el caso de la historia del perro de Fry que le esperó en la calle hasta la muerte, ya que su amo nunca volvió de su trabajo como pizzero; se había caído en el congelador de donde ya sólo saldría en el lejano futuro. La escena del pobre animal envejeciendo bajo las inclemencias del tiempo, con una desgarradora canción, I will wait for you, cantada por Connie Francis, sonando de fondo, y esperándolo inquebrantablemente hasta morir, me emocionó tanto en su momento que no he querido volver a ver jamás ese capítulo. Me emocioné más aún de lo normal porque tenía el recuerdo de la muerte de mi primera perrilla (mi Nisa) bien reciente, y las lágrimas fueron por ella fundamentalmente, aunque también por el pobre chucho callejero; pero desde luego la fuerza de las imágenes, de la música y la tragedia a contar en ese capítulo son desgraciadamente increíbles en cuanto a tristeza y tragedia para una serie infantil/de adolescentes, incluso para quien no haya tenido nunca perro. Para más inri, Fry piensa , tras analizarse los huesos y calcular la vida del perro en 15 años, que tuvo una vida larga e independiente de él (tenía sólo 3 cuando Fry desapareció). Lloré como una magdalena.

En eso se diferencian (o diferenciaban, si hablamos de la serie de Homer) Futurama y Los Simpson de otras series rivales como Padre de Familia: en ésta última es simple sátira brutal, violenta y descarnada, buscando simplemente hacer reír (o escandalizar) con irreales y surrealistas situaciones y bromas de mal gusto; nunca emocionar o aleccionar. Cada serie es un mundo y tiene su característica y evolución. Cada una es respetable en su concepción , y Padre de Familia es genial en muchos de sus aspectos; Los Simpson en principio eran en principio más inteligentes y emotivos, lo que ocurre es que se han ido banalizando y ha perdido todo su encanto y humanidad, intentando con escaso o nulo éxito (para mí) parecerse a la serie de Peter Griffin y compañía. Curioso, porque es el de "Family Guy" un producto surgido gracias a la creación de Matt Groening, pero que ha acabado influenciando a la misma.

Pero antes de su actual decadencia (digo actual aunque la decadencia comenzó hace ya bastantes años, hacia el 2000. Yo diría que la última gran temporada fue la 9, y estamos hablando del año 1998. Parezco uno de los frikis satirizados en uno de los capítulos acerca de la serie de Rasca y Pica, pero es verdad. La novena fue la última gran temporada, con buenísimos capítulos como La ciudad de Nueva York contra Homer Simpson, La familia Cartridge, El saxo de Lisa, Lisa, la escéptica (el del "ángel" en la excavación) , el de Mojo, el mono de Homer, El director y el pillo (Skinner suplantando la identidad de otro héroe de Vietnam, el verdadero profesor Skinner), Bart feriante, La alegría de la secta, Das Bus, La última tentación de Krusty (cuando el payaso se vende por dinero. Inolvidable "Canyonero") o El rey de la montaña. No sigo porque haría una entrada infinita sobre todos aquellos capítulos inolvidables e imprescindibles, pero lo repito: la 9 es la última gran temporada. La 10 contiene muy buenos capítulos, aunque aquí ya se empieza a otorgar más importancia al dibujo y se comienza a perder encanto, al igual que la 11. Más o menos como la 12. Sigue habiendo algún buen capítulo, pero ya no es lo mismo. Ya durante la 13 y a partir de ella comienza la inexorable decadencia, cada vez más acentuada y haciéndose muy pronunciada a partir de la 16-17. Los dibujos han ganado en estilismo, limpieza y calidad en imagen. Los trazos de los personajes están muy bien definidos, la casa tiene mil detalles nunca vistos, así como los alrededores de la casa (ahora descubrimos que el jardín de los Simpson linda con un bosque con animales y ríos, por ejemplo (?) . Todo ello fundamentalmente gracias al ordenador y los adelantos tecnológicos, pero han perdido toda su gracia, encanto, gancho, humanidad y poder satírico. Así hasta llegar a la actual temporada, ya la 23 creo. Que se dice pronto. Las últimas 10 temporadas son realmente malas (si se es un fiel seguidor de la serie como tal, entendiéndola , queriéndola y todo lo que significa), malas a rabiar. La primera temporada era realmente más simple y sosa, además de muy pobre en imagen y con muchos personajes sin definir, pero a partir de la segunda comienzan los buenos capítulos, acentuándose éstos en sesiones sucesivas. Así, la "Edad de Oro" o "etapa clásica" como me gusta denominarla, quedaría comprendida entre la temporada 2 y la 10-11. Siendo puristas y estrictos, hasta la 9.

Por tanto, y esto me duele, las temporadas "malas" y capítulos peores superan en número, ya y desde hace unos años, a los muy buenos, los geniales y los excelentes. Las razones de la decadencia se han intentado explicar desde el agotamiento de la fórmula al desentendimiento del propio Groening (hace años que los otros productores y guionistas son otros distintos a los de los primeros tiempos, o a quienes se les fue yendo la cabeza, como Mike Scully o Al Jean, entre otros. La serie ha tenido más de 50 guionistas, por lo visto), quien según algunos se ha dedicado desde entonces a vivir de las millonarias rentas de su célebre criatura. Puede ser. Todo tiene su fin. Y también que los tiempos son otros. Yo pienso que la actualidad y los inmediatos años precedentes no se pueden comparar con los de 1990, 1991, 1993 o 1996. El mundo era otro. En fin. Groening haría bien en finiquitar de una vez su maravillosa creación, antes de seguir desprestigiándola indirectamente a pasos agigantados, y cuando ni la exitosa pero mediocre película sirve de nada (desde luego se hizo en el peor momento posible para los verdaderos fans). Ya es hora.

Ahora, y siempre según mi humilde opinión, expondré las que a mi juicio son las características de la "fase decadente" de Los Simpson:

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Predominio del humor "físico" sobre el "hablado". La serie siempre se ha caracterizado por una combinación de ambos, pero ganaba el segundo sobre el primero. Los chistes, las sátiras y las tronchantes frases eran su fuerte. Pese a todo, hay desternillantes secuencias sobre golpes, caídas y palizas, casi siempre relacionadas con Homer, como su famosa doble caída a una garganta por el salto en monopatín. Pero se aplicaban esporádicamente en los capítulos, sin llegar a ser repetitivos. En la fase decadente, casi continuamente tenemos todo un repertorio de saltos, golpes y ostias cada vez más irreales e imposibles, pretendiendo buscar la risa fácil al estilo de Padre de Familia o Jackass. Infructuosamente, por cierto. Y las referencias y homenajes cinematográficos o televisivos eran una constante, curiosamente como en Padre de Familia, pero en Los Simpson han ido desapareciendo y cuando emergen de vez en cuando, no es con la fuerza y gracia de antaño. Siendo honestos, una parodia de Harry Potter o de Crepúsculo no puede igualarse a una de El Padrino o El Resplandor.


-Tramas cada vez más rebuscadas, vacías , y simples, y si son complejas, son directamente inverosímiles e irreales, que de todo hay. Varios ejemplos: el enésimo retorno de Bob, Marge novelista, cualquier excusa tonta para que la familia viaje por el mundo o aquel en el que Lisa comienza a resolver enigmas en un monasterio y descubre una profecía según la cual Maggie salvaría al mundo del diablo, o algo así (?). Existen toda una infinidad de capítulos que rompen con toda la historia de la serie, con su mitología y con su galería de personajes.

-Hablando de personajes, la serie siempre se caracterizó por un formidable repertorio de secundarios alrededor de la familia protagonista. Unos familiares, otros vecinos y otros habitantes de Springfield. Los famosos colaboraban esporádicamente. Pero siempre estaba toda esa galería de personajes secundarios, empezando por el abuelo Simpson o el buenazo de Ned Flanders con su beata familia al completo y siguiendo por Krusty el Payaso, el director Skinner, la sita Krabbapel, Willie el bedel, Montgomery Burns, Smithers, Apu, Paty y Selma, Troy McClure, el actor secundario Bob, Mel, el tabernero Moe, Barney, Carl, Lenny, el superintendente Chalmers, el profesor Frink, el reverendo Lovejoy, Tony el Gordo, el doctor Hibbert, Nelson Muntz , el jefe de policía Wiggum y su hijo Ralph, Otto, Kent Brockman, Milhouse, el alcalde Quimby....seguiría enumerando y enumerando personajes. Cada uno de ellos era importante y aportaba su granito de arena, tenía su personalidad y a veces era determinante en un capítulo. En las últimas temporadas (o la mitad de las temporadas de la serie, para ser más exactos) los personajes se van difuminando, se van quedando en el camino y cuando salen, si sale alguno, es para decir algo sin gracia o hacer algo sin ninguna trascendencia o completamente absurdo. En las últimas temporadas, por ejemplo, se recurre infinidad de veces a personajes tan "profundos" y "graciosos" como la vieja loca de los gatos, el texano millonario (cuyo mayor recurso es disparar con su revólver al aire, gritando) o la familia de paletos sureños con Cletus a la cabeza (las primeras veces tenía su gracia. Pronto iba a perderla) . Otros más clásicos como Monty Burns, la maldad personificada y un personaje muy poderoso en todos los sentidos, identificable con el Ciudadano Kane de Orson Welles, con J.D. Rockefeller , o con el mismísimo Lucifer, es un idiota nada acorde con lo mostrado en capítulos anteriores, o Milhouse, quien directamente se ha transformado en un niño imbécil sin gracia alguna, muy infantilizado hasta el extremo de usar el biberón e  ir en el coche con silla de bebé. El pequeño Van Houten era mucho más cándido que Bart, pero no era así. 
Por último, ¿dónde está ahora la profundidad de personajes como el mentado Burns, toda una imagen de la "cara mala" del capitalismo norteamericano, o  de Seymour Skinner, el director de colegio con traumas de Vietnam, o  de Krusty, el millonario y vicioso payaso judío (Herschel Krustofski) , o del nada honrado alcalde Quimby, paradigma del político corrupto? Nada hay ya de eso.

-Las apariciones de famosos; en la serie siempre han salido o colaborado gran multitud de personajes famosos, y también aportaban su granito de arena, a veces de forma más determinante que otras. Pero no salían "porque sí", como en las temporadas decadentes. Los famosos se suceden una y otra vez, sin venir a cuento, como relleno en tantos y tantos capítulos tanto en Springfield como los de viajes de la familia, ya sea a Brasil, Italia o Inglaterra. Salen dos segundos, dicen una chorrada y se van por donde han venido.

-Y por último, y para mí la más importante, por lo que fue el personaje: Homer es idiota-idiota. Antes era un idiota-gracioso-bonachón, muy humano. Los guionistas, o quien sea, lo han convertido en otro simple imbécil sin gracia alguna, como lobotomizado, despojado de toda simpatía, amabilidad, humanidad y humor. Nada entrañable. Una mala copia de Peter Griffin dándose ostias a cada paso, dándose ostias porque sí, sin ningún gancho. Una especie de superhombre en gordo, porque aguanta toda la violencia física posible. Y con tendencia a gritar continuamente. Un personaje rayando en lo absurdo, en la tontuna indiferencia y en la decadencia absoluta. Ya no es la sátira de modelo de hombre medio norteamericano, un padre de familia medio alcohólico y obeso, un "inútil" con corazón, y que inexplicablemente trabaja en una central nuclear como inspector de seguridad (nada menos) y saca adelante a su familia, con sus éxitos y fracasos (y que además prueba multitud de veces otros empleos, enseñándonos que hasta el más inútil en apariencia puede "triunfar" si se lo propone) . Como padre suele ser un desastre, pero nunca deja (o dejaba) de intentarlo. Y tenía infinitos detalles humanos y emotivos. Ya no hay nada de eso. Nada de nada. Nada de ese padre que, por ejemplo,  se quedaba sin aire acondicionado en casa para pagarle otras cosas a sus hijos - a ver quién no ha reconocido a su padre en ese gesto- .  Encima en España cuenta con el agravante del doblaje; el gran Carlos Revilla, con su voz entrañable, murió en el año 2000 y su sustituto nunca me gustó, al igual que a mucha gente. Es curioso, pero la decadencia de la serie va más o menos pareja con el doblaje, si vives en España. Otros grandes personajes de la serie han cambiado de doblador, como el de Burns (otra voz inolvidable, también fallecido ya), el abuelo, Otto, Smithers o Milhouse, todos ellos para mal; cuesta acostumbrarse al cambio.
Pero no sólo el gran Homer es irreconocible; su familia le imita, ya que Marge ya no es aquella ama de casa abnegada y  aparentemente insignificante pero que con su virtud soterrada era el pilar de la familia; Bart es un simple macarrilla pero a la vez muy infantilizado también, y Lisa ya no es aquella "voz de la conciencia" familiar, que escribía un diario, tocaba el saxofón e iba a contracorriente. Ahora imita en idiotez a su hermano y su padre. Y de Maggie para qué hablar. En fin.

Ya está todo dicho. Para finalizar este rollo, me quedaré con todos esos grandes momentos, inolvidables y permanentes en la memoria, que al sólo ver unos segundos de tal capítulo sabes cual es y los grandes gags y frases. Momentos graciosos, emotivos, desternillantes o más serios. Capítulos redondos. ¿Cómo olvidarse del capítulo de Homer líder sindical por el aparato dental de Lisa ("Lisa necesita un aparato. Seguro dentaaaaaal") ? ¿Del Barón de la Birra y de la Ley Seca? ¿De Homer boxeador? ¿De los Simpson y los Flanders enfrentados por el torneo de mini-golf? ¿De ese Homer ultra-gordo? ¿De Míster Quitanieves? ¿El del juego legalizado en Springfield, con Burns demente a lo Howard Hughes? ¿De Bart líder del Kampamento Krusty? ¿De la tragicomedia del monorraíl? ¿Del fraude y la quiebra de la empresa de Rasca y Pica? ¿Del autoritario padre rabino de Krusty? ¿Del enemigo de Homer, Frank Grimes, tal vez el capítulo más oscuro de toda la serie? ¿De la secta de los Canteros? ¿De Homer el Hereje? ¿ Y cuando se queda solo porque Marge se va a Rancho Relaxo? ¿Del Día del Apaleamiento? ¿De la operación a corazón abierto de Homer? ¿Bob y el Cabo del Miedo? ¿El del pony de Lisa? ¿Homer en el equipo de béisbol? ¿De la "Montaña de la Locura"? ¿Bart como heredero de Burns? ¿Y cuando Lisa se carga al héroe fundador de la ciudad, Jebediah Springfield? ¿Cuando los alemanes compran la central nuclear? ¿De Bobo, el oso de peluche de Burns? ¿Del flameado de Moe? ¿Bart contra Australia? ¿De la homofobia de Homer, con ese memorable momento en la acería gay? ¿Cuando Skinner es amenazado por la Mafia? ¿El de Quién disparó al señor Burns? ¿El del miedo a volar de Marge? ¿El de Bart el temerario, saltando precipicios en monopatín? ¿Cuando Homer es acusado de acoso sexual por una simple gominola? ¿El del crecepelo de Homer? ¿El del limonero de Troya? ¿O cuando Homer debe encontrar su alma gemela, y se suceden las imágenes oníricas, otra seña de identidad de la serie? ¿Y el de Expediente X? ¿Cuando Bart se cae a un pozo, después de engañar al pueblo entero? ¿El del alma vendida de Bart ? ¿El del pez fugu, cuando Homer se va a morir, se despide de sus hijos y en la que cree su última noche se queda dormido al aburrirse escuchando una cinta de la Biblia? ¿Todos aquellos especiales de Halloween repletos de homenajes cinematográficos y literarios, desde King Kong o El resplandor hasta los relatos de Poe o Lovecraft? ¿Las múltiples referencias musicales, con infinidad de canciones entre los capítulos o directos homenajes-parodia, como el We are the world; o históricas, por ejemplo, con Skinner golpeando con un zapato la mesa, como Nikita Kruschev en la ONU; o literarias, como Moby Dick? Las múltiples referencias y préstamos tomados y sátiras abarcan desde la cultura popular de EEUU, y la música, la historia, el cine y la televisión, e incluso pictóricas, siendo necesario muchas veces una guía o una ayuda para pillar todo lo mostrado en la serie. ¿Y todos aquellos momentos cinéfilos en capítulos de ordinario, como En Busca del Arca Perdida, Reservoir Dogs, Vértigo, Pulp Fiction, Lawrence de Arabia, 2001: Una Odisea del espacio, Ben-Hur, El golpe, La chaqueta metálica, Dos hombres y un destino, El padrino, El planeta de los simios, Los intocables de Eliot Ness, Alguien voló sobre el nido del cuco, Terminator I y II, La naranja mecánica, Tiburón, Parque Jurásico, Los pájaros, Batman, Psicosis, etc...y todas aquellas referencias a través de Rasca y Pica, dibujos ellos mismos un trasunto de la Disney con Roger Myers padre (el fundador, congelado como Walt Disney) e hijo a la cabeza? ¿Cuando todo el pueblo se mete en el refugio de Flanders ante la caída del cometa Bart, echándolo, y luego salen cantando a acompañar al compasivo vecino? ¿Esos momentos donde el perro de la familia da verdadera lástima?

¿Cómo olvidarse de escenas emotivas, como la de Bart y Lisa enfrentados a muerte en un partido de hockey, cuando tiran los sticks al acordarse de los múltiples momentos compartidos desde su nacimiento? ¿O ese momento cuando Homer es abandonado por su madre y éste se queda mirando las estrellas? ¿Esos momentos románticos, entre tantos, como el de Homer llevando en brazos a Marge por la central mientras escuchamos el tema de Oficial y Caballero, o como otro final de capítulo con Homer y Marge en bicicleta bajo un atardecer, tras haber suavizado aquel su adicción al alcohol, mientras tararean otra música inolvidable de película? ¿O todos aquellos capítulos que nos cuentan su noviazgo, con música y look retro , y los primeros años juntos y nacimiento de sus hijos, con los consiguientes disgustos de Homer, pérdida de cabello incluida? ¿Y cuando Homer renuncia al dinero de Burns por la felicidad de su hija? . Luego Maggie le da el oso a Burns, al verlo triste, dando otra lección, por lo que la familia al final se queda sin oso y sin dinero, tragicómicamente. ¿O ese tierno final de capítulo, cuando Homer acuesta a su hija pequeña en la cuna, se despide y la niña pronuncia su primera palabra, "Papi", a solas? ¿O ese momento con esas fotos de Maggie descubriendo la leyenda "Hazlo por ella" (Do it for her) puestas sobre la siniestra placa (Don´t forget: you´re here forever) colocada por Burns y que le recuerda a Homer la rutina inexcusable de cada día en la central nuclear? . Cientos de momentos inolvidables...

Muchas gracias por todo, Groening and company.

1.2.12

Una de españoles (entrada del 14 de abril de 2010)

Hoy quería actualizar, pero como a la vez carecía del tiempo necesario y la inspiración y ganas oportunas, el respetable público me permitirá un "copiar y pegar" de una de mis propias entradas, mi cuarta, para ser más exactos, el 14 de abril de 2010, cuando comenzaba en esto de los blogs. Pese al tiempo transcurrido, es básicamente "más de lo mismo" en cuanto a mis temas recurrentes, casi una obsesión se podría decir. Pero no me cansa, por supuesto. Me encanta y me divierte, aunque me entristece un poco. Además es algo oportuno, porque por una parte me he acordado de esto al ver lo del "Gibraltar español" del actual ministro de exteriores español a su homólogo británico, y por otra, el otro día hablé de series y películas de diversas nacionalidades, y las sutiles diferencias entre países. Desde luego los ingleses no van a hacer una versión fílmica o para televisión de este hecho (bueno, no lo descartemos, pero es bien dudoso). No van a contratar de nuevo a un Rhys Meyers, o a colocar a Clive Owen como gallardo corsario pegándose chapuzones entre galeones o trayendo objetos de las Indias como si fuera el primero de la historia, o a Cate Blanchett interpretando a una Isabel de Inglaterra con pretendidos sentimientos por el pueblo y humanidad, además de vestir armadura a lo Juana de Arco, montada a caballo esperando a los morenísimos españoles de Felipe II, quienes más que ir sobre navíos parece que iban sobre iglesias -católicas, por supuesto- flotantes. No. Pero por suerte la Historia permanece más que las películas, y está ahí para recordárnoslo, siempre. Libros y artículos hay de este tema, e ingleses incluso, pero desde luego no están en la estantería de sus grandes hazañas, sino en el cajón de sus deshonrosas derrotas. Ahí va, de nuevo:




Sí, una de españoles. Con una historia tan rica como la nuestra,(pero marcada por lo tendencioso y lo políticamente correcto) no son muy conocidos episodios tales como el que voy a relatar ahora.

1588 es un año glorioso para los hijos de la Gran Bretaña. Los ingleses,(aunque lo correcto se supone que es "británicos" para no excluir a escoceses y galeses leales), un pueblo al que por otra parte admiro y me resulta bastante interesante, son muy dados a ocultar, a callarse, a mirar para otro lado cuando la Historia no les resulta favorable, cuando salen perdiendo, caricaturizados o de malos. Es bien conocido el silencio que hubo en la época y continuó en años venideros, con el desastre de Vernon frente a Cartagena de Indias, bravamente defendida por el guipuzcoano Blas de Lezo, en 1741, las vagas hipótesis que se deslizan para explicar el desastre de Balaclava en 1855, o sus actuaciones en la guerra de las Trece Colonias entre 1776 y 1783 , con Tarleton (quien sirvió de inspiración para el memorable Tavington de El patriota), entre otros, a la cabeza. Los españoles somos mucho peores hombre, quemajudíos, mataindios y mediomoros. Pero ahora no trataré de eso,contaré un relato menos conocido aún que lo de Lezo y Vernon. Como decía, 1588 es un buen año para recordar en Inglaterra, ya que supuso el fracaso de la invasión de la isla por parte de la España de Felipe II, motivada esta intervención por la ejecución de la reina católica escocesa María Estuardo en 1587, amén del apoyo que los ingleses prestaban a los enemigos de la Monarquía Hispánica como los rebeldes holandeses o los partidarios del pretendiente Don Antonio al trono de Portugal, anexionado en 1580 por el Rey Prudente, y de las acciones de corsarios (también ingleses, carallo) que constantemente atacaban los galeones provenientes de América, apoderándose del cargamento, cuando no se echaban sobre territorio español como el ataque de Drake a Cádiz en 1587. Ese fracaso de la "Armada Invencible" (Grande y Felicísima Armada se llamó en su tiempo) de la cual supimos tiempo después que, ni fue escandalosa derrota de España, ni supuso el fin absoluto de su poderío en el mar, ni, como pomposamente dicen los británicos, supuso una vez más un ejemplo de la gran tradición defensiva inglesa desde la invasión normanda del siglo XI, según la cual ningún otro invasor ha hollado tierra anglosajona. Nuestros amigos británicos no dicen toda la verdad, ya que, y ya hablo de lo que decía antes, 7 años después de la Armada, en 1595, se produjo un curioso hecho del cual los ingleses no quieren hablar.
En julio de ese año, el militar Juan del Águila y Arellano (1545-1602) ya un veterano que se había recorrido casi toda Europa guerreando, decidió emprender una expedición punitiva contra Inglaterra. Esta expedición fue encomendada a Carlos de Amésquita (o Amezqueta) un marino probablemente vasco, quien, comandando tres compañías de arcabuceros (400 hombres), y llevándolos en cuatro galeras (Capitana, Patrona, Peregrina y Bazana) desde Blavet,Francia, hasta recalar en la Bahía de Mounts, Cornualles, en agosto. Pues bien, las "invencibles" milicias inglesas de varios miles de hombres no hicieron cosa mejor que tirar las armas y salir corriendo atemorizados. En escasos dos días las tropas españolas tomaron, saquearon y quedaron satisfechos, además de quemar las localidades de Mousehole, Paul, Newlyn y Penzance, y de desmontar la artillería de los fuertes ingleses y embarcarlos en sus navíos. Para despedirse, celebraron una misa católica -con dos cojones- ((nota de 1 de febrero de 2012: me desternillo imaginándome esa escena, con los soldados y marinos españoles, sucios y dispuestos, pero muy serios y tal vez tranquilos en el acto de la misa, ante las evidentes miradas atónitas y temerosas de los lugareños ingleses)) , jurando que construirían una iglesia después de que Inglaterra hubiera sido derrotada (estamos en la Guerra Hispano-Inglesa de 1585-1604), subieron a los barcos de nuevo, no sin antes tirar a los prisioneros por la borda, y zarparon. En aguas del Canal de la Mancha se encontraron con una flota de guerra dirigida por Hawkins y Drake, a la cual lograron esquivar. Pero el 5 de agosto dieron con una escuadra holandesa de 46 barcos; el encuentro fue inevitable, pero consiguieron escapar, hundiéndoles a los herejes dos buques, y perdiendo 20 hombres (las únicas bajas de la campaña). El día 10 arribaron de nuevo, victoriosos, a Blavet.Éste no fue el único hecho victorioso de españoles frente a ingleses, aunque el final de la Guerra seguiría otros derroteros. Este episodio es bastante poco conocido para nosotros mismos los españoles, y sólo cuando alguien se dedica a la Historia o gusta de leer más de la cuenta, puede tener conocimiento de éste y otros muchos hechos. No todo iba a ser Leyenda Negra, claro.

Ya se puede ver, cómo el orgulloso león inglés no reconoce la realidad de los hechos. Ingleses ingleses...

28.1.12

Miscelánea (VI)

- Ya ha pasado más de una semana, pero aún sigo lleno de gozo. Ya era hora. Lo necesitaba. Ahora, a seguir por el buen camino y a empezar algo de lo mío de una vez por todas.

- Hace una semana precisamente andaba yo por Granada, y tampoco se ha ido de mi mente, como tantas otras veces. Difícil cosa. Verdaderamente soy alguien inquieto porque, a pesar de estar contento y tranquilo en Almería, he de reconocer sus limitaciones. Yo siempre la defenderé y nunca renegaré de mis orígenes, pero es cierto aquello de que si te gustan los museos, los monumentos, la historia, la vida bullendo por las calles, la variedad, cosas que ver...en fin, se te puede quedar pequeña. Granada sería perfecta para vivir porque además está cerca de Almería. Es una capital, pero a un nivel superior respecto a ella. Un nivel intermedio, prácticamente de capital de comunidad autónoma y más aún que otras capitales , pero sin llegar a la altura de las tres o cuatro grandes ciudades del país. Y ni siquiera Valencia y aun Barcelona pueden competir con Madrid. Es la capital de España y con todo lo que ello conlleva, bueno y malo. Pero es la capital. Allí está el pulso de la nación y siempre hay algo que ver o hacer en cualquiera de los grandes edificios o reconocibles espacios urbanos. Me encantaría vivir allí, lo reconozco. Pero de momento sigo siendo un provinciano. Y a mucha honra.

- Sherlock, la serie inglesa (cómo no) estrenada por Antena 3 hace unas semanas -aunque ya la programaban en otras cadenas privadas- es toda una agradable sorpresa. La primera temporada consta sólo de tres capítulos, si bien son capítulos de 90 minutos. Me ha sorprendido muy favorablemente, a mí, un purista, y más si hablamos de libros e historia. Y encima si es una de mis lecturas predilectas -tengo todas las aventuras y casos de Sherlock Holmes-. Películas y series del detective ha habido cientos, aunque es ésta una adaptación diferente, ya que está ambientada en la rabiosa actualidad y por tanto hemos de olvidarnos de bombines, levitas (aunque el protagonista de la serie lleve un largo abrigo negro), calesas (aunque la pareja va siempre en taxi, los carros de caballos de nuestra época), lentos y puntuales trenes y neblina victoriana. Pero, y esto constituye su mayor atractivo, han sabido transladar el espíritu de los personajes y los libros de Conan Doyle a nuestra época. Eran así. Holmes es frío, irritante, egocéntrico, misógino, antisocial, drogadicto y con una capacidad sobrehumana para la deducción aunque por ejemplo no tenga idea alguna de temas comunes para la gente de a pie. Tiene vista de lince y da sus explicaciones aceleradamente y sin que apenas pilles algo, y sólo cuando piensas más lentamente caes en la cuenta. Watson, algo más mayor que Sherlock, es un médico herido en Afganistán (en la actualidad y en los libros) con ciertos traumas de la guerra, pero tranquilo, más humano, despistado y mujeriego, y a la vez narrador de las aventuras de su nuevo compañero de piso, del cual Arthur Conan Doyle era sólo una especie de transcriptor de las memorias. En la serie Watson tiene un blog donde los va relatando, con las habituales críticas de Holmes. Luego están los secundarios, como el algo inútil inspector Lestrade, quien se exaspera con los métodos de Sherlock, aunque va reconociendo los méritos del "detective no oficial", para nada respetado por el cuerpo de policía londinense; o la señora Hudson, la simpática, afable y paciente propietaria de la casa de los protagonistas en el 221B de Baker Street. También el estirado y cargante hermano de Sherlock, Mycroft, o el maléfico genio del crimen, Moriarty. La serie está llena de referencias a las páginas de papel, y, pese a los detalles actuales como los sms por teléfono móvil (¿acaso no son una especie de telegramas?) e internet, tiene mucho más del espíritu de los libros de Conan Doyle que las últimas y exitosas entregas en largometraje protagonizadas por Robert Downey Jr. y Jude Law y dirigidas por Guy Ritchie, por ejemplo. Son películas innegablemente espectaculares y entretenidas, pero demasiado ruidosas y explosivas, por tanto alejadas de los casos de Sherlock, complicados enigmas más basados en la deducción y en la investigación soterrada, sesuda, silenciosa e invisible, que en el artificio y la pelea, aunque haya casos holmesianos que requieran esfuerzo físico y unos cuantos balazos. En cuanto a la serie, lo dicho. Todos los aspectos, desde las magníficas interpretaciones de los actores, sobre todo de la pareja principal, un buen guión con atrayentes tramas, una serie adulta y dramática pero con toques de humor (con bromas alusivas a la homosexualidad de la pareja, incluso) y hasta la música, con el pegadizo tema principal. Sí. Una estupenda revisitación desde la actualidad del clásico.

- Este lunes estrenan por fin Isabel, la esperada serie sobre los Reyes Católicos, centrada supongo desde la perspectiva de Isabel I de Castilla. Dada la edad de los actores elegidos, empezarán por los primeros y difíciles años del reinado y su boda (se casaron con apenas 18 años, antes de ser reyes, en 1469) y de ahí en adelante, al estilo de Los Tudor (por cierto el anuncio promocional es calcado a la de esta serie) y su lozano Jonathan Rhys Meyers, quien encarnó a Enrique VIII desde los 18 años hasta su muerte con 55 sin prácticamente cambios físicos. Únicamente en los últimos cuatro o cinco capítulos le pusieron la barba canosa, maquillaje de arrugas y una voz más cascada. Algo acelerado porque Enrique parecía más un Dorian Gray eternamente joven. Pero dejemos Los Tudor, pues ya hablé sobradamente bien de ella en su momento. Volvamos a Isabel. Le daré un "voto de confianza", a riesgo de equivocarme por completo, pero se lo daré. Es española y como tal cuenta con ciertos inconvenientes y taras, como el presupuesto, las interpretaciones de los actores, la endeblez de la historia a contar y el guión y una enorme tendencia hacia lo políticamente correcto (con solo un vistazo a las fotos promocionales me percaté de que en Isabel habían quitado el yugo y las flechas al emblema de los Reyes, entre otras cosas) , pero que a su vez deriva en una querencia por mostrar desnudos dignos del destape sin venir a cuento (véase Toledo). La verdad es que para mí, siendo de La Primera, tiene más fiabilidad que otras cadenas. A ver lo que sale. Pido mucho, pero sería estupendo que estuviera más cerca de Los Tudor o Los Borgia que de la susodicha Toledo, de Hispania (con personajes de nombres tan "íberos" como Paulo, Sandro o Alejo ¿Ein?) , de Eboli o de Águila Roja. La irrepetible época de los Reyes Católicos puede dar para una extraordinaria serie que dé a conocer mejor toda esa historia al público en general. O para un bodrio contemporáneo que sea suprimido al tercer capítulo o que, como las aventuras del español del siglo XVII que viaja a Japón como quien va a Mallorca y vuelve hecho todo un ninja (los cristianos eran martirizados en las islas niponas en esa época, pero eso poco le importa a nuestros simpáticos amigos del "te va a caer la del pulpo" y del escote hasta el ombligo). En fin. No soy tan excesivamente purista del rigor histórico, puesto que Los Tudor no siempre eran rigurosos, por ejemplo, y Braveheart es una de mis películas favoritas. Pero una cierta relajación en el rigor puede compensarse por la profundidad de personajes o calidad del guión, además de despertar interés por la historia, que desemboque en la curiosidad por la Historia, con mayúsculas. Veremos.

23.1.12

Granada, por todo el mundo nombrada


Hace pocos días escribía aquí sobre la toma de Granada, el fin de la Reconquista y las manifestaciones de una pequeña parte de la sociedad. Todo ello con el "¿Qu´es de tí, desconsolado?" de Juan del Encina de fondo:

"¡O Granada noblecida,
por todo el mundo nombrada!..."

Pues bien, este fin de semana he podido disfrutar de las maravillas y bondades de tan famosa ciudad; ¿qué voy a decir yo de Granada?

Evidentemente, no es lo mismo dejar Granada a la fuerza y prácticamente en soledad, como Boabdil, que acudir a ella con todas las ganas del mundo y la mejor de las compañías.
Hace pocas horas he llegado de ella, y uno tiene aún la sensación del frenesí y de los ríos de vida y de gente, de los acusados contrastes, de la innegable variedad y multiculturalidad y de la imperecedera belleza de la urbe, plácidamente abrigada además bajo las majestuosas alturas de Sierra Nevada.

Mi M. y yo llegamos en tren, desde luego. En tren se contemplan bastantes aspectos del paisaje que se escapan por otros medios de transporte. Subiendo desde Almería, como digo, se recorre el feraz y estrecho valle del Andarax, verdadero oasis entre las yermas tierras de la provincia, y se alcanzan las tierras altas de la misma, entre los picos nevados de los Filabres (blancos éstos a veces) y de Sierra Nevada (blancos siempre, cómo no). Ya dije en otra ocasión que en las estaciones y apeaderos de esta zona, como Fiñana, tengo la sensación de estar en un spaghetti western, con la típica escena de bajarse del tren y que te arrojen la maleta. Una vez en la provincia granadina se otea el castillo de La Calahorra, todo un búnker renacentista en medio de la estepa del Marquesado de Zenete, y se llega al polvoriento pueblo de Guadix (digo polvoriento no por criticar, sino porque de pequeño siempre me pareció así....y así se ha quedado para mí) y sus curiosas casas-cueva, aún habitadas la mayoría e incluso rehabilitadas otras.

Tras dejar estas frías y desoladas tierras, siempre con la enorme mole de la sierra muy presente, se llega por fin a la Vega de Granada, auténtica orgía vegetal y de agua, y poco a poco llegas a la ciudad misma. La ciudad soñada.

Granada, merecedora verdaderamente de la capitalidad de la "Andalucía Oriental", es decir, las provincias de Granada, Jaén y Almería, esa región no oficial pero muy palpable dentro de Andalucía (más bien debería estar fuera de ella, para no rendir pleitesía a Sevilla) , forma parte de las maravillas de nuestro país. Ha sido prácticamente desde siempre un destino turístico de primer nivel, ya desde la Edad Moderna y especialmente a partir del Romanticismo del siglo XIX (los franceses tienen infinidad de frases y citas sobre ella, desde Chateaubriand a Dumas pasando por Hugo, Merimée o Bizet) . Además, el desarrollo de los deportes de invierno en Sierra Nevada en la segunda mitad del siglo XX acrecentó aún más el turismo (aunque los granadinos ya esquiaban en los años 20). Pero hablábamos de la maravilla de Granada. Acaso es la ciudad más bella de España; para no ser tan tajantes y excluyentes incluyámosla entre unas tres. Entre esas tres, que no voy a decir cuáles son, no está para mí Sevilla, la tan publicitada y aclamada Sevilla. Desde luego soy muy anti-sevillano, pero Granada le gana por goleada. Sí.

La ciudad cumple sobradamente mis requisitos de ciudad casi perfecta y adorada para vivir, a saber: exagerada carga de historia, probada monumentalidad, cierto pulso humano (yo llamo pulso a las ciudades con gentío para todo. No es que me guste demasiado el gentío, pero da alegría en ocasiones), calles estrechas y empinadas, naturaleza latente y un clima fresco, o por lo menos con inviernos largos y fríos. Desde luego en Granada hace bastante calor en verano, y la playa no queda muy cerca, pero eso de llevar abrigo, bufanda y guantes y respirar aire helado me encanta.

Granada, siendo más pequeña que Murcia, por ejemplo, tiene más vida. Ambas son ciudades universitarias, pero la población estudiantil posee mayor carga en la primera. No ya sólo por tradición (se fundó en 1531) sino además porque el polo turístico que ha sido Granada desde siempre ha supuesto en los últimos años una venida en masa de los Erasmus. Así, si ya de por sí la ciudad tenía probado ambiente fiestero universitario, últimamente se ha incrementado aún más. Ése es para mí uno de los aspectos negativos de Granada. Vas a ella buscando monumentos, historia e imágenes inolvidables, y parece que si no estás con una caña en la mano y tomando tapas, o de cubateo, no disfrutas de la ciudad. Es una estúpida sensación y para nada es la mía, pero yo no soy de ésos que acuden a ella como en peregrinación a sus famosas discotecas o sus bulliciosas y aturdidoras zonas de tapeo. Tal vez hubo una época en mi vida que sí me hubiera gustado eso -aunque yo nunca he dejado de ser un amante de la historia y de los monumentos, y a Granada siempre la he tenido muy presente- pero ese tiempo ya pasó. Así que fui a ella con mi novia, buscando momentos únicos, estampas inmortales, intimista tranquilidad y preciosos paseos.

Y vaya con los paseos. Mi imagen favorita de la ciudad, sin despreciar a otras, es la de la Plaza Nueva en adelante, pasando por la Chancillería, adentrándote en la diminuta carrera del Darro (Sinceramente considero que hay muy pocas calles, prácticamente ninguna, más bonita; no sólo la calle en sí, también el entorno y la naturaleza) , con la iglesia de Santa Ana y San Gil al lado, el murmullo y el frescor del río que brota helado de la montaña, la hojarasca y el verdor alrededor de él, las preciosas y viejas casitas, el melancólico Paseo de los Tristes (para nada melancólico ni triste esta vez) y los farallones y tajos de la colina de la Alhambra sobre él. La perenne y majestuosa Alhambra, protegida por la inmensidad blanca de Sierra Nevada.
Realmente no sabes qué estampa de la Alhambra es la mejor, si desde el Darro, ascendiendo por la empinada cuesta desde la Plaza Nueva entre fríos y alegres arroyos, desde ella misma, desde el mirador de San Nicolás en el Albayzín o desde tu corazón. Así de simple.

Pero sería injusto reducir Granada sólo a la Alhambra. De todas formas no hace falta que lo diga yo. Resulta sobrecogedora la inmensidad de la catedral de Granada, primera renacentista de España, una mole inmensa (te sientes realmente diminuto a su lado) testigo del poder de la Iglesia a lo largo de la historia. Historia que se puede prácticamente oler en la vecina Capilla Real, donde están enterrados los Reyes Católicos, la desgraciada Juana la Loca y su marido Felipe el Hermoso, además del infante Miguel, primogénito de la hija mayor de los Reyes, Isabel (de haber sobrevivido, este futuro rey hubiera unido las coronas de España y Portugal y se hubieran alejado los Habsburgo. Pero ni él ni su madre vivieron lo suficiente). Son impresionantes y sobrios los sepulcros reales, de blanco impoluto y belleza contenida renacentista. Una vez desciendes las escaleras debajo de las esculturas, te encuentras con algo que no recordaba yo de mi visita a los 8 años de edad: los estrechos ataúdes de plomo que contienen los regios restos. Impresiona, la verdad. Yo los contemplo con cierto sentimiento, porque admiro sobremanera sus figuras, sus logros y su época. Resulta irónico que compartan el mismo lugar para el descanso eterno Fernando el Católico (de quien por cierto se cumplen hoy justamente 496 años de su muerte) y Felipe el Hermoso, con lo que se odiaron e incomodaron mutuamente. Con todo, el corazón del yerno flamenco reposa en Bélgica.
La Capilla Real es un lugar único y bello, si se puede llamar bello a un lugar de muerte y que acoge a muertos. Pero está cargado de historia y simbolismo. Los propios monarcas quisieron ser enterrados allí, en vez del ya preparado de San Juan de los Reyes en Toledo, por la importancia y la trascendencia de la toma de Granada y de la conclusión de la Reconquista. Desde luego hoy día, con el maniqueísmo existente, no se dejaría edificar con tanta proliferación de águilas de San Juan y yugos y flechas (todas de su época, ojo) , que campean sobriamente en las paredes y esquinas, tanto dentro como fuera del edificio.

Desde luego se nota la importancia de la figura conjunta de mis admirados Reyes Católicos y de su época en la ciudad, empezando por el escudo, siguiendo por los edificios religiosos y continuando por los nombres de calles y plazas, o incluso en las rejas y puertas. Y la preponderancia de su nieto, mi reverenciado Carlos I, no es desdeñable; su enorme palacio (cuadrado por fuera, redondo perfecto por dentro) sobre la Alhambra, construido a raíz de su luna de miel en Andalucía , el cual nunca utilizó, resulta inseparable del conjunto nazarí; por aquí y por allá hay emblemas y recordatorios suyos, y la fundación de su universidad vino por iniciativa suya; el águila bicéfala de su escudo de armas constituye el símbolo de la misma, mal que le pese a la importante comunidad perroflaútica de Granada.

Sí, es verdaderamente importante este dato. En la ciudad resulta notoria la abundancia de alternativos, hippies, pseudo-hippies con i-phone, tipos raros, bohemios, buscavidas y demás gente de esa calaña, que junto a los erasmus y a los inmigrantes (especialmente musulmanes) le dan a Granada un marcado carácter multicultural, demasiado "alternativo" para mi gusto. Hay mucha variedad y mucha gente. Naturales, foráneos y visitantes. No incluyo a los que por tomarse un té perfumado en la calle Elvira ya se creen que están adentrándose en la cultura musulmana y van de árabes, pero desde luego hay de todo, verdaderamente muchísimo. Los kebabs por ejemplo, son diferentes y deliciosos, cual quiera que sea el país de origen de este alimento. Desde luego el servido en la Plaza Nueva por un moro simpático y rechoncho, con modales de buen anfitrión, estaba estupendo. A mi M. le encantó. En otras zonas, según sople el viento de tal o cual sitio, el aroma a maría es bien notorio. Tanto que empiezas a pensar que la floresta de la colina de la Alhambra tiene esas plantas.

Pero Granada es muy contradictoria. De tan apabullante y vigorosa te aturde en ocasiones, pero si te lo tomas con calma te das cuenta de la variedad de postales. Si recorres el Albayzín o el Realejo, con sus calles empinadas hasta la exageración, sus callejones escalerados y sus casas blancas u ocres y antiguas, unido al olor a romero y tomillo, parece que estás en un pueblo alpujarreño. Sin embargo, sólo unos metros más abajo el bullicio de la Gran Vía, de Reyes Católicos, de Elvira o de Recogidas te devuelve al mundanal ruido. Desde San Nicolás contemplas la Alhambra y el Albayzín, y un poquito más allá la Catedral. Todo muy antiguo y recoleto, de otra época. Pero extiendes la vista y la neblina del resto de la ciudad y de la Vega, y vuelves a la populosa y desmañada urbe del presente. ¿Y con qué Granada te quedas? ¿Con la tradicional y católica, de ultrarrecargadas iglesias barrocas, adoradas Vírgenes populares y Cristos con exvotos incluidos? ¿Con la alternativa-estudiantil-bohemia, de porro, litrona y graffiti? ¿Con la burguesa del ensanche, de amplias avenidas y señoriales edificios decimonónicos? ¿Con los paseos matutinos, con los del atardecer o con los nocturnos? ¿Con la musulmana de teterías, cachimbas y restaurantes? ¿Con la caótica de turistas venidos de cualquier parte del globo? ¿Con la cristiana que tiene ecos y memoria de 1492? ¿Con la de caña y tapa a 1.50 o 2 euros? ¿Con la gitanesca del Sacromonte y de mujeres en la puerta de la Catedral pidiéndote la mano para leértela, con muy malas mañas?

No sé. Son muchas y casi todas recomendables. Me quedaré sólo con algunas, desde luego. Pero muy adentro en el corazón, como siempre. Granada, desde pequeño, la he tenido en mente y como tal, un tanto idealizada, aunque sea un lugar poco necesitado de idealización. No era mi primera visita. Pero ha sido con ésta, la tercera, cuando más he disfrutado. No sólo por el recorrido de la ciudad (con mi orientación y un plano en la mano soy el más feliz del mundo), además por la compañía; no sólo la novia, además, mis primos. Pero especialmente mi M.; sin ella no hubiera sido lo mismo. Me acompaña en mi implacable recorrido, me sigue el paso y descubrimos juntos lugares inesperados. Entre otras muchas cosas, claro. Dos días pueden dar para mucho. Todos aquellos inolvidables e indelebles momentos vividos en Granada estarán ahí por siempre.

Apenas te he abandonado y ya quiero regresar a tí. O Granada noblecida/ por todo el mundo nombrada. Ay. Volveré...


13.1.12

El libro de las maravillas

Este año los Reyes Magos de Oriente han tenido a bien mimarme inmerecidamente una vez más y, a instancias de mi amor M., me han concedido un nuevo capricho. El buque insignia de mi biblioteca. Un libro de maravillas.

Tal buque, joya de la corona o reliquia, como quieras llamarlo, no es un libro cualquiera. Mide casi 26 centímetros de ancho por 37 de largo, y por su grosor y el peso de sus más de quinientas páginas (que parece llevase todas las ciudades allí dentro, como dijo mi padre) no es un librito de bolsillo.
Así, para goce infinito y silenciosa erudición e interés, tengo en mis manos (mejor entre mis brazos, o sobre mis piernas) Cities of the World (ed. Taschen), una excelente reedición de la colección de grabados, planos urbanos y vistas panorámicas de 450 ciudades de Europa, principalmente, y Asia, África y América, en mucha menor medida. Una magna obra de alemanes, evidentemente; realizada por el cartógrafo Franz Hogenberg (1535-1590) y comentada por el teólogo Georg Braun (1541-1622), editor además. Y no en tres días, en 45 años nada menos (1572-1617) y con la colaboración de otros expertos, se pudo terminar esta Civitates Orbis Terrarum.

Sólo, creo yo, si amas tanto la geografía, la historia, la cultura, el paisaje, entre otras cosas y te mueve ese espíritu viajero y propenso a imaginarse ciudades y lugares en otros tiempos por desgracia innacesibles, puedes llegar a adorar este libro tanto como yo. Yo he sido muy geógrafo desde pequeño, y mis mayores "horas muertas" son con mapas y atlas ante mí. Recorriendo. Imaginando. Memorizando. Maravillándome. Como me maravillo que mi M. transiga con mis peculiares gustos (si bien más baratos y no más caros que otros más tecnológicos, por ejemplo) y me entienda, extraordinariamente.

De entrada, los años comprendidos entre el comienzo y la finalización de la obra te retrotraen a esa Europa maravillosa a caballo entre el Renacimiento-Manierismo y el Barroco, un continente en ebullición con una Monarquía Hispánica aún cortando el bacalao, con un Felipe II que no era emperador formalmente pero podía serlo de facto, y además se convertía en rey de Portugal en 1580. Con una Francia ensangrentada con sus guerras de religión (bah, pero ellos no son oscuros. Lo que parece Mordor en las películas es Castilla). Con la zona del actual Benelux bastante alterada, previa a la guerra de su independencia. Con una Italia como siempre, es decir fraccionada y cada región por un lado, pero resplandeciente en cuanto a la belleza de sus monumentos y ciudades; vamos, como siempre. En cuanto a lo que era Alemania entonces, estaba también bastante dividida, y era un conglomerado de ducados, principados, margraviatos y reyezuelos, con los católicos por un lado y varios grupos de protestantes por otro. E Inglaterra por su parte, estaba conociendo una época bastante esplendorosa bajo el reinado de Isabel I, La Reina Virgen ("la zorra pelirroja" como la llama Pérez Reverte), con sus leales piratas y corsarios haciendo el trabajo sucio y lucrándose a base de asaltos a galeones. Qué caballerosos son siempre, los lords de la Gran Bretaña. Del resto de Europa poco más cabe decir, aparte de gran parte de Europa del Este bajo la invasión o la amenaza del turco por un lado, y de la misteriosa presencia rusa, lejana y fría como su clima, por otro.
Como decía, la obra se da por finalizada en 1617. Es decir, un año antes de comenzar la terrible Guerra de los Treinta Años, la cual finiquitaría imperios, auparía a otros y arrasaría buena parte del continente hasta 1648 y aún después. A los desastres de la guerra y de enfermedades como la peste, que no fue exclusiva de la Edad Media, súmale un cambio climático que enfrió buena parte del continente, echó a perder numerosas cosechas y provocó numerosas mortandades. Sí, los cambios climáticos ya existían, aunque no quieran reconocerlo los ecologistas y quienes van de ecologistas. Por tanto podría considerarse la época de realización del Civitates como irrepetible.

Así, si te ha gustado tanto la geografía, las vistas panorámicas y los monumentos, además del paisaje y el campo, disfrutarás en silencio (a veces en voz alta) contemplando cómo era Londres cuando Westminster quedaba alejada de la ciudad como un arrabal y sólo había un puente sobre el río, la preciosidad de multitud de ciudades alemanas dignas de cuento de Disney -qué digo Disney. No en vano los hermanos Grimm eran germanos- como Lübeck, Nüremberg (Nuremberga), Arnsberg, Augsburgo (Augusta Vindelicorum), Soest, Passau, Frankenberg o Regensburg (Ratisbona, donde nació don Juan de Austria). Y otras maravillosas como Lieja (Leodium) , Saintes, Innsbruck (Enipontus), Sion, Namur o Saint-Gallen. En París se distingue perfectamente la catedral de Notre-Dame. O el formidable puerto de Génova, repleto de galeras y trirremes y con su famoso faro de 80 metros (la Lanterna) oteando el horizonte. Españolas también hay, por supuesto, destacando preciosas vistas como Toledo (Toletum, con su Alcázar y su Catedral sobre el caserío. Una de las pocas que sigue hoy como antaño), Santander (cuatro casas y un muelle en esa época), Loja (Loxa), Bilbao (Bilvao), Cádiz, Granada (Granata) , Valladolid (Vallisoletum), o Sevilla, todavía Hispalis para algunos. En una de las cinco vistas de Sevilla, por cierto, podemos contemplar una especie de anfiteatro ruinoso, cruzando el río, titulado sencillamente Seuilla la vieja. Se tratan de las ruinas romanas de Itálica. También puedes imaginarte como eran las ciudades donde guerreaban los españoles en Flandes, poblaciones rodeadas de fosos y repletas de canales, con fuertes y bastiones en apariencia innacesibles, como Amberes, Gouda o Mons. Luego, las ciudades de Italia son otro mundo, empezando por la titánica Roma post-Miguel Ángel, un puzzle de ruinas antiguas, palacios renacentistas y cardenalicios e iglesias, con gente poco recomendable, pero Roma, caput mundi al fin y al cabo. O la preciosa y etérea Nápoles de la época, poco parecida a la actual. O la Serenísima Venecia, prácticamente igual en la actualidad. O la coqueta Corfú de los venecianos, donde uno reconoce la ciudadela donde hoy está el casco antiguo. Las impresionantes y preciosas Mantua , Tívoli o Serravalle. Hay notorias ausencias, como Atenas, Berlín o Madrid, algo en parte comprensible dado que en esa época eran aún insignificantes. Pero sí está El Escorial, por ejemplo. Luego, otras más esquemáticas y menos fidedignas (aunque algunas son muy parecidas) principalmente por la lejanía o las vicisitudes del momento, como Moscú, Alejandría, El Cairo (donde se ven tres pirámides y la esfinge, diminuta, cerca del Nilo) , la Jerusalén celestial con tres cruces en el monte del Calvario incluido, Calicut y sus maharajás o una vista de Tenochtitlán-México bastante similar al que debieron contemplar Cortés y sus hombres en 1519.

Y no todo se reduce a simples y preciosistas vistas de las ciudades del orbe. Otro de los mayores atractivos de la obra es todo lo que se incluye en cada grabado. Además de textos introductorios o comentarios en latín, los cuales a poco que se entienda mínimamente un poco la lengua romana se comprenden, informando a veces de la gastronomía o la bebida del lugar incluso; además de textos, como digo, y de habituales listas numeradas sobre edificios importantes, se incluyen más grabados, por ejemplo de los trajes típicos de la ciudad reseñada; de los procedimientos contra los delincuentes, como la acogedora escena de bienvenida con los ahorcados de Sankt Polten, Austria; de las verdades de la convivencia entre religiones, de uno y de otro lado, como el jinete polaco con esclavo turco de Gýor, Hungría , o los cuidadosos empalamientos de cristianos por los invasores turcos en Pápa, también Hungría (en Hungría, desde luego, ni dos, ni tres culturas ni mamarrachadas de ésas tampoco. Bien lo saben); también hay escenas más agradables y costumbristas, al estilo de los moscovitas y lituanos recorriendo con trineos los ríos helados, o como en uno de los grabados de Cádiz, donde podemos ver la pesca del atún en almadraba, como aún se sigue haciendo en nuestros días. Ya se acosaba y se pinchaba al pescao en el siglo XVI, aunque por entonces no estaban aún los japoneses pagando millonadas por pieza.

Podría seguir escribiendo sobre las maravillas de esta obra inmortal y tan interesante desde varios puntos de vista y diversos enfoques. Uno se siente verdaderamente feliz, recorriendo con la vista y trasladándose con la mente a tan variados emplazamientos. Pasando cada pesada página, desde un sillón o una mesa se puede viajar en el tiempo y el espacio, desde Moscú a Cuzco pasando por Vilna, Praga y Lisboa, desde Goa a Constantinopla, desde Mombasa a Edimburgo. Contemplando las ciudades y pueblos sobre una colina o un alto del camino, como el viajero de aquellos tiempos. Viéndolas ensimismadas, hechas en madera y piedra, humeantes y bullendo de vida. Todo ello en una época preindustrial, cuando el ecosistema aún respiraba tranquilo, el ambiente no olía a gasolina, los bosques llegaban a las mismas puertas de las ciudades y el agua no era un bien escaso. Eso es lo único que puedo lamentar, además de no poder viajar realmente a esos tiempos y esos lugares.

Pero este libro prácticamente lo hace. Una maravilla en papel.

5.1.12

¿Qu´es de tí, desconsolado?

¿Qu´es de ti, desconsolado?
¿Qu´es de ti, rey de Granada?
¿Qu´es de tu tierra y tus moros?
¿Dónde tienes tu morada?
Reniega ya de Mahoma
y de su seta malvada,
que bivir en tal locura
es una burla burlada.
Torna, tórnate, buen rey,
a nuestra ley consagrada,
porque si perdiste el reyno
tengas ellalma cobrada;
de tales reyes vencido
onrra te deve ser dada.
¡O Granada noblecida,
por todo el mundo nombrada!,
hasta aquí fueste cattiva
y agora ya libertada.
Perdióte el rey don Rodrigo
por su dicha desdichada;
ganóte el rey don Fernando
con ventura prosperada,
la reyna doña Ysabel
, la más temida y amada,
ella con sus oraciones
y él con mucha gente armada.
Según Dios haze sus hechos
la defensa era escusada,
que donde Él pone su mano
lo impossible es quasi nada.
(en castellano de la época)

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Así versa esta conocida y hermosa cantata titulada tal y como se llama ésta entrada de hoy. Su autor es Juan del Encina (1468-1529) , prolífico poeta-músico castellano, verdaderamente un trovador, quien compuso un respetable número de romances, cantatas, villancicos y églogas. Vivió en una época para mí especialmente irrepetible, a caballo entre el siglo XV y el XVI, y entre otros acontecimientos, claro está, conoció el fin de la Reconquista y el Descubrimiento de América. Precisamente a la toma de Granada está dedicada la mencionada y bella composición (por cierto ahí va un enlace: http://www.youtube.com/watch?v=EjwEEhIWY-U ). Para mí es verdaderamen te preciosa, con ese aura de romance renacentista tan agradable, y con sólo escucharla unos segundos te traslada a esa época irrepetible. Por momentos pareces estar contemplando la entrega de las llaves de Granada, alguna escena palaciega, los cortesanos bailando madrigales o una misa en la catedral. Una composición que ha sobrevivido a lo largo de los siglos, y en nuestra época se ha usado incluso en largometrajes, anuncios y promociones, como en el Cuarto Centenario de El Quijote en 2005.

El desconsolado de la canción no es otro sino Muhammad XII, Boabdil el Chico para los castellanos y último rey nazarí (y por ende, musulmán) de Granada. Dejando de lado la conocida leyenda sin confirmar del "llora como mujer lo que no supiste defender como hombre" supuestamente espetado por Isabel de Castilla, al granadino le cupo la gloria y la desgracia a la vez al pasar a la historia como último monarca musulmán de España, acabando los españoles (castellanos y aragoneses, desde luego. Ésto es importante) con 781 años de presencia islámica en la Península, culminando la Reconquista.

Reconquista que los de siempre se empeñan en criticarla y vilipendiarla ("insidiosa" la motejó un periodista histórico de "El País". Español, sí) con notable mala uva, incultura y pobreza de espíritu. Ya escribí una vez sobre la posibilidad de que los musulmanes no hubieran conseguido ser expulsados de nuestro país, tal y como planteaba el suplemento de "El Mundo". Esos juegos de historia ficción plantean muchas posibilidades. Yo desde luego no envidio en absoluto una posible resistencia histórica de los musulmanes en España, con la consiguiente evolución en nación islámica. Para nada. Y admiro profundamente a los españoles que tomaron ciudades y comarcas y avanzaron hacia el sur, no siempre con la mejor de las fortunas. Y me encanta la Reconquista. Sí señor. Entre otras cosas porque, y entre otros acontecimientos históricos, somos como somos, y vivimos cómo vivimos gracias a ella.

Y ello desde unos planteamientos moderados; siendo honesto, la misma legitimidad tenían los árabes invasores en 711 para quedarse en la Península, que los visigodos llegados a la misma 300 años antes. Prácticamente la misma. Debe reconocerse la inmensa cantidad de movimientos, invasiones y migraciones de las razas y pueblos del planeta desde los mismos comienzos de la historia de la humanidad. No creo que exista prácticamente ningún pueblo que haya vivido en el mismo sitio desde su nacimiento. Tenemos en Europa el caso de Inglaterra, un país hecho a base de invasiones, primero romanos y celtas, luego anglos, jutos, sajones y demás pueblos bárbaros, luego normandos...y a su vez Albión más tarde aportaría su granito de arena en la formación de los Estados Unidos, verdadera nación de emigrantes.

En cuanto a Hispania en 711, podían darse en principio los supuestos para convertirse en un bastión del imparable avance musulmán desde Arabia pasando por África. Los bárbaros habían invadido la Península en varias oleadas desde el 410 aprovechando que Roma ni estaba, ni se le esperaba. Finalmente son los visigodos, unos setenta años después, quienes se acaban imponiendo sobre otros pueblos y tribus, si bien pervivieron algunos como los suevos (en Galicia) durante algún tiempo. Ahora comienza la España visigoda, periodo en el cual los bárbaros llegaron a asimilarse con los hispanorromanos, llegando a convertirse al catolicismo desde su cristiano-arrianismo (Conversión de Recaredo, 589). Yo no considero, como Sánchez Albornoz y otros, que España surgiese como nación en ese momento, y que en 711 fuera un ente de fuerte concepción nacional. No se daban unos supuestos tan definitivos. Pero sí pienso que ese componente de catolicismo, unido al sustrato hispanorromano (consecuencia de siglos de profunda romanización) y ahora godo, le dio una mayor fortaleza que otros pueblos invadidos en otros momentos de la historia. Ahí radica, considero firme y humildemente, la diferencia de la legitimidad entre hispanogodos y musulmanes.

Como también pienso, al deducirlo de lecturas y estudios, que no debía ser fácil establecer un reino musulmán cruzando el Mediterráneo, en otro continente distinto a Asia y África, esa Europa que aún no era Europa y que muy pronto iba a ser llamada Cristiandad. Con ese nombre tan rotundo y definitorio iba a existir siglos y siglos. Un continente muy romanizado en parte y fuertemente cristianizado. Bien es cierto que en Numidia o Libia había habido presencia romana e importantes componentes cristianos y luego bárbaros, pero ya fuera por menor resistencia u otras circunstancias, el Magreb cayó para siempre en la zona de influencia musulmana, para su desgracia (sólo hay que contemplar el posterior devenir histórico de esa zona y compararla con Europa, especialmente a partir del siglo XVIII).

En cuanto a la Reconquista en sí, no voy a explayarme más porque no era éste el asunto. Sin duda, en ella tuvo buena importancia el Camino de Santiago, por ejemplo, verdadero revitalizador económico del norte de España, unido a los diferentes acontecimientos políticos e históricos y a la multitud de reyes de muy diversos reinos y confesiones, todo lo cual da para un buen número de entradas. Dejémoslo que me conozco.

Volviendo a la toma de Granada, el 2 de enero de cumplieron 520 años de los hechos. Un hecho enormemente festejado en su época, no ya sólo por los propios castellanos, sino además también por el resto de la Cristiandad, un tanto decaída por la conquista de Constantinopla por los turcos en 1453, y por tanto de la pérdida del Asia Menor y Grecia. El Islam era un peligro muy real y cercano, y desde luego bien se vio a partir de 1492, tanto en el Mediterráneo como en el este de Europa, con los turcos llegando varias veces a las puertas de ciudades como Viena. A nivel hispánico, se culminaba como todo el mundo sabe con la Reconquista borrosamente comenzada en aquella mítica escaramuza de Covadonga en 718, y más nítidamente continuada a partir del siglo XI, con la expansión de Castilla y la reconquista de poblaciones importantes como Toledo en 1085. Castilla por un lado y Aragón por otro, e incluso expandiéndose por el Mediterráneo, fueron ganándole terreno al Islam. Aquí no voy a entrar tampoco en las conveniencias y los intereses más o menos políticos o más o menos patriótico-nacionales que motivaron la unión dinástica con el matrimonio de Fernando e Isabel, pero ello también forma parte de nuestra historia. Quién sabe lo que hubiera pasado si no se llega a producir tal unión. Con todo, el 2 de enero de 1492, los dos reinos de España, Castilla y Aragón, correligionarios, habían restaurado la unidad de 711.

Volvemos a 2011. Volvemos a los de siempre. Estas cosas son las que me dejan desconsolado de verdad. Como cada 2 de enero y desde hace más de treinta años, unos grupúsculos o bandas de gente, españoles (andalusíes, supongo, para ellos mismos) intentan reventar la conmemoración de la toma de Granada. ¿El motivo? Celebrar la fecha de la capitulación de la ciudad, para ellos una exaltación del cristianismo y del fascismo español y una ofensa para las otras religiones, especialmente la musulmana. Poco importa que el acto en sí no tenga mucho más desarrollo aparte de una ceremonia en la soberbia Capilla Real de la Catedral de Granada, en la cual se ondea el pendón de Castilla, se aclaman los nombres de Isabel y Fernando, los Reyes Católicos, y toque una banda de música. Tal exhibición de odio medieval y fascista (al fin y al cabo los Reyes Católicos tenían como símbolo el yugo y las flechas, como sabemos inventado por Franco) contra Al-Andalus y los musulmanes debe ser extirpado de raíz de la actual sociedad granadina y española, piensan estos grupitos. Amparados y con el pretexto de la libertad de expresión, que como sabemos da patente de corso para todo, exhiben sin vergüenza (me refiero a que pueden decir lo que quieran, pero lo dicen sin la vergüenza que a mí me daría falsear tanto la historia) un odio al país que es el suyo y les da de comer, entre otros nimios asuntos. Cada 2 de enero pues, tenemos manifa de pancartitas y declaraciones.

Unas dos docenas de andalucistas trasnochados, los de la bandera de Andalucía con la estrella roja, ésos, se dedican a berrear con el clásico apoyo de algún profesor arabista pasado de vueltas. Incluso no hay muchos musulmanes entre ellos, ya sea porque tienen más idea o se hacen los cómodos al ver que siempre hay sandios que dan la cara por ellos. Se dedican a despotricar contra la puta Castilla que tuvo a mal venir desde arriba y expulsar a los moros de Al-Andalus, con toda la refinada cultura existente en aquella España de entonces, que éramos el asombro del orbe, oiga. Hacíamos Alhambras, Mezquitas y Medina-azaharas, y los castellanos eran unos meapilas fachas de los cuales olíamos su sobaco y sus partes pudendas, por sucios de no lavarse, desde que venían por Toledo. ¿No?

Éstas cosas me alteran mucho, y son una de tantas que me llevan a despotricar de mi propio país y querer autoexiliarse. Esos andalucistas folklóricos tan simpáticos y sinceros. En vez de achacar el atraso de Andalucía a dos siglos de caciquismo conservador y a treinta años de socialismo reciente, lo relacionan con la "invasión" de Castilla/España. Pero ahí siguen tan agusto con sus cañitas y sus tapas, su flamenquito y su filoarabismo. Aducen y documentan incluso una supuesta genealogía con sus apellidos, declarándose descendientes de musulmanes de los tiempos de Abderramán III o Almanzor. Increíble. Como buenos progresistas de bien empapados de la Alianza de Civilizaciones y de las Tres Culturas, odian a la maldita España. Pero, con un masoquismo digno de mártires, siguen aguantando año a año y siguen viviendo en este país, muy a su pesar suyo. No se van a sus admirados países árabes (lugares que deberían conocer de primera mano) sino que permanecen con las odiadas comodidades y adelantos de la vida occidental. Estos andalucistas o andalusíes siguen intentando vender esa mítica y estereotipada imagen de la España musulmana (Al-Andalus, Al-Andalus, nada de decir "España" o "Castilla") similar a la romántica del XIX y que aún se ve en Canal Sur, por ejemplo, con las típicas postales en movimiento de la mora con cabello como el azabache esperando a su amado en un estanque aromatizado con jazmín y azahar, o el califa culto y refinado escribiendo poemas con una paloma en la mano. Cosas de ésas, ya sabéis. Como también debéis saber que prácticamente todo se lo debemos a los musulmanes (como si los musulmanes no hubieran aprovechado numerosos aspectos e infraestructura de los romanos). Yo reconozco la importancia en España de los islámicos, y uno de los motivos por los que España es tan especial y tan maravillosa es por ellos. Pero de eso a lo otro hay un trecho. Por favor.

Por eso me parece tan indecente. No sé si ignoran, o lo desconocen de verdad, o si lo saben pero tergiversan, que gracias a la toma de la ciudad ella y su pueblo están incorporadas a Occidente, con todo lo que ello significa. La civilización occidental, no es asunto baladí. Otra cosa es la crisis cultural de nuestra civilización desde hace tiempo, pero como he dicho antes, basta comparar la evolución desde 1492 de la nuestra y de la islámica y especialmente en la actualidad, para ver sutiles y notables diferencias. Yo no la envidio. Habrá gente que sí; la habrá, seguro. Hay gente pa tó, como dijo el torero. A esos andalucistas deberían darle la independencia y que siguieran el camino de Boabdil, así experimentaban la muslim way of life en alguna de sus atractivas variantes: la iraní, la sudanesa, la siria, la egipcia, la argelina, la marroquí, la afgana...ahí, con viento fresco. Quién sabe si volverían a la sucia y oscura Castilla. Aquí estaremos para acogerlos de nuevo.

31.12.11

Tempus fugit...Adiós, 2011

Tempus fugit, como dice la famosa sentencia latina. Otro año que se va rápidamente, tal cual diría un pesimista. Un nuevo año empieza y se nos presenta ante nosotros, que diría un optimista. Creo no equivocarme si digo que lo correcto es lo de que "el tiempo vuela". Ésa es una realidad innegable y alguna vez he oído que si el tiempo pasa rápido ante tí, es que eres feliz. Por tanto, si los días y los meses se arrastran lenta y desesperadamente, tienes riesgo de padecer una depresión de caballo. No sé, es posible. Para mí, aproximadamente desde 2003 o 2004, el tiempo pasa fugazmente; no sé exactamente el motivo, pero, sin despreciar los años precedentes a esa fecha, coincidentes con mi niñez y adolescencia, esta última casi década ha sido enormemente feliz en mi vida. Aunque ha habido de todo. Variada, abundante en muchas sensaciones, altibajos y gente pasando ante mí como un tiovivo o un descenso rápido de un río. El río de la vida.

Pero dejémonos de décadas y hablemos de lo estipulado hoy: de este año 2011 al cual le quedan horas. Podría llenar y llenar el hueco en blanco hablando de política y actualidad, pero para eso están los periódicos y los programas especiales de televisión. Así pues, me centraré en mis experiencias, mis vivencias personales en este año agonizante.

Un año que comenzó bastante tristemente por un mazazo en la familia, mazazo intuido y previsible y confirmado cinco meses más tarde, en ese mayo del cual ya hablé en su momento. Como ya escribí sobre ello, rehuso hacerlo de nuevo. Pero no te olvido, allá donde estés, en el lugar donde van las personas buenas.

Personas, personas y personas. Muchas personas en el río de la vida de mis más de veinticinco años. La verdad es que este año viene confirmando lo experimentado en 2010; en comparación con los años precedentes, especialmente a partir de 2005, me voy quedando más solo cada vez. Dicho sin ningún ánimo de lástima o compasión. Lo de "más solo" es una forma de hablar, desde luego. Pero la verdad es esa. Unas veces de forma voluntaria y otras veces verdaderamente involuntaria. En fin. Con todo, sigo teniendo a gente a mi lado, desde luego. Sólo me cabe desearle lo mejor a esas otras personas.
Podría decirse que estoy volviendo a la etapa de coyote o lobo estepario (por cierto, hablando de animales, este año me ha traído otra hermana perruna, ya tengo dos) si no fuera porque este 2011 contiene un importantísimo cambio en mi vida. Harían falta muchas entradas para explicar todo lo que ha supuesto este cambio provocado por esa persona maravillosa, y los sentimientos están demasiado a flor de piel como para escribir correctamente, por tanto es mejor dejarlo ahí. Dejémoslo, como ya dije, en que tengo el corazón contento y los colores para pintar el lienzo de mi vida.

Por lo demás, este 2011 ha supuesto un feliz retorno al terruño, después de 24 años; quién sabe si definitivo o no. Es pronto para decirlo. Sobre todo, porque aún no estoy dando palos al agua, para mi desgracia. Es lo único que me falta. Cuando lo esté, ya será otra cosa. En Almería soy, pese a las limitaciones de mi patria chica, enormemente feliz , pero me ha quedado un deje errante en el pensamiento y el espíritu, y mi afán viajero y de ver mundo sigue intacto. Debo aclarar esto y escribir sobre la idea de ser provinciano o no.

Digo aclarar porque, para mi asombro e incomprensión, sigue habiendo gente ávida de mis "pensamientos", sentencias, relatos y sandeces. Sigo contando con seguidores (y seguidoras. M., además de mi paisana y de mi alma cortada a la medida, es mi lectora VIP) bastante fieles y recomendables, e incluso últimamente va aumentando la parroquia. La verdad, me ruborizáis. Mil millones de gracias de nuevo. Eres/sois mi fuerza muchas veces.

Y poco más. Otro año se ha ido volando. Siento sacar la vena pesimista, pero yo soy así. He de escribir también sobre esto. Soy pesimista, pero eso no quiere decir ver las cosas siempre desde el lado negativo, con nubarrones y amargura. No. Ser pesimista, en contraposición al optimismo a veces exagerado y distorsionador de la realidad, implica ver las cosas con realismo, templanza y tranquilidad. Una tranquilidad estoica no exenta de fatalismo típicamente español , un pesimismo que considero da más regalos y premios que el optimismo, porque si las cosas salen bien, te llevas una agradable sorpresa. Considero ese pesimismo la opción más correcta. Yo no puedo ser de otra forma.

Bien, año 2011. Se acabó. Fugaz, como tus inmediatos predecesores. Muchas gracias por todo. O maldito seas, según se mire. Pero creo que tengo más cosas para agradecértelas en vez de odiarte. Hasta siempre.

Bienvenido , 2012. Eres una total y completa incógnita.

Feliz Año a todo el mundo.


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Dejadme que ponga por aquí también "Fantasia on a theme" (Fantasía sobre un tema de Thomas Tallis) del compositor inglés Ralph Vaughan Williams, una de mis melodías favoritas. Una joya de principios del siglo XX basada en la música renacentista, utilizada en varias ocasiones en largometrajes, como "Master and Commander", o series de televisión como "Los Tudor". Preciosa de verdad.

Por los que están y los que se fueron.

http://www.youtube.com/watch?v=oS8Sd8amxcU&feature=fvst